Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sobre «lo Que no Sigue»
Eduardo García Gaspar
27 abril 2016
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Llega a ser desesperante. Es una forma de discutir que saca de quicio.

Algo que está en la mente del que discute. Algo que es como un salto, un brinco indebido.

Lo ilustro con un caso real.

La persona dijo que Trump es un tipo peligroso. A continuación salieron de su boca una serie de epítetos que no me atrevo a repetir.

Por mi parte, le dije que era curioso el fenómeno de esa persona y que merecía ser examinado más de cerca. A continuación, ella me dijo «¡No sabía que eras partidario del loco ese!»

El caso ilustra ese brinco del que hablo: un comentario cualquiera que no coincida con la opinión del otro hace surgir en este la idea de que se sostiene una opinión opuesta a la suya. Un intento de estudiar a Trump, por ejemplo, fue confundido con una defensa de esa persona.

En otra situación, una persona criticó severamente a un partido político mexicano, el PAN. La persona que la escuchó, exclamó de inmediato: «¡No sabía que eras un partidario del PRI!», el enemigo electoral del PAN. A esto me refiero con ese brinco indebido.

En términos técnicos, esto es un caso de non sequitur, que significa que una conclusión no se sigue de una premisa. O bien, esta definición mejor:

«En lógica, non sequitur (del latín «no se sigue») es una falacia en la cual la conclusión es obtenida de premisas que no están lógicamente conectadas con ella. En sentido amplio, se aplica a cualquier razonamiento inconsecuente. La Generalización precipitada o conclusión desmesurada y la petición de principio son también tipos de non sequitur».

Del hecho de criticar al PAN no puede concluirse que se es partidario del PRI (puede ser, pero también puede no ser). Querer examinar el fenómeno Trump no significa concluir que se es su partidario.

Más enfocados a este caso, se ha dicho que «la gente confunde una defensa parcial de algo con su total apoyo». Querer ver lo positivo en algo lleva a creer, erróneamente, que se apoya totalmente a ese algo.

Pongo otro ejemplo, el de cuando una persona preguntó a otra si era religiosa, a lo que la otra respondió que sí, que era religiosa y practicante. La primera persona de inmediato concluyó que entonces la segunda era «un fundamentalista que quería imponer sus creencias en el resto». Podría ser, pero no hay evidencia alguna que lo pruebe.

No persigo otra cosa que el subrayar esta forma errónea de pensar y que es tan común, sin que propiamente sea examinada.

Los casos son numerosos e incluyen al de otra discusión en la que presencié a uno que fue calificado de «fascista» porque criticó a la «democracia de Cuba».

Algo que revela una faceta de este non sequitur: puede transformarse en un insulto. Usted no piensa como yo, por lo tanto, usted es (llene el espacio con el insulto que desee, como «fascista», «insensible» y demás).

Veamos esto un poco más a fondo, entrando dentro de la mente del que cae en la trampa a la que me refiero. Parece razonable suponer que en esa mente no hay puntos intermedios, ni otras posibilidades, que las de pensar así o estar equivocado.

Esto es muy visible en los fanáticos de fútbol. Si usted no es fan del Real Madrid, entonces es un fan del Barcelona. Es como una especie de polarización simplista que me llevó a una situación penosa hace unas semanas.

Habiéndome declarado escéptico acerca del calentamiento global y enemigo de la idea de que la igualación social remediará los males de la humanidad, mi opositor me acusó de estar «en contra de las enseñanzas del Papa Francisco» y de, por eso, «ser un católico infiel y hereje». La pena ajena me impidió continuar.

En una universidad, hace tiempo, presencié una postura que criticaba a las cuotas de sexo, por las que un cierto porcentaje de mujeres debía ser obligado por ley en las cámaras de legisladores. Quien eso dijo fue acusado de «agresión de género» y sacado del espacio académico. El caso de L. Summers es muy parecido .

Este fenómeno del brinco ilógico es común en el terreno de lo políticamente correcto, donde no mostrar un acuerdo con sus ideas produce la conclusión que no se sigue. Imagine usted al extremo que puede llegarse cuando se piensa de la manera siguiente:

«[…] palabras tales como “gitano” y “oriental” son derogatorias. En su lugar, utiliza “roma” por “gitano” y “asiático” en lugar de “oriental”. Hasta las palabras “novio” y “novia” pueden ser políticamente incorrectas cuando no conoces a la persona, porque ambas asumen la heterosexualidad».

Si usted no está de acuerdo con eso, alguien caerá en el non sequitur, y concluirá que usted es un (incluya aquí su insulto favorito).

Post Scriptum

No resisto la tentación de citar otra vez a la última fuente y sus sugerencias para ser políticamente correcto :

«Evita usar términos explícitamente religiosos […] Trata de evitar cualquier comentario que pueda ofender a los miembros de otra religión o a los agnósticos. Por ejemplo, en lugar de decirle “Te envío mis plegarias” a alguien que está enfermo, podrías decirle “Mis pensamientos están contigo y tu familia”. También es buena idea evitar el uso del término “Dios” o “dios”. Cada grupo religioso tiene nombres diferentes y reglas distintas para mencionar el término».

Me imagino que el non sequitur de lo anterior es el de impedir una clase de teología; censurar un libro que estudie a las Cruzadas. Vea usted el brinco, eso que no se sigue, si usted menciona a algo que la otra persona encuentra una ofensa, no puede concluirse que debe evitarse.

Y si la hay, entonces podría concluirse que dar esos consejos me ofende y que entonces no debían decirse; una conclusión falsa a toda luz.

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