Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Poder, Más Riesgo
Eduardo García Gaspar
23 mayo 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un personaje fascinante, por muchas razones. Sin embargo, una sola cosa lo ha hecho popular.

Una de sus frases. Una idea que escribió en una carta personal a Mandell Creighton, otro escritor, obispo de Londres.

La frase hubiera permanecido oculta si no es por una mujer, la esposa de Creighton.

Publicó ella la vida y las cartas de su marido. Y quienes leyeron el libro comenzaron a citarla.

«El poder tiende a corromper; el poder absoluto corrompe absolutamente».

Su autor, Lord Acton, John Emerich Edward Acton (1832-1902), tuvo una vida que produce una lectura fascinante. Uno de esos héroes intelectuales que dedican su vida a la búsqueda de la verdad, especialmente en la historia. Eso le produjo problemas reales y de conciencia.

Esa parte de su vida es fascinante. De profunda fe católica, Acton no se sentía asustado con la verdad, pues creía que había coincidencia entre ciencia y religión; algo que lo diferenciaba tanto de muchos racionalistas como de muchos religiosos. La búsqueda de la verdad en la historia religiosa, por tanto, debía emprenderse.

«Una religión falsa teme al progreso de toda verdad; una religión verdadera busca y reconoce a la verdad», escribió.

Más, otra idea realmente notable: «La prueba de la libertad es la posición y la seguridad de las minorías».

Para Acton, la libertad es eso que debe protegerse para que cada persona «haga lo que piense que es su deber en contra de la autoridad y las mayorías, las costumbres y la opinión». En fin, una personalidad notable, ese inglés que es el más culto pero que no escribe nada, como lo calificó Creighton.

Regresemos a esa frase acerca del poder absoluto. Es realmente notable por la economía de sus palabras. Además, su redacción la hace memorable. Es posible que la recuerde y cite incluso el dotado de pocas luces. Y, lo mejor, se entiende. No es ambigua, al contrario.

Y no es algo nuevo. Es otra manera de manifestar el temor al poder. Montesquieu (1869-1755) lo expuso en Del Espíritu de Las Leyes, como su punto de partida para justificar a la división del poder político: todos los que están en una posición de poder tienen la inclinación inevitable a abusar de ese poder.

El añadido de Acton expresa la idea casi como una fórmula matemática, a más poder más abusos; a más poder más corrupción. La relación es directa entre el aumento del poder y la elevación del abuso y la corrupción, partiendo de una realidad: el poder tiende a ser abusado.

¿Cualquiera lo entiende? Al menos debería y, sin embargo, la frase es única, siendo quizá la más citada en política pero al mismo tiempo la más ignorada. ¿No me cree?

Vea la popularidad de los gobiernos grandes, poderosos, gastadores, caros, responsables de más y más cosas, lo que nos hace a los mortales víctimas seguras de abusos de poder.

El mismo Acton lo apuntó cuando criticó perspicazmente al socialismo señalando que «puede ser solo realizado por un tremendo despotismo». Es cierto.

Vea usted las condiciones necesarias para implantar al comunismo en la URSS, en China, en Cuba, en Venezuela, donde sea: es necesario cancelar libertades, anular a la división del poder, desaparecer a la oposición, imponerse por la fuerza, como con el nacional-socialismo en Alemania.

¿Quiere usted socialismo? Muy bien, pero debe aceptar que esos sistemas vienen acompañados de un incremento sustancial del poder de los gobernantes y que, por esa razón, contienen riesgos reales de abuso de poder y de corrupción. Quizá si usted logra convencer a algunos ángeles que gobiernen, el socialismo podría funcionar (e incluso así, sería dudable).

De otra manera, Lord Acton apuntó el mismo fenómeno, al señalar que cuando la religión disminuyó su influencia, como en el siglo XVI, el poder reafirmó su dominio, como había sucedido antes en la antigüedad, surgiendo «la ley del mundo moderno», la expansión sin control del poder.

Escritores como Acton son extraordinarios medios para ayudar a darnos cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor. Esas cosas que a fuerza de verlas nos parecen normales y acostumbradas, creyéndolas el bien y lo adecuado, cuando en realidad son el mal y el daño. Cuando esas cosas parecen ser el camino a la prosperidad, pero en realidad son la ruta al despeñadero.

Post Scriptum

Para esta columna me apoyé en el libro de Roland Hill, Lord Acton.

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