Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Matrimonio y Razón
Leonardo Girondella Mora
24 octubre 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La defensa del matrimonio igualitario —el de homosexuuales— recibió una defensa que merece atención, la de Denise Dresser en una columna de opinión de hace algunas semanas, «Erguidos».

Examino la columna,publicada en diversos medios en México, en lo que creo es su meollo.

Afirma ella que al pensar en ese tipo de matrimonio como revolución moral, pensaba también en «la homofobia persistente, la discriminación enraizada».

Las protestas en contra de ese matrimonio son «marchas negando derechos, marchas incitando odios, marchas mancillando la laicidad, marchas que nos deshonran como país».

Más todavía, esos son,

« Movimientos que usan como bandera la palabra “joto”, la palabra “machorra”, la palabra “antinatural”, la palabra “aberración”».

Y además, «convocan los peores demonios de la naturaleza humana en lugar de sus mejores ángeles».

A continuación, que hacen referencia a la esclavitud y otras prácticas que se erradicaron gracias a revoluciones morales. Quienes se oponen al matrimonio igualitario son asociados con ignorancia y prejuicio.

La condena a ese matrimonio,

«[…] impone es un cierto código moral emanado de interpretaciones peculiares de la Biblia y el catolicismo. Un código basado en la condena y no en el entendimiento; basado en la persecución y no en la aceptación; basado en apedrear y no en amar».

Mientras que no dudo que una parte importante del rechazo del matrimonio homosexual sea de baja ralea y apele a rechazo y sentimentalismos de odio discriminatorio —también pienso que defensas como la de esta columnista padecen del mismo defecto general de calidad reducida que incita al odio de la otra parte.

Usar el ataque al opositor sustentado en una caricaturización que facilita la crítica es un truco sin mérito argumentativo sustancial. Puede ser que el rechazo a ese matrimonio provenga del odio, pero eso no significa que todas las razones en su contra deban ser desechadas sin examen.

El mecanismo que usa la autora y muchos otras es falaz: quien está contra esas bodas incita al odio, niega derechos, es ignorante y usa prejuicios. Esta acusación no basta para descartar la oposición al dichos matrimonios, solamente sirve para intentar ganar la discusión por medio de métodos ad hominem.

Esto es lo que molesta en general dentro del tema, la baja calidad de la argumentación entre quienes acusan a los otros de lo mismo que ellos padecen, odio y prejuicio hacia el rival.

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Otra argumentación usada en la columna es la del avance y progreso

«Porque en determinado momento la sociedad piensa que hay algo profundamente deshonroso en las viejos hábitos. Mira hacia atrás y se pregunta: ¿cómo permitimos que eso pasara?»

Eso se refiere a la esclavitud, a la atadura de pies de las mujeres chinas, a la prohibición de conducción de autos a mujeres en Arabia Saudita —lo que creo que muestra ese argumento de aprobación de lo nuevo y progresista.

Sería injusto juzgar a la breve columna de Dresser por escasa amplitud de esta parte, aunque debe agregarse que la prohibición de la esclavitud tiene innegables raíces en el pensamiento cristiano.

Este argumento supone que lo nuevo, las propuestas que causan cambios son buenas por naturaleza, lo que no necesariamente es cierto —las ideas de avanzada en la URSS y China son un ejemplo de eso, de que no todo cambio debe ser implantado por el hecho de ser nuevo.

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Con lo anterior he intentado de mostrar la generalmente baja calidad de la argumentación usada por muchos de los defensores del matrimonio homosexual —igual de mala que también la utilizada por sus contrarios.

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