Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pan y Circo 2.0
Eduardo García Gaspar
16 noviembre 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue Juvenal, Décimo Junio Juvenal. Un poeta de principios de nuestra era y autor de sátiras.

Se burló de la muchedumbre, de la masa romana, y lo resumió muy bien en esa frase de «pan y circo».

Otras frases se le conocen, como «¿quién vigilará a los propios vigilantes?».

La definición de la muchedumbre que solo quiere panem et circenses es quizá la peor calificación que se ha dado a la masa de una sociedad, reducida a ser satisfecha dándole dádivas y diversión. A cambio de eso, la masa paga con lealtad a su benefactor.

Póngase usted ahora en los zapatos del gobernante. Será muy tentador pensar que usted tiene una responsabilidad ante el pueblo y con facilidad acepte que no es mala idea distribuir alguna comida básica a la gente, a precios bajos, subsidiados.

Es una buena causa, una obra de compasión con la gente. El gobernante descubre que eso lo hace popular y querido. El pueblo agradece el regalo y la cadena se facilita. Otros alimentos, más subsidiados; incluso otros regalados. La gratitud aumenta junto con la lealtad del pueblo.

La lección no pasa desapercibida. Los otros gobernantes la asimilan y entienden como una regla para ganar elecciones: los regalos, las dádivas, producen votos y lealtad. La lección se extiende a otros campos, como el del circo romano. Los espectáculos de carreras, los gladiadores, dados como diversión gratuita, aumentan la popularidad del gobernante.

Llega en ese camino el punto en el que retirar ese pan y ese circo produce lo opuesto a la lealtad y la sumisión del ciudadano. El candidato que lo proponga será impopular y tendrá escasas probabilidades de elegirse.

Este es el punto en el que la masa ha dejado de ser agradecida y se ha convertido en ingrata. Se ha acostumbrado a esas dádivas. Lo que antes aceptaba complacida, ahora exige desagradecida y egoísta.

El arreglo entre gobierno y masa se convierte en una relación veleidosa. La masa y sus cabecillas han tomado el poder, o están cerca. Deben ser complacidas, pues de lo contrario el gobernante se tambalea. La relación entre ambos se mantiene mientras existan medios para cubrir los gastos de pan y de circo, como guerras y el botín logrado.

El arreglo debilita a toda la sociedad, pues es un juego de consumo de recursos sin generación de riqueza. Ella tiene que ser tomada de otros para que subsistan el gobierno y la masa. No tiene ya el poder para enfrentar retos externos ni internos. Cualquier dificultad seria podría echar todo por tierra.

Ahora, en nuestros días, vemos con desprecio esa situación romana del pan y circo. Nosotros, pensamos, me imagino, que no somos así. Somos refinados, civilizados, superiores a esos romanos. ¿Lo somos? No, en realidad no. Tenemos el pan y el circo también.

No lo llamamos así. Se le ha puesto un nombre nuevo. Nuevo, respetable y admirado. Le llaman estado de bienestar y aunque da pan y circo, eso se entiende como labor social, como responsabilidad social. Es cumplir con el deber gubernamental de cuidar a la masa, desde que nace hasta que muera, de hacerla feliz.

El mecanismo es igual. Más dádivas producen más lealtad al gobernante, hasta el punto en el que es inconcebible la idea de que un gobernante que no dé pan y circo tenga probabilidades de ser elegido.

También, el agradecimiento inicial se ha convertido en exigencia ingrata. A las ayudas compasivas voluntarias les llaman ahora derechos que los gobiernos deben respetar.

Ha vuelto la máquina que consume recursos. El dinero ya no viene de botines de guerra, sino de impuestos y créditos, pero lleva el mismo camino hacia el punto imposible. Las crisis de finanzas públicas son avisos de ese punto de colapso general.

¿Repetición del error? Quizá Juvenal, de vivir en estos tiempos, habría escrito de nuevo eso de pan y de circo como las cosas con las que la masa se contenta, mostrándose como niños malcriados cuando se les amenaza con retirar las dádivas.

Lo que me parece extraordinariamente llamativo es la actitud actual, nada infrecuente, incluso entre personas pensantes, de aprobación general del estado de bienestar. Quienes aceptan la sátira del sistema de pan y circo, curiosamente aprueban al estado de bienestar, que es casi lo mismo.

Una aprobación que en mi experiencia contiene un elemento de pereza confortable: «pagas muchos impuestos y luego no pagas educación, ni salud, ni…». La explicación es fantásticamente errónea porque al final, en el neto, no hay nada gratis y sí pagas.

Lo que me lleva a la otra frase de Juvenal, «¿quién vigilará a los propios vigilantes?». ¿Quién cuidará al que dice que nos cuidará?.

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