Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Oportunidad y Talento
Eduardo García Gaspar
1 noviembre 2016
Sección: ESCUELAS, LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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La idea flota y se mantiene. Posee algún sentido, alguna lógica.

Relaciona a la oportunidad con el talento en bruto y concluye que una parte del talento existente y real se desperdicia por falta de oportunidades de estudio.

Por ejemplo, el caso de algún muy joven estudiante que tiene una gran habilidad matemática pero que vive en una comunidad rural en la que no hay nada más allá de primaria. Bajo esas circunstancias, ese joven desperdicia su talento con pérdida de beneficios propios y ajenos.

Un escenario así es perfectamente posible. Podemos imaginarlo y no suena como algo imposible. El problema es, por supuesto, que es extremadamente difícil detectar ese talento que debe ser por definición extraordinario.

E incluso, si llega a encontrarse un caso, siempre existirá el problema de qué exactamente hacer (¿quitar ese hijo a la familia y llevarlo a una ciudad?)

En este plano, estamos en el nivel de genios, de encontrar niños y jóvenes superdotados, los que podrían ser grandes científicos futuros. Encontrarlos, me parece, es más una labor personal y local que un plan institucional y nacional.

Es el hallazgo ocasional y afortunado de la familia y de profesores. Para luego tener algo que los dé esa oportunidad de desarrollar su talento excepcional.

Reduzcamos el nivel a algo menos alto, digamos un talento bueno, razonable, que no llega a genio, pero que muestra inteligencia. Niños y jóvenes por encima del promedio, consistentemente por encima. También aquí puede presentarse esa pérdida de talento.

Podemos también imaginar un escenario en el que ese tipo de personas desperdician su talento por situaciones y circunstancias, como el suspender sus estudios, falta de dinero familiar, lo que a usted se le ocurra (incluyendo muy marcadamente la mala calidad educativa).

Este caso es mucho más numeroso que el anterior. Ya no es encontrar al real genio, que por definición es poco probable, sino de detectar al estudiante que claramente está por encima del promedio, sin llegar a ser genio. Tiene que ser un número mucho mayor y el desaprovechamiento de sus talentos sería algo muy indeseable.

El asunto va definiéndose. Podemos hablar de talentos existentes en los jóvenes y niños, pero no hay razón para quedarnos solamente allí. Podemos también incluir talentos del resto de la gente, para concluir que será una gran pérdida para todos desaprovechar ese talento.

O, mejor dicho, talentos. Las personas tenemos una variedad de habilidades, capacidades, competencias, destrezas, aptitudes y demás. Y una cantidad considerable de ellas, superiores al promedio general. Desperdiciar ese cúmulo de talento será un desperdicio sin sentido, un dispendio que a todos lastima.

El asunto, entonces, es uno de oportunidad para el desarrollo y uso de esos talentos: una cuestión de circunstancias que faciliten a las personas hacer eso. Cuanto más favorables sean, mejor para todos.

Digo todos, porque los beneficios del talento personal tiene una llamativa tendencia a desparramarse a quienes quienes no lo poseen. Un ejemplo obvio, el talento de Steve Jobs le produjo beneficios a él, pero también a millones más. En escala menor, eso sucede con, por ejemplo, el talento del productor de manzanas que hoy me permitió comer una.

La conclusión que sigue es innegable: (1) existe talento en las personas, distribuido de manera variada y desigual; (2) si se da oportunidad a las personas a usar esos talentos, los beneficios se diseminan por toda la comunidad; y (3) la comunidad eleva su estándar de vida.

Comencé por mencionar la idea de que es un gran desperdicio desaprovechar el talento de niños y jóvenes que son genios. Si esto es cierto, también lo es el desaprovechar el talento de niños y jóvenes que son superiores al promedio.

Y, entonces, podemos aceptar que también será una gran perdida desperdiciar el talento no solo de jóvenes y niños y genios, sino el de todos los que viven en una sociedad.

¿Cómo evitar esa pérdida? Construyendo oportunidades de uso, circunstancias que faciliten a las personas desarrollar y usar sus talentos; es decir, permitiéndoles tener iniciativas propias según sus talentos personales.

O, para comprenderlo mejor, podemos ver su opuesto. Impedir, limitar, obstaculizar, o prohibir las iniciativas de acción producidas por el talento personal produce ese desperdicio y, peor aún, daña a todos, incluyendo a esos que no tienen talentos.

Una ejemplo obvio y universal de desperdicio de talento es la planeación central de la economía, porque ella limita y obstruye sistemáticamente el uso del talento de millones de personas. No es sorpresa que las economías planeadas centralmente produzcan resultados de estancamiento y muy escaso crecimiento con poca o nula innovación.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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