Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Olvidando la Racionalidad
Eduardo García Gaspar
4 mayo 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Todos o casi todos los asuntos vitales son así. Suenan a teoría, aparentan inutilidad; hasta aburren y hartan.

Especulaciones vanas y estériles de personas que nada tienen que hacer.

Y, sin embargo, en ocasiones sucede que esas especulaciones vacuas producen explicaciones sorprendentes.

Piense usted, por ejemplo, en la manera en la que entendemos a Dios quienes somos religiosos. Si suponemos que hay un componente de racionalidad en Dios es muy diferente a suponer que no lo haya.

Un Dios-sin-racionalidad es incomprensible y sus mandatos no podrán ser entendidos, solo obedecidos sin discusión. Del otro lado, un Dios-con-racionalidad es al menos en parte comprensible y tendremos posibilidad de comprender sus mandatos.

Lo anterior podría explicar la posibilidad de aprobar sin cuestionar una guerra religiosa, como la yihad; o bien, la posibilidad de razonar la posibilidad de una guerra justa y calificar a cada conflicto como reprobable o no. Y no solo esto.

Entender a Dios como racionalidad o, en otras palabras, como Razón Divina tiene consecuencias en nuestras vidas, Consecuencias que no son precisamente pequeñas.

¿Cuáles? Una columna tiene una respuesta que no es una especulación inútil.

La columna se titula «Regensburg Revisited: Ten Years Later, A West Still in Denial» y la escribió Samuel Gregg.

Ella examina un discurso dado diez años antes. El «discurso de la Universidad de Ratisbona» que dio Benedicto XVI.

S. Gregg resalta de ese discurso la idea de lo que sucedería en caso de hacer de lado a la Razón Divina, eso que los griegos llamaban «Logos». Tres cosas:

Primero, la desaparición de la posibilidad de pensar críticamente. Segundo, el rechazo de todo debate. Tercero, cerrar la habilidad de expresar de manera inteligible lo que uno piensa.

Ahora es el turno de usted para imaginar el mundo que tendríamos en ese caso. ¿Necesita una ayuda para imaginar cómo sería ese mundo? Gregg nos echa una mano en esto.

Sería un mundo en el que la «violencia reemplaza a la razón y la razón es subordinada a una Voluntad Divina que no tiene ella misma interés en la racionalidad».

O bien, puede llevarnos a un mundo de «sentimentalismo masivo y apelación al emotivismo para dar término a debates perfectamente legítimos».

También, ese mundo sin Razón Divina puede llevarnos a «reducir a la razón a su dimensión empírica».

Ahora, me parece obvio, esas tres cosas están sucediendo ahora mismo.

Sufrimos de violencia terrorista justificada religiosamente. Padecemos emotivismo ético por el que solamente cuentan sentimientos y reclamos basados en ellos. También, adolecemos la negación de la razón para poder ir más allá de lo práctico experimental.

Si usted voltea a su alrededor constatará que eso precisamente estamos viviendo. Esos son nuestros tiempos, tiempos en los que no tomamos en serio a la razón. Una de las causas de esto es la secularización de Occidente, donde olvidarse del Cristianismo ha producido el desdén por la razón.

Viene a cuento ahora la cita que Benedicto XVI en ese documento hace de un emperador de Bizancio, quien pregunta: «¿Es no actuar conforme a la razón contrario a la naturaleza de Dios?»

La pregunta es de largo alcance y presenta eso anterior: renunciar a la razón es abrir la puerta a un mundo imposible de explicar por otros medios que no sean la violencia y los sentimientos.

Eso es, creo, lo que explica a la ayuda a los pobres que se justifica sentimentalmente y sin prudencia. Lo que explica a los actos sin sentido del terrorismo que mata a inocentes; al uso de fobias como censura de quien piensa de otra manera; al uso de la fuerza gubernamental para solucionar disputas morales.

Como dijo Benedicto, es la «deshelinización» de Occidente.

La desaparición «del compromiso del razonamiento filosófico coherente que el Cristianismo absorbió en parte del mundo griego y usó para ampliar la aprehensión de la verdad que permea las Escrituras», como lo expresó Gregg.

Lo diré con claridad. La secularización occidental, el olvido del Cristianismo, ha tenido esa consecuencia general, el olvido de la racionalidad; y ese olvido ha tenido consecuencias que se ven por todos lados.

Es el «espíritu de Prometeo», como lo llama Paul Johnson, el historiador inglés.

¿No me cree? Regreso al inicio de esta columna. Cuando la razón es usada en terrenos que no son científicos, comienza esa reacción que habla de especulaciones inútiles, pensamientos sin utilidad, ideas estériles y sin sentido.

El mundo que eso ha creado es precisamente el mundo del que tanto nos quejamos sin pensar en el por qué está así.

Post Scriptum

El discurso de Benedicto XVI «Discurso Del Santo Padre En La Universidad De Ratisbona» (septiembre de 2006) es breve y uno de los mejores de estos tiempos.

La columna de Samuel Gregg «Regensburg Revisited: Ten Years Later, A West Still in Denial»  es otra lectura que dará la apariencia también de especulación vana, lo que por sí mismo justifica leerla.

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