Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Robin Hood, el Error
Leonardo Girondella Mora
26 mayo 2016
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


El personaje —o mejor dicho, la leyenda— tiene una idea central a la que cobija. Un hombre bueno y heroico que con su banda quitaba dinero a los ricos y lo repartía entre los pobres.

La leyenda es algo que intento examinar en lo que sigue —apuntando primero que ese nombre era muy común en esos tiempos en Inglaterra; y que su existencia no es algo indudable, lejos de eso.

La leyenda actual, sin embargo, tiene los personajes que suelen tener las narraciones que entretienen siempre:

• Los malos, que en este caso son los nobles ricos y la autoridad.

• Los buenos, que son aquí los campesinos pobres.

• El héroe que ataca a los primeros y defiende a los segundos.

Es la estructura esencial que ahora mismo gozamos con las historias de los super-héroes.

Sin embargo, sugiero que Robin Hood ha sido llevado a otro plano de mayor envergadura. En la tesis de la lucha de clases, de Marx, es posible contemplar esa misma estructura con un cambio de nombres: burguesía versus proletariado.

Más aún, en la acción gubernamental redistributiva se encuentra la misma idea central de la acción heroica —el quitar a unos para dar a otros, con el gobierno como héroe supremo.

Sin embargo, el síndrome de Robin Hood que afecta a gobiernos y teorías económicas de siglos posteriores, contiene errores sustanciales de interpretación y que a continuación señalo.

Las víctimas, los buenos de la leyenda, los campesinos pobres, efectivamente eran víctimas de despojos, confiscaciones e impuestos abusivos —pero los «explotadores» no eran los empresarios ni los comerciantes de esos tiempos.

El explotador era la autoridad misma, el gobierno y su policía. Para los campesinos habría sido una gran sorpresa que el gobierno que padecían hubiera tomado el papel de héroe porque era precisamente el gobierno el villano.

Esto es muy seductor: el villano de antaño, el gobierno, gracias a unas manipulaciones teóricas, se ha convertido en el héroe que quita a unos para dar a otros. Igual que antes, el gobierno expolia pero ahora eso se llama labor social.

En la estructura de Robin Hood, los productores eran los campesinos y a esos se desposeía, haciendo necesaria la presencia de alguien que fuera en sentido opuesto —Robin robaba a quienes expoliaban.

Esa función de Robin es, en nuestros tiempos, mucho más parecida a lo que hacen los paraísos fiscales —los que evitan la expoliación gubernamental, pero que asombrosamente son considerados villanos.

Los campesinos de los tiempos de Robin hubieran aplaudido a los paraísos fiscales y más de uno de ellos se hubiera ido a vivir allí. Es curioso que en nuestros tiempos la opinión se haya invertido y se vea al gobierno como el héroe que combate a los paraísos fiscales.

El enriquecimiento que Robin combatía no era el de los campesinos que trabajaban, ni el de los comerciantes que iban y venían, sino el enriquecimiento indebido de la autoridad por medio de impuestos, confiscaciones y similares.

Si en estos días existiera Robin este estaría robando y asaltando a los gobiernos y gobernantes —a todo el que se haya hecho rico estando en el gobierno. Jamás habría Robin robado a quienes producen.

Lo que he tratado de demostrar es un par de cosas.

La leyenda —el mito— de Robin Hood se encuentra dentro de teorías económicas, pensamientos políticos y activismos emotivos que la han interpretado incorrectamente.

Robin Hood no robaba a quienes producían, sino a quienes en el gobierno usaban su poder para confiscar y cobrar impuestos —robaba al villano, y los villanos eran personajes como el sheriff.

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Termino con una anotación pertinente.

Cuando, por error, se piensa que los gobiernos hacen el papel de Robin Hood tendrá que aceptarse que los gobiernos pueden realizar ese papel solo de manera parcial: expoliarán a unos pero no darán lo expoliado a otros —se quedarán con el botín.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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