Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Razón Práctica y Felicidad
Eduardo García Gaspar
10 agosto 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las personas actuamos. Decidimos y actuamos. Es tan frecuente que no nos damos cuenta.

Examinemos esto un poco más de cerca. Pero para esto, antes necesitamos una idea.

La de la razón práctica.

Ella está bien definida en la Stanford Encyclopedia of Philosophy:

«Razón práctica es la capacidad humana general para resolver, mediante la reflexión, el asunto de lo que uno hará».

El énfasis está en eso de «práctica», connotando que atiende a la acción, al acto que se realiza; pero también en sus consecuencias. Su complemento es la razón teórica, más preocupada con la solución de asuntos abstractos.

Comencemos entonces.

Usted y yo actuamos porque buscamos un objetivo. Tenemos una causa de acción. Queremos conseguir algo. Para lograrlo actuamos usando medios o instrumentos. La decisión necesita conocimientos, típicamente de causa-efecto.

¿Así se simple? Realmente sí, excepto por una cosa, la selección de objetivos y la selección de medios. Para esto es lo que sirve la razón práctica, la orientada a las acciones.

Empecemos por los objetivos de las acciones. Necesitamos criterios que sirvan para elegir entre ellos. Elegir los mejores. Un criterio es el conocimiento: sabemos que el agua quita la sed; un conocimiento de causa-efecto. Sabemos otras cosas: qué hacer para producir alimento, para encender fuego, para cultivar agave; todas relaciones del tipo causa-efecto.

Y, más aún, necesitamos conocimiento para seleccionar los medios para llegar a los objetivos que deseamos: caminar al río con un recipiente para recolectar agua; o bien destilar al agave para producir tequila para abrir el apetito antes de comer y pasarla mejor con los amigos.

Es decir, necesitamos conocimientos para tomar decisiones: conocimiento de fines y de medios. Cuantos mayores sean nuestros conocimientos mejores serán nuestras acciones. Ahora es cuando se presentan facetas que no son tan simples, pues parte de ese conocimiento es eso que llamamos moral.

Para seleccionar fines y medios usamos a la razón práctica y ella utiliza criterios que son conocimiento producto del pensar, del reflexionar. Los fines y los medios son una selección racional. Ninguno de los dos se selecciona con meras emociones y sentimientos. Y ambos presentan limitaciones en su selección.

Para quitar la sed sabemos que sirve el agua, pero no el sarín aunque sea incoloro e insípido. Igualmente, sabemos muchas otras cosas de causa-efecto que limitan los resultados de nuestras acciones. Son criterios que las orientan por medio de la razón práctica. Entre ellos hay criterios morales que indican qué es bueno, qué es malo, qué es mejor, qué es peor.

Es lo que ayuda a seleccionar fines y medios bajo el principio de preferir antes que nada a lo mejor y evitar lo peor. ¿Mejor, peor, con respecto a qué?

Esa es la gran pregunta y el centro de la discusión moral. El asunto de qué es eso que resulta la gran fuente de conocimiento de la que se derivan los criterios que debe usar la razón práctica para realizar las acciones.

Si la respuesta que alguien da a eso es la felicidad personal, eso es demasiado vago y subjetivo. No sirve. Necesita ser algo objetivo, racional, no sujeto a variaciones emocionales. Pero si la respuesta es la felicidad en el sentido de Aristóteles, la cosa cambia y sí tendremos una idea externa y objetiva; una fuente estable de criterios para todos.

O, de otra manera, demos profundidad a la idea de la felicidad, una que vaya más allá de la que tiene un amigo: un yate, brindis con champaña, canapés de caviar, sol y mujeres hermosas. Si vamos más allá, ella puede ser comprendida de mejor forma: la meta final de la vida total; la razón de vivir realizada. Es decir, es algo que se sospecha antes y se entiende mejor al final de la propia vida.

He querido explorar siquiera un poco a la razón práctica y a las acciones que decidimos porque en nuestras acciones podemos conocernos a nosotros mismos y encontrar alguna idea siquiera vaga de lo que creemos que es la razón de vivir. Hacer esto es un ejercicio extremo que lleva a sorpresas la mayoría de las veces.

Post Scriptum

Una buena y breve idea de la felicidad según Aristóteles está aquí (en inglés)

Hay en el fin y en los medios de esta columna, un mucho de la «vida examinada», la idea de Sócrates, explicada muy bien en engonzalogamio,blogspot.com

«Sale a las calles a filosofar con la convicción de que la reflexión sobre la vida buena convertirá a los atenienses en mejores ciudadanos. En lugar de recurrir acríticamente al conjunto de valores y creencias heredados como una guía para la acción, Sócrates propone tomar en serio el ejercicio consistente en dar razón (lógon dídonai) acerca de nuestras opciones y compromisos en la vida. Se propone sacar a los ciudadanos de su letargo invitándolos a examinarse […]»

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