Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Hipoteca Social?
Leonardo Girondella Mora
22 junio 2016
Sección: ETICA, Sección: Asuntos, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en: ,


La definición de «hipoteca social» presenta la dificultad de otras expresiones similares —esas que añaden el término «social» con un efecto colateral de indefinición, como sucede también con «deuda social».

Para lograr un entendimiento preciso de la expresión, lo que primero hago es citar algunas de sus concepciones —por ejemplo, esta de una universidad mexicana:

«”Tengo claro que tenemos una hipoteca con la sociedad. No se vale permanecer con los ojos cerrados ante la realidad. Se tiene que hacer lo que sea necesario para beneficiar y elevar el nivel de vida de las personas. Todo mundo tenemos que pagar esa hipoteca social”, así lo aseveró David Noel Ramírez Padilla, Rector del Tecnológico de Monterrey».

En otra parte, el mismo autor menciona a los principios fundamentales de la «hipoteca social» :

«Destino universal de los bienes, todos deben poder disfrutar de los bienes. Subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes. El bien común permite que las organizaciones y las personas sean plenas y se realicen».

En esta otra parte se dice que:

«Por hipoteca social se entiende la deuda que se tiene con la sociedad y que se debe a la propiedad privada. […] El enorme conflicto que se vive hoy en las sociedades de consumo, producto de los ideales liberales y capitalistas es que la propiedad privada en lugar de ser un camino para la caridad y la solidaridad, se ha establecido como una ruta de ambición y desorden social en donde el que tiene más es “mejor”».

También hay una definición con tono ecológico:

«¿Qué hemos hipotecado entonces? Nada más y nada menos que el planeta y nuestros recursos naturales, nuestro activo más valioso».

En otra parte, hay un elemento religioso:

«[…] cuando Juan Pablo II ha recurrido a este concepto de la “hipoteca social”, como él mismo lo explica, desea poner de relieve aquel principio fundamental de la Doctrina social de la Iglesia. Los bienes deben servir “a la destinación general que Dios les ha dado”».

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De lo anterior es posible destilar algunos elementos esenciales de la expresión «hipoteca social» —lo que intento hacer a continuación:

• La expresión hace referencia clara a la propiedad privada, a la que no necesariamente reprueba ni intenta abolir, pero frente a la cual presenta posiciones ambivalentes que pueden desvirtuarse.

• Incluye un elemento de deber de la comunidad de propietarios hacia la sociedad — a los que coloca frente una colectivización de los beneficiarios que impide identificarlos lo suficiente como para identificar a ninguno.

• También contiene un propósito de ayuda o caridad hacia los pobres a quienes debe ayudarse para mejorar su vida —un deber que asigna centralmente al propietario.

Quizá la mejor manera de comprender a la «hipoteca social» sea la de hacer referencia a la compasión y ayuda que tienen obligación de realizar quienes son propietarios —su deber de usarlos también como instrumentos de ayuda.

Eso es lo que me hace preguntar cuál es la necesidad de crear un concepto complejo y vago, de múltiples usos, a veces incorrectos, cuando simplemente puede hablarse del deber de ayudar a los más necesitados —una obligación moral personal de quienes tienen más.

No entiendo el porqué de complicar las cosas innecesariamente con el riesgo de desvirtuar un deber personal moral, abriendo la puerta a interpretaciones que pueden convertirse en ataques al derecho de la propiedad y expandir el poder gubernamental —lo que lastimaría a las personas mismas a las que debería ayudarse.

En resumen, encuentro que la expresión tiene escaso valor para enfatizar su intención y se presta a confusiones indeseables.

Addendum

Una muestra de la inutilidad del concepto de «hipoteca social» es esta propuesta sobre quiénes y cómo pagar tal hipoteca:

«Gobernantes: Que se comprometan a que se tenga un Estado de Derecho, a actuar éticamente, a erradicar la corrupción.

«Políticos: Que seleccionen candidatos con pasión de servir […]

«Empresarios: Que se involucren en dar respuesta a los desafíos de su comunidad.

«Organizaciones de la Sociedad Civil: Que promuevan una ciudadanía participativa y activa […]

«Instituciones educativas: Que tatúen en sus estudiantes que el pago de la HS no es una opción, es una obligación […]

«Intelectuales: Que generen conciencia a través de escritos y participaciones en foros de la importancia del pago de la HS.

•«Familias: Que asuman el compromiso de tatuar en sus hijos los valores […] Que participen con sus hijos en proyectos de solidaridad.

«Iglesias: Que transformen el enfoque sacramentalista a uno donde se haga hincapié en que lo importante es servir a los demás, y que seremos juzgados por el servicio a los demás […]

«Medios de comunicación: Que se comprometan a informar siempre la verdad, que internalicen que lo que lastima y daña a la sociedad no es que se diga la verdad, sino la manera en que se dice […] Que promuevan valores, no antivalores.

«Personas en condiciones marginadas: Que renuncien al asistencialismo que solo incrementa su pobreza. Que huyan del clientelismo político y religioso de aquellos que solo quieren conquistarlos para sus fines».

Llamar «hipoteca social» a un desiderátum como esta lista de ideales es innecesario —cualquier deber de cualquier persona podría llamarse hipoteca social sin que eso añada valor al deber, quizá todo lo opuesto.

Me parece que, adicionalmente, esta expresión contiene un error fundamental, pues enfatiza a la propiedad como gravada por esa hipoteca social cuando en realidad esa propiedad es una cosa inerme que no puede ser sujeta de un juicio moral —quien tiene el deber y la obligación de ser compasivo es la persona.

Hablar de que «sobre toda propiedad privada pesa una hipoteca social» es desafortunado porque la obligación de ayuda pesa sobre la persona que posee los bienes, no sobre estas propiedades.

Nota del Editor

No resisto añadir algo a la columna de Girondella sobre el peligro que conllevan conceptos tan infructuosos como el de la hipoteca social: con un significado tan ineficaz, la expresión se convierte en un instrumento de gran utilidad para el discurso político que justifica políticas de redistribución.

La idea de la «subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes» que en sí misma es valiosa mientras se entienda como una obligación personal que solo puede existir cuando hay propiedad privada, presenta una tentación irresistible para la implantación de políticas redistributivas que anularán el potencial de la propiedad privada para crear riqueza que ayude a los necesitados.

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