Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Monopolios: Una Curiosidad
Eduardo García Gaspar
27 octubre 2016
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Los monopolios son un fenómeno curioso. Al mismo tiempo y por la misma gente, son vistos como villanos pero también como héroes.

¿No me cree? Comencemos por el principio.

Tome usted a un monopolio cualquiera, digamos una empresa de telefonía. la única que da ese servicio en el país. Es propiedad de uno o varios accionistas privados. ¿Qué hará ese monopolio? Lo lógico.

Elevará los precios todo lo posible, hasta el punto en el que sus ganancias sean las mayores posibles. No le interesará mucho más que eso. No innovará, no elevará calidad, no aumentará oferta.

Ese monopolio será criticado ampliamente. La izquierda lo hará con pasión, pero también el ciudadano común. Ninguna sorpresa hay aquí, porque a esas protestas se unen las del liberal.

Pero supongamos ahora que se trata de otro monopolio cualquiera, digamos el de gasolina y combustibles; con una diferencia de propietarios: ahora no hay accionistas privados, el propietario es el gobierno. Eso es lo único que ha variado.

En esta situación la reacción cambia. Los de izquierda aplaudirán la propiedad estatal, aunque siga siendo un monopolio. El ciudadano común, imagino, tenderá a opinar favorablemente pero sin la intensidad socialista (83% se oponen a su privatización en México, según encuesta). El liberal será el único que siga reprobando al monopolio.

Esté o no en manos privadas, los monopolios tienden a aprovechar su situación de oferentes únicos elevando precios hasta donde pueden y evitando gastos e inversiones en mejoras e innovaciones. Por eso es que es en extremo llamativo que se critique al monopolio privado, pero se apruebe al estatal.

Tiene mucha razón, por ejemplo, esto que se dice en una página socialista:

«Alcanzar una posición de monopolio es el sueño de todo capitalista y el señuelo que guía su actividad empresarial. Sin competidores hay menos riesgos, puedes poner el precio a voluntad y extraer superbeneficios (rentas de monopolio)».

Cualquier empresa que carezca de competencia y produzca un bien sin sustitutos, se coloca en una posición muy cómoda para tener grandes ganancias. Solamente añado que no importa quién sea el propietario, si un particular o el gobierno.

Sin embargo, eso no importa, la izquierda defiende al monopolio estatal como se dice en otra página socialista:

«La lucha por la defensa de Pemex es un asunto literalmente de vida o muerte para nosotros los trabajadores, pero debemos tener claro que no será suficiente con detener su privatización, la lucha debe ir orientada a acabar con el problema de raíz, que es el sistema capitalista, que es incapaz de jugar un papel progresista».

La conclusión es diáfana: los socialistas, al menos muchos de ellos, reprueban a los monopolios privados pero aprueban a los monopolios públicos. La contradicción es sustancial. Los liberales, en cambio, son congruentes, reprobando todos los monopolios, públicos o privados.

Hay, además, un pequeño gran detalle en este tema de los monopolios. Recordemos que un monopolio es la existencia de un solo proveedor de un bien ampliamente necesario y sin un sustituto accesible; por ejemplo, el petróleo.

¿Cómo es posible que una empresa llegue a convertirse en monopolio? Hay varios posibles caminos.

Uno de ellos es el ilustrado por PEMEX en México, un monopolio en manos estatales. Pero otro posible camino es el monopolio en manos privadas que goza de ese privilegio por favor gubernamental, como Telesistema Mexicano/Televisa hace ya tiempo.

Los dos caminos están sustentados en la acción gubernamental. Uno por medio de la propiedad pública, coloca al monopolio estatal en esa posición de ensueño para todo capitalista; el otro por medio de la protección estatal da esa posición de ensueño al propietario privado. Los dos requieren el uso de la fuerza estatal.

El otro camino es el de una empresa tan exitosa que atraiga a todos o casi todos los consumidores de un cierto producto. Estas son las posiciones de empresas dominantes en mercados abiertos, donde la competencia es posible, pero por la razón que sea, ellas son casi monopolios. Y no son durables.

En fin, creo que esto bien ha merecido una segunda opinión, para apuntar que los odiados monopolios solamente pueden ser producto de la protección gubernamental dada a empresas públicas o privadas, que impide que ellas tengan competencia.

Más el pequeño gran detalle de la incongruencia socialista de reprobar al monopolio privado al mismo tiempo que aprueba al monopolio público. Un problema que el socialismo debe resolver.

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