Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Redistribución: Consecuencias
Eduardo García Gaspar
9 febrero 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Quizá sea un problema de suavidad. De demasiadas buenas maneras.

Eso que lleva a no decir las cosas como son. Algo que, con buena intención oculta a la verdad.

Tomo usted un ejemplo:

«Para producir siquiera una medida cruda de igualdad, los gobiernos deben emitir las órdenes siguientes y respaldarlas con multas, castigos, o incluso prisión o fusilamientos: “No sobresalgas ni trabajes más que el otro, no tengas ninguna nueva idea, no tomes riesgos y no hagas nada diferente a lo que hiciste ayer”. En otras palabras, no seas humano».

¿Más claro que eso? No creo que pueda ser más diáfana la crítica a la obsesión igualitaria. Entremos al tema que bien vale una segunda opinión.

Muchas, muy buenas y bien intencionadas personas, han concentrado su atención en la desigualdad económica. No puede negarse que existe, incluso a veces en proporciones grandes. Es mi impresión que tales personas, la mayoría quizá, han perdido una visión más panorámica del asunto.

Me refiero a que ellas han colocado toda su atención en la desigualdad y que esa atención selectiva les ha ocasionado una visión distorsionada. Han forzado a la realidad a acomodarse a su visión selectiva y es así que han definido el problema con una solución automática: la igualación económica.

En otras palabras, han redefinido el problema de la pobreza para comprenderlo ahora como un asunto de brechas de ingreso o de propiedades. El cambio es sustancial.

Si usted define a la pobreza como carencia de ingresos suficientes para tener una vida considerada digna, las soluciones apuntan a formas de promover que esos ingresos aumenten. Se trata de hacer que los ahora pobres tengan la capacidad propia para generar ingresos propios .

Pero si ahora la pobreza se define como desigualdad entre «ricos» y «pobres», deja de tener importancia el hacer que se tenga la capacidad para generar ingresos mayores; y ahora lo que importa es quitarles a unos para darles a otros. La solución es totalmente diferente.

Un ejemplo de esa mentalidad:

«Los que formamos el Encuentro Popular para la Victoria creemos que para que haya menos pobreza hay que trabajar por la distribución de la riqueza».

Se ve con claridad: para que haya menos pobreza hay que distribuir la riqueza. La solución directa y sencilla, que traducido a políticas de gobierno es también directo: pagar más impuestos.

La pregunta que sigue es la obvia. ¿En realidad puede remediarse la pobreza redistribuyendo la riqueza que ya existe? Quitándonos de encima toda influencia ideológica que puede afectarnos, responderla es un asunto vital.

Una manera de darle contestación es examinar sus consecuencias. Una de ellas es la citada al inicio de la columna: igualar ingresos implica la emisión de órdenes aplicables por la fuerza que prohiban esfuerzo extra, trabajo adicional, creatividad agregada; y que promuevan uniformidad, resignación, docilidad.

Eso es la creación de una sociedad en la que se castiga a quien trata de ser mejor y eso es inhumano. En Downton Abby, la serie inglesa, uno de sus personajes lo expresa con acierto:

«Durante años, he visto a los gobiernos tomar el control de nuestras vidas. Su argumento es siempre el mismo: “menos costos, mayor eficiencia”. Pero el resultado es también el mismo. Menos control de la gente, mayor control del Estado —hasta que las zozobras del individuo cuentan ya nada. Por eso es que considero mi deber resistir.»

Habló la abuela de la familia, cuando se opone a que el hospital local sea absorbido por un hospital estatal. La clave está en eso de «Menos control de la gente, mayor control del Estado». Vea usted lo que crea una política de distribución de riqueza:

• Un segmento enorme y en crecimiento de ciudadanos dependientes de lo repartido por el gobierno y dentro de este segmento, un grupo muy digno de ser mencionado: organismos cuyo objetivo es obtener la mayor cantidad posible, por cualquier medio posible, del monto de distribuir.

• Un segmento pequeño y reduciéndose de ciudadanos a quienes se quita su riqueza, dentro del que hay un grupo también digno de mencionar: ese que estará dispuesto a pactar cualquier cosa con tal de que su riqueza no sea afectada.

Por último, un organismo redistribuidor de poder gigantesco, un leviatán burocrático que tendrá el control sobre la gente. Un sistema totalitario de gobierno en una economía estancada.

Estas no son cuestiones ideológicas, es simplemente un reconocimiento de las consecuencias de políticas redistributivas.

Post Scriptum

La cita inicial es de Reed, Lawrence W. 2015. Excuse Me, Professor: Challenging the Myths of Progressivism. Regnery Publishing, en el que se mencionan tres ideas claras:

• Si la gente es libre, las personas serán diferentes, lo que refleja su individualidad. Para hacerlas iguales se requerirá el uso de la fuerza.

• Talentos, trabajo y ahorro son tres de muchas otras razones que explican el tener ingresos diferentes.

• Igualar por la fuerza a la gente hará sentir bien a la gente que quiere igualdad económica, pero dañará a los demás.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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