Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué Sientes?
Eduardo García Gaspar
30 marzo 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La pregunta ha cobrado cierta popularidad. Apela a los sentimientos, a las emociones.

No es que esto sea malo, lo que sucede es que es incompleto. Los sentimientos no lo son todo y, sin embargo, sin mucho darnos cuenta han tomado un lugar que no deben.

No hace mucho que un conferencista, queriendo con su audiencia reflexionara sobre su tema, les hizo preguntas:

«En el camino a tu trabajo, viendo a la gente que te rodea, ¿qué sientes? ¿qué crees que ellas sientan?»

La exaltación del sentimiento llega a un punto culminante en una poesía:

«Conozco el dolor que sientes cuando piensas en las mujeres que se venden a sí mismas para alimentar a sus hijas e hijos. Conozco el dolor que sientes cuando hablas de la gente que no tiene comida, ni vestidos, ni hogar.  Conozco el dolor que sientes cuando ves al rico volverse más rico y al pobre más pobre».

O bien, el sentimiento es usado como un instrumento de protesta:

«Los Obispos del Sur de España han denunciado hoy a través de un comunicado la “intolerancia” de dos profesores de un instituto de Zújar (Granada) por obligar a la profesora de Religión del centro, compañera de departamento, a retirar dos símbolos religiosos con los que se sentían “ofendidos”».

En fin, podemos estar razonablemente seguros del mayor empleo de los sentimientos y las emociones en el campo de las discusiones y argumentaciones. Peggy Noonan lo ha tratado muy bien.

Mediante el uso de sentimientos se perciben ataques que originan acusaciones de sexismo, racismo, clasismo, lo que usted quiera. Concretamente, se trata del uso de los sentimientos como un instrumento de oposición.

Un muy pequeño comentario de alguien puede lastimar los sentimientos de otro, creando una situación penosa sentimental que lleva hasta la prohibición y censura.

Como dije, no es malo tener sentimientos pero sí lo es cuando se convierte en la base central de discusiones y argumentaciones. ¿Cómo dialogar con alguien que se siente ofendido por una Cruz de David en un sitio público? ¿Qué decir a quien argumenta que un libro ofende a su identidad?

La omisión que es obvia: el instrumento con el que puede dialogarse, argumentar; la razón, el pensar. Un sentimiento solo puede enfrentarse a otro. La razón es la que permite encontrar acuerdos, desacuerdos y llegar a la verdad.

La única posible solución a un choque entre sentimientos es anular uno de ellos, con la meta (imposible) de sentirse seguro de no encontrar más motivos de ofensas a los sentimientos propios. Querer sentirse seguro de no sentirse herido en los sentimientos, más aún, va contra todo sentido de avance y diálogo y discusión.

Usando a los sentimientos se censurará a la libertad de pensamiento, a la originalidad, a la iniciativa. El que alguien diga o haga algo que va contra lo que uno siente podrá generar emoociones negativas, pero eso es buena parte de la vida y, lo mejor, la única manera que conocemos para saber más.

Por supuesto, los buenos modales son un deber, pero eso no puede detener a la libertad de pensar. Piense en un libro como Las Uvas de la Ira y verá que hay cosas que conmueven, indignan, aterran. Querer vivir en una burbuja protectora de sentimientos propios es dejar de vivir.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión en todo esto es la colocación de los sentimientos en un lugar que no merecen y los efectos que esto tiene, especialmente uno: la anulación de la razón, de la posibilidad de opinar, valorar, enjuiciar, criticar, investigar.

Sin menospreciar otro: la educación de muchos en una doctrina de la irrealidad y la mediocridad que renuncia a la razón y tiene como ambición la protección contra aquello que es una amenaza sentimental.

Esto es la capacitación de personas educadas para el reclamo, la demanda, la lamentación y la queja; imposibilitadas de pensar, analizar, indagar y reflexionar. Cuya ambición máxima es correr en busca de un protector que tenga suficiente poder para callar a aquel que hiere sus sentimientos.

Cuando usted abandona a la razón, deja de tener sentido el intercambio de opiniones, y la sociedad entera se abandona a los caprichos de ese que se erija en la agencia protectora de sentimientos.

Un ejemplo es muy actual. La persona que critica, se opone, o especula sobre la inconveniencia de redefinir al matrimonio/familia para incluir a personas del mismo sexo, suele enfrentar reacciones sentimentales, como la acusación de homofobia.

Post Scriptum

Por supuesto, si alguien critica al feminismo, la acusación sentimental que recibe será casi inmediata, «machista».

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