Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Plataforma de Odio
Leonardo Girondella Mora
25 agosto 2016
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Las acciones electorales en una democracia tienen solamente un propósito, ganar por medio del mayor número de votos —eso es todo: gana uno y pierden el resto.

Esa circunstancia del todo o nada, después de un arduo trabajo de campaña, produce un estado de ánimo propicio al uso de recursos extremos, como el fraude electoral —pero también a la mentira, a la exageración y al ataque personal, entre otros.

En lo que sigue quiero explorar uno de esos recursos electorales usados por políticos en campaña —el que se cimienta en la división social, en la fragmentación de la sociedad.

Este recurso electoral reconoce que la elección es ganada mediante el número de votos y que la meta es superar en todo lo que se pueda a los votos que reciben los opositores —de donde sale la lógica de poner atención en los grupos más numerosos posibles.

El candidato en campaña identifica a los grupos más numerosos ambicionando persuadirlos de votar por él y mediante su retórica pone en conflicto a eso segmentos más numerosos con los demás segmentos de menor tamaño.

El punto de partida del candidato en campaña es una segmentación social que entiende a la sociedad como formada por grupos de distinto tamaño, entre los que selecciona a los mayores en cuantía.

Una vez seleccionados los grupos de mayor tamaño, su retórica modela un conflicto entre estos grandes grupos y los grupos menores —usualmente persuadiéndolos de que su vida es mala y que podía ser mejor si no fuera por los grupos pequeños.

Es la creación de un ambiente de división interna de la sociedad el centro de la posible plataforma electoral del candidato —y el candidato, por supuesto, se declara partidario de los grupos mayoritarios.

No le importa perder los votos de los grupos de menor tamaño, al contrario, sin con eso gana los votos de los grupos que producen mayor cantidad de votos —recuerde el lector que eso es lo que busca por cualquier medio, más votos que el opositor.

Cuanto mayor rencor y odio sea capaz de generar en los grupos mayores seguramente más votos logrará —de lo que se trata es de destilar rabia entre quienes le producirán más votos: el candidato será el delegado con la responsabilidad de realizar la venganza.

La estructura esencial de la plataforma electoral, entonces, tiene bases posibles de distinguir:

1. Dividir a la sociedad en grupos grandes y pequeños.

2. Dirigir los mensajes a los grupos grandes.

3. Crear contenidos que persuadan a los grupos grandes de que están en mala situación y que ella se debe a los grupos menores.

4. Colocar al candidato en el lugar de quien irá en contra de los grupos menores para beneficiar a lo grupos mayores.

5. Crear el mayor posible ambiente de animadversión y antipatía entre los grupos.

La consecuencia muy probable es la elección del candidato que así actúe, lo que da entrada a un gobierno que ya no gobierna, sino a una agencia de redistribución de propiedades: los grupos menores son expropiados al menos parcialmente de sus recursos, los que se acumulan en el gobierno y, una parte de ellos, es redistribuida entre los grupos mejor organizados.

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Lo que he querido hacer con lo anterior es poner atención sobre un efecto indeseable de la democracia: su fácil conversión en un medio que cambia la naturaleza del gobernante y el gobierno, convirtiéndolos en agentes redistributivos discriminatorios.

El fenómeno se apoya en expresiones, como justicia social, deuda social:

«[…] la pobreza es culpa casi completamente del eterno y omnipresente monstruo estatista. Entonces, ¿por qué somos los ciudadanos comunes y corrientes los que debemos pagar la deuda social con los que menos tienen? ¿Por qué debemos de ver limitados nuestros derechos de propiedad y disminuir nuestro nivel de vida para pagar una deuda que no es nuestra?». Lógica Difusa

Este es un riesgo real de la democracia que ignora su componente republicano—el que la cuida de extralimitar sus atribuciones y la restringe a crear gobiernos que gobiernan para todos.

La democracia sin el componente republicano degenera con facilidad —puede volverse oclocracia, el gobierno desordenado y voraz de la muchedumbre manipulada por los gobernantes.

Nota del Editor

Tomando las ideas de Girondella, no resisto la tentación de un escenario teórico, el de un país en el que los ricos, los educados, forman el 80% de la población. Es posible especular que en este caso el candidato populista se dirija a los ricos y les diga que podrían estar mejor si no fuera por la minoría de pobres; y entre los ricos cree sentimientos de odio hacia los pobres, igual que en la otra situación cuando en los pobres crea sentimientos de rencor hacia los ricos.

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