Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Deuda Social?
Leonardo Girondella Mora
15 junio 2016
Sección: DERECHOS, EDUCACION, Sección: Asuntos, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en: ,


La definición de «deuda social» es difícil y ambigua, con una variedad de elementos que no facilitan su precisión —una noción que intento explorar en lo que sigue.

Primero, tomo algunas ideas del significado de «deuda social» —por ejemplo, esta de carácter popular

«Deuda social es la que existe con los pobres e indigentes. Con los alumnos sin clases, con los maestros mal capacitados y mal pagos, con los hospitales saturados de necesitados y médicos insuficientes y mal pagos»

En otra parte, se dice que

«[…] la disminución de la deuda social, entendida como el deber de cooperar activamente para reducir las privaciones y carencias que afectan el derecho a una vida plena y digna, en un contexto de libertad, trabajo e igualdad de oportunidades y progreso social».

Se comprende también como se dice aquí:

«[…] la reiterada deuda, compendia el cúmulo de necesidades insatisfechas de la población, unas veces por acción y otras por omisión. Como se trata de un crédito a favor de la población, hay que retrotraerlo en el tiempo, y extenderlo hasta la fecha de hoy».

En otra parte se hace una cita sobre el concepto y se añaden ideas:

«”La deuda social se compone de privaciones que ponen en grave riesgo el sostenimiento de la vida, la dignidad de las personas y las oportunidades de florecimiento humano” […] como una acumulación de privaciones y carencias en distintas dimensiones que hacen a las necesidades del ser personal y social. En otros términos, como una violación al derecho a desarrollar una vida plena, activa y digna en un  contexto de libertad, igualdad de oportunidades y progreso social».

Por último, una definición más simple

«La Deuda Social está constituida por todas las normas incumplidas, programas fallidos e inequidades generadas por el Estado peruano manejado en forma corrupta y, en la mayor parte de los rubros, incompetente durante los últimos 30 años».

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De las definiciones de «deuda social» anteriores, es posible encontrar algunos componentes explícitos o implícitos —los que intento registrar en lo siguiente:

• Un acreedor a quien se debe algo y que es entendido en varias facetas como personas con privaciones, sin vida plena, pobres, con carencias, cuyos derechos se violan —en general, posiblemente capaces de ser definidos como pobres. Un sujeto colectivo.

• Un monto que forma la deuda, definido como necesidades no satisfechas, derechos no respetados, privaciones pasadas y presentes —posible de definir como el «derecho a desarrollar una vida plena, activa y digna en un  contexto de libertad, igualdad de oportunidades y progreso social».

• Un deudor no bien determinado ni definido, a veces referido al Estado que incumple sus deberes o bien, alguien impreciso que podría entenderse como a la sociedad en general —posiblemente el gobierno más los segmentos más ricos de la población.

• Una relación deudor-acreedor que se entiende como obligatoria —se reclama que es imperativo que el deudor impreciso pague la deuda al acreedor colectivo sin identificar.

• Un componente de tiempo que hace referencia al atraso en el pago de esa deuda y que haría necesario calcular pagos por el retraso y cuyo monto específico se desconoce.

• Un carácter colectivo claro, por el que el deudor y el acreedor son sujetos comunales sin personalizar como sucedería en el caso de deudas normales —lo que hace imposible determinar quién debe dar cuánto a quién.

• Una indefinición que permite un uso variado que produce inutilidad conceptual —tanto puede usarse para exaltar el pago de pensiones atrasadas, como un asunto internacional, la «deuda que los países del Norte adeudan a los del Sur por los efectos sociales que las actuaciones de sus gobiernos, empresas y ciudadanos han producido y producen en los países del Sur».

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De lo anterior, concluyo que la noción de «deuda social» es un concepto inútil y sin sentido práctico, por razones de su vaguedad e imposibilidad de cuantificarse especificando sujetos claros responsables de uno y otro lado.

La «deuda social» es más bien una resultante de un manejo lingüístico que persigue agregar sentimientos y emociones sustituyendo razonamientos —no esencialmente distinto a lo que se logra con la expresión «justicia social» que puede significar todo para todos —desde un sacerdote hasta un activista y un político en campaña, o un académico, cada quien lo interpretara a su gusto.

La expresión es, por tanto, un recurso retórico de utilidad ideológica y uso político redituable de significado múltiple, cuyo peligro radica en un punto oculto que es un efecto colateral indeseable: promueve la expansión del poder gubernamental y concentra demasiada autoridad en los gobernantes.

Lo peor de la expresión, sin embargo, es la sustitución del lenguaje que ella produce. En lugar de hablar de virtudes y obligaciones morales, como la compasión, la caridad, la piedad, la misericordia y el amor, produce el olvido de ellas y adopta una posición indefinida y sin sentido personal —hace que la persona ignore sus responsabilidades convirtiéndolas en algo colectivo en lo que ella poco o nada tiene que ver.

Nota del Editor

La columna de Girondella me recordó el doloroso caso de un sacerdote que olvidó por completo a virtudes cristianas como caridad y justicia, para adoptar creencias como la de la deuda social.

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