Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Non-Judgmentalism, ¿Qué es?
Leonardo Girondella Mora
3 marzo 2016
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Uno de los conceptos comunes de la época presente, «non-judgmentalism» es una noción que debe examinarse —lo que hago en lo que sigue.

Traducida al español, la expresión significa no juzgar, no emitir opiniones —muy especialmente en lo que se refiere a la solicitud para abstenerse de críticas y observaciones que se interpreten negativamente.

Es una petición que por causas de buena educación reclama ausencia de juicios de valor —posiblemente suponiendo que esa es una manera de mostrar respeto, amabilidad y ausencia de prejuicios.

El non-judgmentalism puede ser, por tanto, entendido como un reclamo que se exige a otros pidiendo que se abstengan de juzgar a la persona que lo solicita.

La base del reclamo es la suposición de que nadie tiene el derecho para juzgar a los demás —la persona A no puede juzgar a la persona B, ni esta última a la persona A.

Más todavía, pues en su base, la petición de no juzgar a los demás adjudica ciertos rasgos a quien se atreve a hacerlo: tienen prejuicios, odian, no son caritativos, no son comprensivos, no respetan a los demás —mientras que quienes no emiten juicios sobre otros son lo opuesto, amables y respetuosos, libres de prejuicios.

Lo anterior permite tener una buena idea del significado de la frase en inglés y que no es mucho más que una petición de «no me juzgues».

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Llego así a un punto en el que es posible profundizar en algunos de los rasgos del reclamo de «no me juzgues».

• Es muy claro que se trata de una modalidad del valor de la tolerancia interpretada aquí como censura: los demás no tienen derecho a opinar sobre lo que hago. Si lo hacen violan mis derechos.

• Supone que no existe ningún principio moral absoluto ni objetivo que pueda usarse para emitir un juicio sobre actos humanos —ninguno, excepto el de obligar a otros a no emitir juicio alguno.

• Si condena la acción de que la persona A juzgue críticamente a la persona B, el «no me juzgues» cae en una contradicción: la persona B también está juzgando críticamente a A.

• Si condena al acto cometido sucede lo mismo. Si la persona A reprueba la acción cometida por la persona B, y la persona B pide no ser juzgada, tendrá que admitir que esa petición es también un juicio de la acción cometida por la persona A. Se contradice a sí misma.

• Como se ha expresado en otra parte:

«Si es malo juzgar como malas a las acciones de otro, entonces no hay base para juzgar como malo el acto de juzgar malas a las acciones de otro. Si es malo juzgar a otra persona entonces no hay base para juzgar a la persona que juzga».

• Todo lo que queda entonces en el reclamo de no querer ser juzgado es una petición de no querer escuchar el juicio de otros —alejarse del resto argumentando no desear estar expuesto a opiniones que contradicen a la persona. Una solicitud oculta de soledad y aislamiento.

• La petición de no ser juzgado no distingue dos elementos fundamentales y diferentes —a la persona y a sus acciones. Juzgar a una acción como mala no es igual a calificar a la persona como mala. Este error es cometido con mucha frecuencia.

• También, la petición de no juzgar niega el amor y la preocupación por el bien de los demás. Si, por ejemplo, un hijo consume drogas, resultará lógico y justificado que sus padres emitan un juicio sobre esa conducta y hagan lo posible para remediar la situación.

Reclamar que los padres se abstengan de juzgar como mala la conducta del hijo significaría pedirles que lo dejaran de querer —algo que va en contra de la más profunda naturaleza humana.

• Si las personas en lo individual tienen ideas acerca de lo que es bueno y es malo para ellas mismas, resulta al menos llamativo que no tengan también ideas acerca de lo que es bueno y malo para los demás.

Si acaso no puedo juzgar como malo el acto de otro, deberé aceptar que es lógico que tampoco me juzgue a mí mismo —terminando todo en un ambiente en el que nada puede ser juzgado.

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Termino apuntando que la posición del «no me juzgues», entendida como un derecho a callar a los demás, es insostenible —un producto ilógico de la tolerancia redefinida.

Pero también señalando que no propongo una actitud imprudente de quienes van por la vida apuntando la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el suyo —pero sí apoyo la idea de que la preocupación por el bien ajeno debe significar apuntar a uno mismo y a otros las acciones malas.

Nota del Editor

Wesley J. Smith lo ha expresado muy bien:

«Como sociedad, sufrimos de un no me juzgues terminal. Excepto contra los fumadores somos incapaces de decir que somos capaces de emitir juicios»

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