libre mercado

¿Qué es competencia económica? La definición de competencia económica —o concurrencia económica— tiene expresiones conocidas.

Definiciones de competencia económica

Ella ha sido definida con claridad:

«En economía se dice que existe Competencia cuando diferentes firmas privadas concurren a un Mercado a ofrecer sus productos ante un conjunto de Consumidores que actúan independientemente, y que constituyen la Demanda». eco-finanzas.com

O también de esta manera:

«La competencia económica significa rivalidad entre empresas que participan en un mercado aplicando sus mejores estrategias de manera que pueden minimizar sus costos, maximizar sus ganancias y así mantenerse activas e innovadoras frente a otras empresas rivales». coparmex.org.mx

Los elementos de la competencia económica

Con componentes reales, sin embargo, esas explicaciones adolecen de ser incompletas. Los elementos siguientes darán una mejor idea de qué es competencia económica.

• La competencia económica es un derivado natural y lógico de los mercados libres. Es decir, intercambios voluntarios entre personas.

• Ella presupone la existencia de derechos de propiedad personal sobre los bienes que se intercambian. Más un régimen legal que respete y apoye a ese derecho de propiedad privada.

• Presupone también la existencia de división de trabajo o especialización de personas que producen ciertos bienes en cantidad tal que están dispuestas a intercambiarlos por bienes que ellas no producen pero necesitan.

• La competencia económica requiere la existencia de dos o más oferentes de productos similares aunque no idénticos. Es decir, bienes que sean substituibles entre sí.

• Necesita la existencia de un marco legal que respete el derecho de entrada de las personas a la producción de bienes que ellas decidan según su propia voluntad. Y también, la decisión de retirarse de esa producción si lo desean, administrando esa producción de manera libre.

• La competencia económica tiene una justificación sólida en su principal consecuencia: la creación de incentivos en los productores para reducir precios, elevar calidad, aumentar variedad y mejorar/desarrollar productos.

• En un mercado libre, el poder final de decisión del intercambio se coloca en los compradores y la valoración que ellos hacen de los productos que desean.

La libertad es la clave

El punto clave de la competencia económica se encuentra en la libertad de las personas para producir y vender lo que ellas deseen de la manera en la que prefieran.

Esto es lo que produce un número de «competidores» por la preferencia de los compradores. Como en los mercados populares o en los supermercados.

Esa preferencia es buscada por los productores de distintas maneras, siendo la competencia de precios la más obvia de ellas. Los productores más exitosos son aquellos que deciden dar el mayor valor percibido por los consumidores.

Varias clases de competencia económica

Este tipo de competencia por precio tiene ejemplos muy claros en las actividades de los supermercados y las ofertas que hacen reduciendo sus precios.

También puede existir competencia en aspectos que no son precios, como alta calidad a un precio mayor. O bien, productos nuevos, altamente innovadores, a precios variados. También, servicio y atención al comprador. Artículos de lujo y muy exclusivos y otros más.

En resumen

La preferencia por el productor está sustentada en dar al comprador un bien que sea considerado por este último como algo que tiene un valor superior a la cantidad de dinero que tiene como precio.

Dada la subjetividad de esa valoración, los compradores pueden ser agrupados en segmentos entre los que los productores seleccionan sus objetivos.

Existe competencia económica cuando las personas tienen la libertad de entrar, administrar y salir de mercados para los que producen o dejan de producir bienes.

Esta es la clave de la libre competencia, el que no existan trabas artificiales de entrada, administración y salida, como prohibiciones legales y obstáculos gubernamentales. Si se impide la competencia se anula la libertad personal.

Esa libertad de entrada, administración y salida es lo que impide la formación de monopolios. Ellos solamente pueden existir cuando el gobierno impide la entrada, la administración y la salida libres.

Una aclaración final

Por último, una consideración sobre el elemento de «rivalidad» que se asocia a la competencia económica —muy ligada a veces con el dumping.

El calificativo llega a extremos cuando se habla de «competencia salvaje». Una expresión genérica que usualmente reprueba la reducción extrema de precios, lo que se presupone que persigue arruinar a los otros productores y llegar a una situación de monopolio en la que podría ya elevar los precios y explotar al comprador.

Esto es lo que produce una mentalidad gubernamental basada en la noción de «competencia desleal» de la que se pretende defender al comprador y que se manifiesta en limitaciones a la entrada, la administración y la salida del mercado, incluso a la toma de decisiones orientadas a lograr preferencia del comprador y que beneficiarían a este último.

La defensa gubernamental de la competencia, basada en ideas equivocadas, produce efectos colaterales indeseables, como el prohibir al mismo tiempo vender a precios bajos, vender a precios altos y vender al mismo precio.

