Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Propiedad Olvidada
Eduardo García Gaspar
9 marzo 2016
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es al menos curioso. Peculiar y extraño. Vivimos en tiempos en los que se ha inflado la idea de derechos humanos.

Exaltado tanto que ha dejado de tener significado. Se han convertido en una lista en continua expansión.

Y se entienden como reclamos posibles de clasificar en «generaciones», donde la tercera de ellas incluye cosas como derechos a:

«La coexistencia pacífica. El entendimiento y confianza. La cooperación internacional y regional. El uso de los avances de las ciencias y la tecnología. La solución de los problemas alimenticios, demográficos, educativos y ecológicos. El patrimonio común de la humanidad».

Eso, por cierto, se considera de avanzada y progresista. Sin embargo, eso peculiar que llama la atención es que, en esa misma página, por ejemplo, no se menciona la palabra ‘propiedad’.

Según eso, tenemos el derecho explícito al desarrollo, pero no a ser propietarios.

En otra parte, en la que tampoco existe la mención explícita de un derecho a la propiedad, se proponen generaciones adicionales de derechos, desde la cuarta hasta la sexta (que incluye derechos animales, «robots y software inteligente»). La sexta generación:

«[…] de derechos humanos si que será aplicable a seres humanos, o no exactamente, porque será a seres trans – humanos y en un estado ulterior (posterior) post-humano, o por utilizar una expresión mucho más viable, personas con identidad genética-cognitiva-informacional alterada por la modificación gano-nano-robo-tecno».

Tenemos dos elementos claros: (1) la lista creciente de derechos/reclamos y (2) el curioso olvido del derecho a la propiedad. El olvido toma una llamativa forma en la constitución mexicana, en la que se afirma que,

«La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los limites del territorio nacional, corresponde originariamente a la nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada».

El olvido inexplicable tiene sus consecuencias, que no son pocas y las ilustra muy bien el caso de México. Lo explica muy bien Isaac M. Katz en La Constitución y Los Derechos Privados De Propiedad apuntando tres elementos:

«El primero es que se trata de una Constitución que no define ni protege los derechos privados de propiedad sobre los recursos y sobre el ingreso derivado de su utilización, por lo que el riesgo expropiatorio es elevado. El segundo es que la Constitución le otorga al gobierno un amplio poder para intervenir discrecionalmente en la economía y en donde, por tratar al gobierno como si fuese el Estado, es imposible asignar responsabilidades de Estado por los actos de gobierno. El tercero se constituye como un marco legal que no genera las condiciones para que haya igualdad de acceso a los mercados, principalmente el educativo y el laboral, los dos más importantes para determinar el éxito de una economía».

En otras palabras, es posible decir que usted puede hacer la lista más numerosa de derechos humanos y eso de nada vale si se olvida del derecho a la propiedad privada. Si usted y yo no tenemos un derecho claro y bien definido a ser propietarios, en realidad no tenemos derecho alguno.

Piense en la posibilidad del derecho a la libre expresión y vea si él puede ejercerse sin existir la propiedad privada. Piense en qué sentido tiene trabajar y ahorrar si no nos sentimos seguros de que lo que ganemos será nuestro.

El olvido de la propiedad, da la impresión, podría ser intencional. Si, por ejemplo, se convierten en derechos los reclamos de derecho al trabajo, derecho a precios justos, o a la seguridad económica, ello tiene una consecuencia inevitable: son pretensiones a la propiedad de otros.

Solamente mediante la confiscación de recursos de terceros es posible que se satisfagan derechos/reclamos/demandas como el derecho al internet gratuito. Si, en cambio, se respetara el derecho a la propiedad, los gobiernos violarían esos derechos que convenientemente han sido olvidados.

La situación es grave en sí misma y empeora aún más porque se ignora. Esa situación es, en pocas palabras, que los actuales derechos humanos son realmente demandas exigidas al gobierno y posibles de cumplir solo por medio de la confiscación de la propiedad de otros.

Post Scriptum

Me parece tristemente asombroso que personas de buena voluntad y loables intenciones se encuentren entre quienes son defensores entusiastas de la lista creciente de reclamos convertidos en derechos. Colocan ellas un énfasis desbocado en las buenas intenciones de políticas de gobierno que, si llegaran a examinar siquiera un poco, reprobarían de inmediato.

Véase cómo narra el gobierno mexicano a la lista creciente de derechos humanos para justificar el crecimiento estatal:

«Ahora bien, la ampliación de los derechos civiles y políticos a capas cada vez más amplias de la población, como los analfabetas, los asalariados, los campesinos, los grupos étnicos, los jóvenes y las mujeres, presionó para que el Estado, originalmente mínimo, se ampliara para dar respuesta a las demandas que formularon esos grupos, que ya eran otras que la simple protección de la propiedad, como lo querían los grupos pudientes. Así nació el Estado social: Si el núcleo de la doctrina liberal es la teoría del Estado mínimo, la práctica de la democracia, que si bien es una consecuencia histórica del liberalismo o por lo menos una prolongación histórica de él, ha llevado a una forma de Estado que ya no es mínimo, aunque no es el Estado máximo de los regímenes totalitarios. El liberalismo ortodoxo vio afectadas sus aspiraciones de mantener sin cambios al Estado mínimo, al surgir como un hecho histórico incontrovertible el Estado social».

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