Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Sociedades Cristianas?
Eduardo García Gaspar
23 junio 2016
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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La pregunta fue directa. La hizo una persona respetable e inteligente. «¿Hemos dejado de ser una sociedad cristiana?»

Quienes conversamos sobre el tema estuvimos de acuerdo en decir que no. No hemos dejado de ser una sociedad cristiana, pero estamos en proceso de dejar de serlo.

¿Dejaremos de serlo? Seguramente no totalmente. Podremos, sin embargo, llegar a ser escasamente cristianos (hablábamos de eso que se suela llamar «Occidente»).

El tema tiene sus ángulos y ellos merecen una segunda opinión.

Primero, aceptar que al menos se era una sociedad religiosa, en la que el Cristianismo fue un factor grande; uno de los grandes cimientos, quizá el mayor. Puede notarse eso en las celebraciones religiosas, en el arte, la música y la literatura.

Sobre todo, creo, en el modo de pensar la moral, todo eso de deberes, virtudes, vicios, mandatos, obligaciones; y la promesa del Cielo. Además, es obvio que al preguntar si estamos dejando de ser una sociedad cristiana, se presupone que lo éramos.

Segundo, definir lo de «estar dejando de serlo». ¿Cómo medirlo? T. S. Eliot sugiere en Christianity and Culture  ver el «abandono» de prácticas religiosas. Buen punto. Ver la reducción de, por ejemplo, matrimonios religiosos, bautizos; o el aumento de divorcios.

Cosas como la caída en Polonia de la asistencia a templos. Pero no es solo eso, también hay algo más abstracto.

Tercero, la deserción religiosa personal producto del abandono religioso general. Algo como una caída en el papel de referencia general que tenían las ideas cristianas como guías universales de conducta.

El dejar de usar la palabra ‘pecado’, por ejemplo; o el dejar de pensar en términos de virtudes y vicios; de culpa y arrepentimiento. Más la aprobación de la noción relativista.

Cuarto, el crecimiento de actitudes de desaprobación y desdén a la religión a la que se considera dogmática y retrógrada, algo de lo que la civilización debe liberarse. No desaparece el Cristianismo, sino que se vuelve un enemigo del progreso.

Quinto, en estas etapas suele presentarse una queja general de «falta de valores» frente a la percepción de un aumento de criminalidad y costumbres reprobables. Esto es lo que creo que es más notable en la sociedad. Se percibe cuando se abandona lo espiritual y se abraza lo material.

Incluso los líderes religiosos padecen eso, comenzando a manifestar más preocupaciones económicas y políticas que espirituales; hablan más de la tierra que del Cielo.

No desaparecen las preocupaciones por lo mejor, pero ellas se convierten en un menú de opciones a elegir según la inquietud personal; el activismo social sustituye a los mandatos morales. Quizá sea parte del efecto Nova de Charles Taylor: millares de nuevas alternativas morales sin limitación.

La preocupación por la falta de valores es dirigida hacia el remedio estándar de estos tiempos, la intervención estatal. Presuponiendo que la autoridad política lo puede todo, se asigna a ella la responsabilidad de remediar lo que está mal en la sociedad. Y se le da un modelo de solución: cambiar las estructuras sociales.

Con un cierto sabor a Marx y a sus seguidores, la solución es antes que nada y por encima de todo, la desaparición de la libertad económica (la burguesía para muchos), lo que, se nos dice sin realmente justificarlo, remediará a la sociedad: sus problemas desaparecerán.

Y es que cuando se descarta la espiritualidad que provee la religión, todo se reduce a lo material. Puede detectarse esto en el lenguaje de la sociedad que comienza a aceptar y usar las palabras creadas por las corrientes materialistas y sus formas particulares de «razonar».

La obra de Scruton, Roger. 2015. Fools, Frauds and Firebrands: Thinkers of the New Left, examina ese lenguaje con brillantez.

Finalmente, en mi experiencia, limitada y parcial, el signo más revelado que he encontrado es el de ministros religiosos cristianos, de diferentes denominaciones, usando ese lenguaje nuevo y sin sentido.

Es como una conversión inconsciente al modo de pensar que anula la razón de ser de esos ministros, a los que convierte en activistas involuntarios de eso que los destruirá.

Post Scriptum

Véase Secularismo: Una Definición.

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