Y unas cosas más para los inquietos…

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¿Y la competencia perfecta?

La afirmación de que nunca podrá existir una situación de competencia perfecta —la que es cierta—, acostumbra llevar a una conclusión contraria a la lógica: recomendar la formación de un monopolio estatal como solución, o bien introducir medidas intervencionistas.

Para comprender la noción de competencia perfecta, debe acudirse a sus elementos:

  • Todas las empresas producen productos idénticos.
  • Ninguna de ellas puede controlar o manipular el mercado.
  • No hay grandes diferencias de tamaño entre ellas y son de pequeño tamaño.
  • Todos los compradores conocen todo acerca de esas empresas y sus productos.
  • Existe total libertad de entrada y salida del mercado por parte de las empresas.

Todo el concepto es teórico —reuniendo una serie de características que tienen una nula probabilidad de tenerse conjuntamente en la realidad.

📌 El punto que quiero señalar en este momento es el de la inutilidad que tiene la crítica de que en la realidad nunca podrá tenerse una situación de competencia perfecta y de que, por esa razón, se justifica la intervención estatal en la economía, incluso un monopolio.

Es ridículo tomar una situación a todas luces imposible y por eso afirmar que que ya que ningún mercado libre puede ser perfecto, entonces el gobierno debe intervenir para alcanzar esa perfección —la que por supuesto, también es imposible.

Es teoría

Un modelo teórico de competencia económica perfecta es una simple ayuda para el razonamiento —para entender lo que tenderá a pasar en un mercado libre con competidores, o bien en un mercado sin competencia.

Eso tiene utilidad. Sirve para pronosticar que en un mercado libre, con varios competidores —incluso con dos solamente—, los precios tendrán una tendencia a reducirse. Y, lo contrario, cuando exista un solo productor, los precios tenderán a subir.

Se trata de ayudas mentales para comprender mejor al comportamiento económico —como cuando se entiende que si se reduce la cantidad disponible de un bien, su precio tenderá a subir; y viceversa.

No se trata de hacer una predicción exacta, sino de una tendencia general aunque pueda haber alguna excepción.

Insisto en mi punto central: tomar como ayuda analítica a un modelo teórico que parte de una hipótesis irreal, como la de competencia perfecta, no invalida los resultados generales que de él puedan deducirse: como el efecto en precios de la competencia.

Resulta igual otro caso similar, el de la suposición de decisiones económicas racionales —una situación que también resulta de ayuda para obtener conclusiones sobre la conducta de las personas.

No significa suponer que en realidad las personas son capaces de los más refinados cálculos económicos, pero sí quiere decir que en lo general ellas tenderán a actuar racionalmente pero con posibilidades de errar.

Además, cabe la otra opción, la de si es más realista suponer que las personas actuarán siempre de manera tonta y absurda —lo que es aún más irreal.

Es decir, criticar la hipótesis del homo economicus porque él no existe, es un esfuerzo sin provecho. Todos saben que no existe, incluso los economistas que en algún modelo se ayudan con esa suposición.

«No es necesario que exista un mercado totalmente libre para que los beneficios de la competencia se muestren empíricamente, ni el mundo fantástico de la competencia perfecta tiene que ser creado para sentir los beneficios de la competencia». Snowdon, Christopher. Selfishness, Greed and Capitalism. Institute of Economic Affairs, 2015

Los modelos económicos, como el de la competencia perfecta, permiten deducir hallazgos teóricos que pueden ser comprobados empíricamente más tarde —para comprobar después que, por ejemplo, una rebaja de precios en una tienda elevó la cantidad comprada.

Más aún, los modelos de comportamiento racional permiten detectar desviaciones de los pronósticos y, por eso, conocer las variables en las que la conducta se ve afectada por otras variables —lo que quiere decir que jamás se ha supuesto que las personas puedan hacer cálculos perfectos.

«… un modelo que presupone que la gente intenta seleccionar los mejores medios para lograr sus objetivos tienen más poder de predicción y explicación que cualquier otro». ibídem

Resumen

Todo lo que he intentado hacer es hacer ver que los modelos teóricos —irreales y utópicos— que se usan en Economía tienen utilidad por los hallazgos que permiten descubrir a pesar de su falta de realismo.

Criticar el modelo irreal porque es irreal es como criticar a un bolígrafo porque con él puede escribirse —y mucho menos puede justificarse la intervención estatal diciendo que es imposible que exista competencia perfecta.

[La columna fue actualizada en 2020-06]

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Crítica a la “ley de defensa de la competencia” por Jesús Huerta de Soto