crisis económicas

¿Qué aprender de la Gran Depresión? Las lecciones que ella deja sobre causas, razones, soluciones, remedios, y, sobre todo, cómo no repetirla.

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La Gran Depresión

Ella está bien explicada en esto:

«La Gran Depresión, también conocida como Crisis del 29, fue una gran crisis financiera mundial que se prolongó durante la década de 1930, en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Su duración depende de los países que se analicen, pero en la mayoría comenzó alrededor de 1929 y se extendió hasta finales de la década de los años treinta o principios de los cuarenta. Fue la depresión más larga en el tiempo, de mayor profundidad y la que afectó a mayor número de países en el siglo XX». es.wikipedia.org

Originada en los EEUU ella tuvo efectos devastadores durante muchos años, aplicando remedios que no hicieron más que prolongarla.

Una conversación sobre la Gran Depresión y el primer punto a aprender

—Pues creo que como todos saben la Gran Depresión fue un producto causado por un capitalismo desbocado que mostró su debilidad y causó un daño terrible en todo el mundo —dijo la persona.
—¿Antes de esa depresión hubo un capitalismo sin frenos y totalmente libre? —pregunté.
—Eso es lo que acabo de decir: la Gran Depresión del ’29 inició provocada por un capitalismo desbocado y sin control.
—¿Qué diría usted si se demostrara que antes de la depresión no existía ese capitalismo desenfrenado? ¿A quién le echaría la culpa?
—Pero es que fue el capitalismo desbocado lo que…
—Le pido nada más que haga un supuesto y piense a quién culparía de la crisis si antes, antes, de la Gran Depresión no hubiera habido ese capitalismo absoluto del que usted habla.
—Bueno, pues culparía al sistema anterior, eso es obvio, pero todos sabemos que…
—En realidad, no todos sabemos. En realidad, el período anterior a la depresión, para muchos, tuvo gran dosis de intervencionismo monetario de organismos federales.
—Explíquese usted —me pidió la persona.
— ¿A quien culparía usted de la Gran Depresión si se muestra que antes de ella hubo una buena cantidad de tiempo con políticas monetarias de tasas bajas y política monetaria laxa? —pregunté.
—En ese supuesto, culparía a esas políticas.
— Entonces, el problema es simple. Hay que averiguar si hubo ese tipo de políticas antes o no. Y si las hubo, entonces no podría culparse a un capitalismo desbocado, ¿no es cierto? —le dije.
—Bueno, pero la Gran Depresión tuvo una larga duración y podría haber durado menos. He escuchado que duró una docena de años o algo así.
—Sí, también he leído eso. ¿Por qué duró tanto tiempo?
—Bueno, sé que trató de resolverse con medidas gubernamentales como altas tasas de interés, manejo de la oferta monetaria, cierre de fronteras a importaciones y aumentos da impuestos. Incluso sé que se quemaban cosechas para elevar precios.
—Sí, algo así, aunque no soy un experto en la Gran Depresión. Lo que me parece interesante es que todas esas medidas prolongaron la depresión. Otras depresiones anteriores duraron muy poco.
—Bueno, pues creo que es lógico que el gobierno de Hoover y el de Roosevelt hayan intentado remediar la depresión. No podían quedarse con los brazos cruzados —dijo la persona.
—Una expectativa natural y muy humana, pero mi punto es si esas medidas tuvieron éxito o no. Dada la duración de la crisis me parece que su éxito puede ser cuestionado con fundamento.
—Entiendo lo que dice.
—No he dicho gran cosa, pero sí he preguntado y eso es lo que creo que tiene beneficios. Sobre todo eso de si antes de la Gran Depresión había o no un capitalismo desenfrenado. Si no lo había, entonces no puede ser ese el culpable. Averiguarlo es una obligación moral.

La conversación resumida me permite mostrar un mecanismo de asignación de culpas y responsabilidades que es muy común —y que, por uso y costumbre intelectual, política y académica, termina culpando a los mercados libres.

La Gran Recesión en 2008 recibió el mismo tratamiento de asignación de responsabilidad —fue el capitalismo el que la provocó.

La acusación puede ser probada con facilidad demostrando que el período anterior fue uno de libres mercados sin frenos ni manipulación estatal, lo que mucho me temo es imposible.

Una nota de ayuda

Una visión fascinante del tema está en Las lecciones de la Gran Depresión del que hago la cita siguiente:

«La recesión que comenzó en 1929 podría haberse superado en un par de años, como pasó en anteriores crisis similares, de no haber sido por los errores que se cometieron en las tres fases restantes. Estos errores esencialmente retrasaron el reajuste que tenía que producirse en la estructura económica, y generaron un ambiente de ‘incertidumbre estructural’ (regime uncertainty en la original expresión de Robert Higgs. Ver “Bibliografía”) que obstaculizó la inversión privada hasta el final de la guerra.
«Un ejemplo de corta recesión sería la que EE.UU. sufrió entre 1920-22, donde los efectos iniciales sobre empleo y producción fueron incluso más negativos que tras el Crack del 1929. Pero la respuesta del gobierno fue radicalmente diferente: en vez de tratar de estimular la economía a base de gasto público y políticas monetarias expansivas, se redujeron impuestos, gasto y deuda pública, y se dejó que el mercado arreglara el desaguisado».

