Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Nacionalismo Económico
Eduardo García Gaspar
1 diciembre 2016
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Trump y Clinton lo hicieron. Volvieron a colocar al libre comercio sobre la mesa de discusiones políticas (no tanto económicas).

Ambos, en especial Trump, acusándolo de hacer perder empleos nacionales. Esto necesita una segunda opinión.

La idea detrás de la crítica al libre comercio es obvia: proteger al país de la competencia de bienes producidos fuera de él. Es un argumento de defensa, auxilio y amparo. Los bienes extranjeros son los villanos que embisten al país.

¿Cómo defenderse de esa acometida? Cerrando fronteras a bienes extranjeros, decretando impuestos a su importación, cancelando tratados de libre comercio; cualquier medida que aísle económicamente al país. Eso, se nos dice, es bueno.

Es bueno porque auxilia a las empresas nacionales de la competencia extranjera; porque abriga empleos nacionales. Es decir, este proteccionismo contiene una buena dosis de nacionalismo.

Se convierte en una especie de nacionalismo económico que considera como virtud el rechazar bienes extranjeros. Algo como xenofobia económica que lleva a la adopción de políticas de aislamiento comercial rechazando importaciones. D. Trump es un caso de eso:

«Si hay algo que a Trump no parece gustarle es el libre comercio. No sólo quiere obligar a Apple a fabricar sus dispositivos en Estados Unidos (cuando posiblemente no hay capacidad ni ecosistema industrial adecuado, ni trabajadores), sino que en general tiene la intención de gravar las importaciones de lugares como China o México». elblogsalmon.com

Entonces, puede entenderse que las medidas destinadas a bloquear actividades de comercio internacional tienen un argumento de protección económica nacional. La pregunta inmediata es si efectivamente eso fortalece a la nación o, por el contrario, la debilita.

Es posible sostener la idea de que el proteccionismo debilita al país.

Cerrar la frontera a bienes extranjeros es igual a cerrar la frontera a bienes que compiten con los locales, es decir, bienes más baratos, bienes de mayor calidad, bienes más diversos, o todo lo anterior. No tendría sentido importar bienes más caros, de peor calidad, o ambas cosas.

Esa prohibición será beneficiosa, sin duda alguna, para los productores locales a cuyos productos se les otorga una licencia de exclusividad dentro del territorio nacional. Más aún, eso permite mantener e incluso hacer crecer los empleos de las fábricas protegidas.

Por ejemplo:

«El virtual candidato a la presidencia del Partido Republicano, Donald Trump, dijo que devolverá empleos a los estadounidenses y revisará antiguos acuerdos comerciales que afirma dañan la economía del país. Ha jurado renegociar los términos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que calificó de un “desastre”, para “conseguir un mejor trato para nuestros trabajadores”». eleconomista.com.mx

La anterior es una de las partes de la ecuación, la de los productores. Hay otra, la de los consumidores. ¿Qué les sucederá? Tendrán productos más caros, de menor calidad, menos variados, o todo lo anterior. Son la parte lastimada por el proteccionismo.

Sería una posibilidad muy remota la de que el mismo candidato aclare que prohibiendo importaciones se protegerán empleos, pero que también aumentarán los precios.

En conclusión, lo más razonable parece ser el, antes que nada, aceptar que intentar proteger a la industria y a los empleos nacionales, por medio de limitación de importaciones, no es algo que carezca de costos. Los tiene.

Seguramente cause un aumento de precios que pagarán muchos de esos cuyos empleos fueron protegidos. Los bienes tenderán a reducir calidades por la cancelación de presiones competitivas que motivarían innovaciones. Sí, no es algo sin consecuencias.

¿Qué hacer entonces? Lo mismo que se hace dentro del país, donde no se ponen limitaciones a las ventas de bienes entre las provincias o estados, ni entre las ciudades y barrios. Sería muy mal visto que los empresarios de una ciudad pidieran ser protegidos de la competencia de productores de las otras ciudades.

Adoptando al comercio libre entre países, pueden gozarse de beneficios en las dos partes de la ecuación.

De un lado, los consumidores, que son todos los habitantes del país, tendrían bienes más baratos, de mejor calidad, más variados.

Del otro lado, los productores tendrían incentivos para mejorar sus operaciones y ampliar sus mercados a otras partes.

¿Tendríamos problemas? Por supuesto, ningún sistema es perfecto. Todos tienen efectos malos, al menos momentáneos. Pero así se caminaría en la dirección correcta para el crecimiento y la prosperidad

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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