Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Monopolios y Monocracias
Eduardo García Gaspar
5 julio 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Son experimentos de sillón. Mejor dicho, análisis mentales. Lo que se hace es ponerse a pensar.

Hacerlo con sentido común y lógica. Por ejemplo, pensemos en un gobierno y tratemos de comprender su esencia.

Vayamos hasta una sociedad primitiva y pequeña, quizá nómada.

Entre sus miembros, que no son todos iguales, algunos se distinguen por la razón que sea. Puede ser fuerza, inteligencia, habilidad, lo que sea. Varios de ellos forman una elite, un grupo visto mejor al resto. Resulta natural que se les concedan y ellos se adjudiquen funciones de organización del grupo.

Comienza un gobierno, un grupo de personas, seguramente con alguien a la cabeza, que acumulan poder en ellos: juzgan, deciden, mandan, median. No está mal el asunto, pero contiene una semilla peligrosa: la monopolización de ese poder.

El poder para juzgar y tener paz, como escribió Hans-Hermann Hoppe (1949-), es el pequeño y decisivo paso para transitar a un estado.

Muy bien, entonces puede comprenderse mejor a los gobiernos. Son monopolios de poder dentro de límites geográficos marcados. Monopolios que tienen monopolios: nadie más, por ejemplo, puede emitir leyes; ni imponer impuestos; tampoco juzgar ni encarcelar.

La lista de monopolios funcionales del monopolio general de poder puede ser mucho mayor, para incluir educación, salud, correos, pensiones, dinero, banca, control de fronteras, permisos de trabajo, construcción, apertura/cierre de empresas y mucho más.

Estamos acostumbrados a ubicar a los monopolios en su sentido económico, como:

«En un mercado monopolista una única empresa cubre toda la demanda y goza de plena capacidad para decidir el precio y las condiciones de venta. El origen de este tipo de mercado lo encontramos en sus peculiares barreras de entrada […]» ElBlogSalmon

Teniendo como raíces los términos griegos «monos» (uno) y «polein» (vender), su significado deja pocas dudas. Sigamos en el sillón y hagamos una especulación mental: ¿no son los gobiernos también monopolios? Sin duda. Hasta podemos llamarlos monocracias, de «kratos», gobierno.

Si conocemos que los monopolios tiene defectos severos y entre ellos se encuentran precios mayores y calidades menores, es posible con cierta dosis de sentido común concluir que las monocracias, los monopolios de poder, tendrán efectos similares.

El mismo Hoppe nos da la razón:

«Desde el momento en el que un solo miembro de la elite natural monopoliza con éxito la función del juez y hacedor de paz, la ley y la aplicación de la ley elevaron su precio».

No es algo descabellado, al contrario. Es razonable concluir eso: las funciones que el monopolio de poder se asigna en exclusiva tendrán una calidad menor y un precio mayor a los que tendrían de otra manera.

Veamos esto de la manera siguiente. Entremos en la mente de quien realmente odia a los monopolios económicos, incluso cuando técnicamente no lo sean :

«Cuando hablamos de monopolios […] nos referimos a grandes firmas con “poder monopolista”, capaces de limitar la entrada de posibles competidores (barreras de entrada), controlar o pactar la cantidad producida, fijar o pactar precios en el sector que controlan […], actuar como únicos compradores […] reduciendo a sus proveedores a extrema precariedad, reducir sus costes salariales a placer […]».

En nuestro pausado análisis, no tengo duda, se presentará la misma faceta pero ahora aplicada a las monocracias.

Si los propietarios de un monopolio económico pueden aprovechar esa situación de exclusividad para abusar de su poder, es natural que se plantee la misma posibilidad para quienes están dentro de la monocracia política.

Su poder para decretar impuestos, para emitir leyes, para emitir moneda, para dar permisos de trabajo, para juzgar y el resto (que son poderes aún mayores que los del monopolio económico) será abuusado.

¿El gobernante monocrático no estará también tentado a abusar de su poder?

Estamos, por tanto, frente a dos tipos de monopolio: el económico y el político. Ambos tienen una misma naturaleza, aunque en campos distintos. Y, por supuesto, presentan el mismo riesgo natural: el abuso del poder.

No es un riesgo desconocido en política. El mismo Montesquieu (1869-1755) lo expresó en El Espíritu de las Leyes:

«Pero es una experiencia eterna, que todo hombre que tiene poder siente la inclinación de abusar de el, yendo hasta donde encuentra límites.¡Quien lo diría! La misma virtud necesita límites. Para que no se pueda abusar del poder es preciso que por la disposición de las cosas el poder frene al poder».

Y podemos llegar a una conclusión: si una persona critica a los monopolios económicos por ser ocasión de abusos de poder, deberá ella también hablar mal de gobiernos con poderes excedidos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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