Cómo evitar depresiones económicas: lo aprendido de la Gran Depresión

Existe una medicina que remedia la cruda —ese terrible malestar al día siguiente de una noche de excesos—, es un remedio perfecto que cura el 100% de las crudas o resacas: no beber en exceso.

La lógica es absoluta y si ella resulta decepcionante es sólo porque lo que se desea es tener el placer de los excesos sin sus consecuencias.

No se puede. La misma manera de pensar aplica a las depresiones económicas: sí, existe una manera de evitarlas y ella es conocida. Todo lo que basta hacer para evitar una depresión económica es evitar tener un boom económico —al boom sigue la depresión como la borrachera  antecede a la resaca. Eso se ha aprendido de la Gran Depresión y de toda otra crisis.

La depresión o recesión es el ajuste que se hace para recuperar la normalidad que es la que debía predominar —el boom fue más o menos equivalente a la alegría derivada del consumo de alcohol: todo va muy bien hasta que llega la cruda y ella es inevitable. Tarde o temprano, la crisis se hará presente.

El papel del alcohol en la economía lo juega la ampliación de la cantidad de dinero, por el medio que sea —todo eso que puede evitarse cuando el dinero logra ser manejado con un sistema ideal y posible, el de tener un respaldo total en reservas, como oro.

La receta así de sencilla —para evitar tener una depresión todo lo que se necesita es evitar un boom—tiene la apariencia de ser demasiado simple. No lo es y viene de un gran libro, el de Rothbard, Murray Newton, Man, economy, and state; a treatise on economic principles.

Está escrito por Rothbard con esa misma sencillez. A eso puedo añadir otra pieza de información: la depresión variará en duración dependiendo de las acciones gubernamentales —cuanto menos haga el gobierno para remediarla, más breve será.

Un boom económico es una situación artificial. Es un crecimiento falso ocasionado por la manipulación del dinero que se hace más abundante y eso manda señales equivocadas a los inversionistas que deciden invertir más de lo que sería conveniente —así se crean demandas falsas de bienes que elevan los precios y hacen ver después de cierto tiempo que las decisiones de inversión no eran buenas.

Inevitablemente llega el momento de abandono de inversiones y lo que con ellas se había creado sin base sólida.

El problema es sencillo de comprender y lo sería aún más si todo sucediera en corto tiempo —la artificialidad de producir un boom sería fácilmente comprendida por todos si en unos pocos días o semanas, se produjera la crisis.

Pero el problema radica en eso precisamente: el tiempo que transcurre entre el inicio del boom y la crisis puede ser muy largo, de muchos meses quizá pocos años, que es lo que impide a muchos reconocer la relación causa-efecto entre el boom y la crisis. Otra de las cosas aprendidas de la Gran Depresión.

Ese largo tiempo es lo que en muchas mentes poco entrenadas hace difícil la conexión entre ambos fenómenos —una cualidad que permite a los gobiernos adjudicarse méritos que no poseen y acusar a gobiernos de culpas ajenas.

Un boom puede ser iniciado por el gobierno A que termina su período antes de que la crisis se presente; la crisis se presenta en el tiempo del gobierno B, que es acusado de lo que no es culpable. Por este mecanismo es que se hace probable que el electorado de un país vote por el regreso al poder del real creador de la crisis.

Una economía libre, manejada según claros principios liberales, no tendría ni booms ni depresiones porque en ella el dinero no será manipulado —no sería manejado por la autoridad a su conveniencia para lograr que los gobernantes logren un boom y sean considerados buenos gobiernos por hacer, paradójicamente, lo que no deben hacer.

Lo aprendido de la Gran Recesión es que la mejor economía es la que se deja libre, en manos de las personas y sus decisiones, bajo las reglas que un gobierno razonable aplica.

Por eso, cuando las personas califican a un gobierno de acuerdo al desempeño que durante su tiempo tuvo la economía, cometen una falla seria: es posible que ese desempeño bueno o malo de la economía no haya sido obra del gobierno actual, sino del anterior y olvidan que la peor economía posible es una manejada por un gobierno.

Lo aprendido de la Gran Depresión: cosas que no deben hacerse

La siguiente es una lista de qué no hacer para remediar una depresión. Esta sustentada en el entendimiento de que la crisis está conectada causalmente con el período de expansión anterior: el boom económico es la etapa anterior a la etapa siguiente, la de la recesión o depresión económica.

Son cosas aprendidas de la Gran Depresión. La lista que sigue está tomada de la obra de Rothbard, Murray N. America’s Great Depression. pp 26.

