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Tipos de Derechos Humanos
Selección de ContraPeso.info
1 abril 2016
Sección: DERECHOS, Sección: AmaYi
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Tener derecho es el reclamo común de estos tiempos y se hace con gran frecuencia sin tener una idea clara de su naturaleza y origen. La respuesta a esto es lo que ofrece Baird: dos visiones muy distintas que crean dos tipos de derechos humanos.

La idea fue encontrada en el capítulo 10, de Charles W. Baird, «¡I Have The Right!», dentro del libro de Reed, Lawrence W. 2015. Excuse Me, Professor: Challenging the Myths of Progressivism. Regnery Publishing.

La exposición del autor inicia mencionando una creencia. La de suponer que los gobiernos, mediante procesos legislativos, pueden crear y extinguir derechos. Por ejemplo, pueden crear el derecho a la educación, o al alimento. O descartarlos.

Es parte de esta creencia el distinguir entre dos conceptos, el privilegio y el derecho. Se toma como privilegio a lo que es posible lograr usando medios propios y se interpreta como derecho a lo que el gobierno otorga usando dinero público sin importar los recursos.

Este es uno de los dos tipos de derechos que el autor apunta. El tipo de derecho que es decretado por actos gubernamentales y que tiene su origen en acuerdos legislativos. Por esta vía será posible crear o negar derechos. Es el tipo de derecho humano artificial, creado por acuerdos legislativos, que puede variar de un lugar a otro y que es satisfecho por el gobierno.

A continuación, Baird apunta otra idea acerca de los derechos, otro tipo de derecho y que no tiene su origen en la votación de legisladores. Ellos son inherentes a la naturaleza humana y toda persona los tiene. Si alguien posee un derecho cualquiera eso quiere decir que todo el resto también lo tiene. Son derechos naturales en contraste con lo artificial del tipo anterior.

Más aún, significa que los derechos son anteriores a los gobiernos, los que no pueden añadir ni restar derechos, pues hacer esto significaría que no son “humanos” sino de otro tipo. No son derechos creados por una cámara legislativa, sino que están en la naturaleza humana y existen lo reconozcan o no los gobiernos.

No solo eso, los derechos humanos, en esta forma de comprenderlos, tienen otra cualidad. Ellos pueden ser ejercitados al mismo tiempo por todos sin que exista contradicción. Esto significa que si una persona reclama un derecho cualquiera y simultáneamente otra persona no puede ejercerlo, eso que reclama no es propiamente un derecho.

Lo que una persona puede ejercer como derecho sin que otra haga lo mismo al mismo tiempo, presenta una situación en la que la primera persona tiene el derecho, pero no la otra. Esto va en contra de la universalidad de los derechos.

El autor propone un ejemplo usando el concepto del derecho al trabajo. Entendido como el reclamo a ser contratado para un trabajo en el momento que se desee, el reclamo impone la obligación en otro, la de ofrecer ese empleo.

La persona en la que cae la obligación de ofrecer el empleo no tiene al mismo tiempo que la otra el mismo derecho a tener trabajo. Más aún, quien tendría la obligación de ofrecer el empleo al que lo reclama, estaría siendo forzado a hacer algo que no necesariamente quiere o puede.

La norma parece clara entonces: podrá considerarse derecho si todos sin excepción pueden ejercerlo al mismo tiempo, sin perjuicio uno de otro.

En cuanto el derecho al trabajo, sin embargo, puede haber otra manera de comprenderlo cumpliendo con el requisito de todos poder hacerlo al mismo tiempo.

Las personas tienen el derecho de vender y comprar trabajo, de emplearse y emplear. Cada persona tiene el derecho a ofrecer sus servicios en sus propios términos y condiciones, lo mismo que el resto simultáneamente y sin afectarse en sus derechos.

Cualquier persona puede trabajar por sí misma y ofrecer su trabajo sin que hacer eso afecte el mismo derecho del resto. Igual que con el derecho a emplear los servicios de quien los ofrezca sin que este último tenga la obligación de aceptar.

El mismo principio puede aplicarse a otros derechos, como el de alimentación, educación, cuidado médico. Ellos se interpretan como el dar comida, clases y doctores y hospitales mediante la acción gubrnamental sin considerar los derechos de otros. Es imposible calificarlos de derechos humanos.

En cambio, como posibilidades iguales para todos, sí se tiene el derecho a ofrecer comprar o vender comida, o educación, o servicios de salud. Puede ejercerse ese derecho o no, pero es posible hacerlo todos sin excepción.

Derechos como la creencia religiosa o la libre expresión, sí pasan la prueba pudiendo ser ejercidos por todos por igual, sin merma uno de otro. Al mismo tiempo y sin afectarse mutuamente, todos pueden ir o no al templo que deseen o expresar sus opiniones, siempre que no exista en los demás otra obligación que la de no impedirlo.

Para terminar, el autor apunta la realidad. Existen dos visiones muy distintas de lo que constituye un derecho humano y ellas son incompatibles.

Si acaso el ejercicio de un derecho reclamado por alguien impone sobre otro alguna obligación más allá de la de no interferir, ese reclamo no puede constituir un derecho real. No puede porque entonces no es universal: solamente es ejercido por uno y no por el otro.

Esa visión, que el autor llama progresista, concibe a los derechos humanos como una lista producida gubernamentalmente, que admite modificaciones y que impone obligaciones a unos y favores a otros.

Se le suele llamar “positivista” ya que impone en unos la obligación de realizar algo que permita ejercer el derecho de otros, como el ofrecerles un empleo. Este tipo de derecho impone obligaciones activas y directas en otros: para que A tenga empleo B debe dárselo, de lo que resulta que B no tiene derecho al trabajo. Esto es solamente un reclamo no justificado de A sobre B.

La otra visión, la llamada “negativista”, niega que exista la obligación de hacer algo más allá de no interferir en el ejercicio de los derechos de los demás, como no impedir que se publique una opinión en Internet.

Según esta visión, también los derechos nacen de la naturaleza humana y no pueden ser producto de las decisiones legales de ningún gobierno. Los derechos existen y son superiores a las leyes, lo que significa que los gobiernos están limitados por los derechos humanos.

Termina el autor con una sugerencia. La próxima vez que alguien reclame y diga «tengo el derecho», debe responder a una pregunta, la de quién tiene una obligación que emane de ese derecho que reclama.

Si esa obligación es mayor que la de no interferir impidiendo que realice ese derecho, deberá también responder otra pregunta: «¿Sobre qué base puedo yo reclamar a otro que su voluntad se subordine a la mía?»

El mérito de Baird es la sencillez con la que explica la distorsión del concepto original de derechos humanos universales hasta ser convertida en algo tan pedestre como la creación de una lista modificable de reclamos según decisiones gubernamentales y que tratan a las personas desigualmente.

Nota del Editor

Una idea parecida fue tratada en 1996, Son de Dos Direcciones, una idea de Henry Hazlitt. También, es muy recomendable Derechos: Esferas Soberanas, una idea de Roger Scruton.

El breve artículo, de 1994, de Baird puede ser leído en “¡I Have a Right!”

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La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

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