Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tres Tipos de Sociedad
Eduardo García Gaspar
25 octubre 2016
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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La sociedad, en realidad, no existe. Lo que existe son las personas. Ellas viven en comunidades, relacionándose unas con otras de mil y una maneras, creando eso que puede llamarse sociedad.

Entonces, la sociedad sí existe. Lo que sucede es que ella no debe entenderse como una colectividad de la que han desaparecido las personas y ellas dejan de contar una por una (el craso error socialista).

Sirva lo anterior de entrada a lo que quiero tratar, el de la personalidad política de las sociedades, la que está formada por los rasgos comunes a la mayoría de las personas que la constituyen. Un ejemplo ayuda a entender eso.

Vayamos hasta Montesquieu (1869-1755), el célebre Charles-Louis de Secondat Baron de la Brède et de Montesquieu, un aristócrata francés que escribió De l’esprit des lois (1747).

Este hombre clasificó a los tipos de sociedad que podían existir, en su sentido político: despótica, monárquica y republicana. Nótese que no habla de democracia, sino de república, lo que es mucho mejor.

Esos tres tipos de sociedad tienen su personalidad política. Su ethos, como lo llama Alasdair MacIntyre. Ethos es eso que podemos entender como «Conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad».

El ethos dominante en una sociedad que vive en un régimen despótico: el temor como rasgo de carácter generalizado entre las personas de esa sociedad. Miedo a la autoridad, desconfianza frente a lo que el gobierno pueda hacer. Piense usted en los ciudadanos vigilados de Corea del Norte o las expropiaciones caprichosas en Venezuela.

En una sociedad monárquica, es el honor el ethos que domina. Esa cualidad o virtud de tener una conducta recta que llama al cumplimiento de la moral y la ética. Quizá pueda explicarse como un alto sentido del deber entendido dentro de una sociedad jerárquica que coloca obligaciones claras en cada estrato, en cada posición.

Y, la tercera, la sociedad republicana es una en la que el ethos que domina entre las personas es la virtud, al menos, según Montesquieu. Una cualidad que predomina entre las personas y que consiste en actuar de manera correcta como costumbre arraigada. Esto connota fuerza ética, integridad moral y, me imagino, sobre todo, arraigadas creencias, especialmente la libertad.

En las repúblicas, el ethos debe comprenderse como un rasgo común en la mayoría de las personas su opinión personal: «soy capaz de gobernarme a mí mismo» y desarrollar eso como una virtud consistente en la conducta. Implícito en esto está el amor por la libertad y el respeto que ella inspira haciendo que predomine en la sociedad ese carácter que le lleva a pensar que quienes la forman pueden gobernarse a sí mismos.

Lo anterior lleva un sentido de independencia personal combinado con la aceptación de un código moral que orienta a la virtud y la hace un comportamiento continuo que se torna expectativa general en la conducta de todos.

Estas ideas tienen conclusiones y una de ellas es notablemente pertinente.

Dentro de un régimen despótico (piense en Cuba, por ejemplo), el ethos político no tiene una connotación moral, pues todo lo que se requiere es temor personal ante la autoridad (piense en la ortodoxia religiosa obligada)

Pero dentro de las sociedades monárquica y republicana ya existe un elemento moral claro en las personas que las forman.

Las virtudes republicanas son necesarias en las personas si es que se quiere tener ese régimen, es decir, existen casos en los que haya sociedades donde la democracia no sea una posibilidad realista.

Tome usted, por ejemplo, el riesgo democrático de la tiranía mayoritaria, donde un régimen en apariencia libre se convierte en otra modalidad de despotismo. O el riesgo del relativismo moral: una sociedad libre no puede subsistir mucho tiempo sin creer que existe una moral objetiva que defiende esa libertad.

Post Scriptum

Véase «Democracia: Ideas Centrales», un resumen de una idea de M. Novak acerca de las creencias que deben tenerse en una sociedad libre.

También es muy pertinente ver «Virtudes Sociales» , con el resumen de una idea de F. Fukuyama.

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