Es admirable cómo la lista de lo que no debe hacerse para remediar la crisis describe exactamente lo que que suele hacerse. A la lista original he hecho agregados personales que son mi responsabilidad.

1. No debe evitarse la liquidación o quiebra de empresas.

Es un error mantener vivas a empresas inviables. Ella toman recursos que necesitan los negocios sólidos y con buenas bases de crecimiento. Los llamados a que los bancos presten de nuevo con facilidad deben evitarse también.

Es necesario entender que se está en un momento de ajuste y regreso a la realidad —un momento en el que no conviene mantener las misma políticas que crearon la expansión irreal anterior a la crisis. Es una etapa de corrección que no debe retirar fondos disponibles a empresas sólidas.

2. No debe provocarse más inflación, ni crear más dinero.

Hacerlo impediría la mejor opción de dejar que los precios bajen y la economía se ajuste. Impedir que los precios se reduzcan, prolongará la depresión. Si se mantiene la expansión del crédito, seguirán tomándose malas decisiones de inversión, que fue lo que ocasionó la crisis. Más dinero fácil es un error.

El remedio no puede venir de las mismas políticas previas, las que causaron la expansión —eso sería no comprender la naturaleza real de la recesión o depresión: no puede apagarse el fuego con la misma gasolina que lo produjo.

3. No deben mantenerse altos los salarios, mucho menos elevarlos

Otra de las cosas aprendidas con la Gran Depresión. Hacerlo provocará desempleo sustancial y masivo. Si los precios bajan también, el poder adquisitivo no se altera significativamente. Esto es lo más difícil de hacer entender a los gobernantes.

Si las medidas gubernamentales elevan los salarios, el precio del trabajo sufrirá una disminución de su cantidad demandada —eso se llama desempleo provocado y sistémico, que fue lo que se hizo en la Gran Depresión y lo que hizo López Portillo en 1982.

Lo mejor que puede pasar es dejar flexibles los sueldos durante el tiempo que tome el ajuste —y que será menor a lo que sucedería si se hace lo opuesto.

4. No elevar los precios

Hacerlo creará excesos de inventarios. Esto es un trauma sentimental para muchos —es el temor a la deflación, es decir, la reducción generalizada de precios. La verdad es que más que deflación debía llamársele un regreso a la realidad.

Ir en contra del regreso a la realidad es no entender la naturaleza de lo que creó la crisis y que fue la creación de una situación artificial económica que necesita corregirse.

5. No estimular el consumo y no penalizar el ahorro

Hacerlo sería ir en contra de lo que debe hacerse para remediar con velocidad el ajuste al reducir la cantidad de ahorro y capital. Por eso, elevar los impuestos a los ingresos es indebido, porque desestimula la inversión y el gobierno gastará sus ingresos en consumo.

En tiempos de crisis se comete uno de los errores más serios, el de creer que el ahorro es negativo porque significa una disminución de la demanda, pues se cree que ella es la que crea a la oferta —la realidad es la opuesta y el estímulo artificial de la demanda, por ejemplo a través de un gasto gubernamental, es en realidad volver a hacer lo mismo que antes, cuando se creó la expansión irreal.

6. No subsidiar el desempleo

Hacerlo, prolongaría al desempleo, retirando incentivos a la búsqueda y aceptación de empleos disponibles. Es otro de los temas más emotivos que hace que las mejores intenciones compasivas produzcan daños sustanciales a las personas. Una de las arduas cosas aprendidas en la Gran Depresión.

Además, esos planes de ayuda al desempleo, parten de la misma promesa falsa que cree que lo que debe hacerse es estimular el consumo —no debe hacerse si es que se quiere tener un remedio a la crisis, rápido y de fondo.

Conclusión: lo aprendido de la Gran Depresión

De lo anterior saco una conclusión que creo que arroja luz en el entendimiento del por qué no se hace lo que debe hacerse y se hace lo que no debe hacerse.

La lista de las seis cosas que no deben hacerse para resolver una depresión económica es también otra lista, la de las cosas que sí deben hacerse para que el gobernante cree una buena imagen ante la mayoría de los ciudadanos —la imagen positiva de Roosevelt en estos tiempos es una prueba de esto: el gobernante estará inclinado a hacer lo opuesto de lo que debe hacer si ello le produce una buena imagen y esa imagen será sostenida por muchos ciudadanos.

La lista de los ‘nos’, de Rothbard, contiene dos facetas interesantes.

Por un lado, es una lista racional de cosas que deben evitarse y de esa manera abreviar la crisis —y por el otro, es una lista de medidas con una apariencia de dureza y frialdad, como la que tiene el médico que en verdad quiere sanar a su paciente.

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Y unas cosas más…

Es obligado ver:

El ciclo económico según los Austriacos

Otras ideas relacionadas:

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[La columna fue revisada en 2020-07]