Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Partidos Políticos Hoy
Eduardo García Gaspar
22 noviembre 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La duda es válida. ¿Son los partidos políticos representantes de las personas?

Quizá no lo sean, sino más bien embajadores de la ideología que sus miembros tienen.

Por ejemplo, se reúnen varios socialistas y forman un partido. La razón de ser del partido no está en la representación del ciudadano, sino en la de un modo de pensar que ese partido pretende implantar. Lo mismo va para partidos liberales y verdes, conservadores y progresistas.

Tener una ideología no es algo malo en sí mismo, pero sí lo es el olvidarse de los ciudadanos y su bienestar para enfocarse solo a la meta de implantar las ideas socialistas, o las que sean.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión, la conversión de los partidos políticos en oficinas electorales de representación ideológica. Hay partidos que representan más a C. Marx (1818-1883) o a J. M. Keynes (1883-1970) que al ciudadano común y corriente.

Bernie Sanders es el caso reciente más claro con su obsesión de implantar ideas que han fracasado consistentemente. Es la terquedad ideológica de los partidos a lo que me refiero, con su consecuencia necesaria, el olvido de la representación del ciudadano y lograr el bienestar general para todos.

Es natural que los partidos políticos tengan inclinaciones ideológicas. Quizá sea algo inevitable, pero eso no justifica la obsesión ideológica que los lleva a olvidarse de todo y convertirse en representantes de ideologías que ellos desean implantar cueste lo que cueste.

Los partidos políticos, adicionalmente a ejercer una labor de representación de los ciudadanos presentando ofertas de gobierno, tienen una función pacificadora que calma las inquietudes políticas, que las canaliza y modera para evitar acciones enardecidas.

Son un mecanismo que colabora a la esencia democrática: cambios serenos y suaves de gobierno, teniendo entre ellos un sentido de oposición leal que debería guiarse por consideraciones de bienestar general.

El problema es que la ideologización extrema de los partidos los enardece a niveles en los que se pierde la visión general de su real función tranquilizadora y se convierten en agentes de inquietud y perturbación, capaces de los peores trucos y subterfugios.

No solo es la ideología un riesgo real en los partidos, también lo es su ansia de poder. Llegar al poder es la razón de ser de los partidos y, mucho me temo, que con facilidad se inclinen a recurrir a las peores artimañas si se les permite. No solo fraudes electorales, sino engaños abiertos y descarados en sus ofertas políticas.

D. Trump, atacando al libre comercio como causa de desempleo capaz de corregirse cerrando fronteras, es un caso reciente de esas tretas sucias destinadas a engañar y conseguir votos.

Por otro lado, los partidos políticos tienen deberes morales y obligaciones éticas derivadas de su labor representativa del ciudadano. Esto está bien resumido en lo de «nobleza obliga». Los partidos son, o deben ser, una aristocracia democrática en la que sus miembros aceptan tener un código de conducta más estricto y severo que el resto de la población.

Después de todo, ellos son personas en las que se confía un poder extraordinario y fuertes cantidades de dinero propiedad de otros. Tienen ellos que aceptar que están bajo normas morales que van mucho más allá de las leyes. Me refiero a eso que genera respeto en los demás: honor, caballerosidad, honradez, decencia, conocimiento.

La realidad, mucho me temo, no es siquiera parecida a ese ideal. H. Clinton y D. Trump son muestra de lo común que es encontrarse con personas que no tienen esa altura deseable.

Con lo anterior he querido resaltar la expectativa que deben generar los partidos políticos como representantes del ciudadano y apuntar el peligro de su ideologización y su sed de poder. Más el código de conducta que debía regirlos.

Esa es la meta y guía el criterio bajo el que deben ser juzgados los partidos políticos en todas partes. La realidad, me parece, muestra que en demasiados lugares, esa meta es lejana, muy lejana. La ideología convertida en obsesión, la sed de poder vuelta obcecación y el olvido del código ético de la aristocracia democrática, mucho me temo, dominan.

¿Qué hacer? Sabemos la respuesta. El riesgo de malos gobiernos y peores gobernantes provenientes de partidos malos hace necesaria una estrategia razonable: reducir la cantidad de poder y de recursos que ellos controlan. No hay otra opción.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras