Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Historia de Disfraces
Eduardo García Gaspar
26 octubre 2016
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


La persona habló de vestimentas ridículas y ropas absurdas. Se refería a las vestimentas ceremoniales de las iglesias.

Afirmó que podrían los ministros religiosos ir vestidos como gente normal, sin atuendos disparatados.

Es cierto que las ceremonias religiosas tienen ese común denominador, el de atavíos especiales. Puede pensarse que el motivo de las ceremonias amerita eso, una vestimenta especial, distinta a la «normal del resto de la gente», como lo expresó esa persona.

Pero, ¿existe una vestimenta «normal»? Tal vez no.

Una vez satisfecha una necesidad muy básica de protección personal, la ropa toma un papel distinto al de su mera funcionalidad. Parece como si los humanos fuésemos animales que se visten con intenciones que superan a las necesidades esenciales.

Tome usted a los romanos hace muchos siglos. Algunos de ellos llevaban eso que llamamos toga. La prenda era extraña, al menos para algunos extranjeros que se reían ocasionalmente del trabajoso atavío. La togas, sin embargo, tenían su función.

Eran blancas y en su orilla había una raya púrpura, la que identificaba a quienes tenían un puesto público. Durante las elecciones, los candidatos llevaban togas blancas, para impresionar a los demás. La palabra ‘candidato’ deriva del latín, ‘candidatus’ que significa blanqueado.

No hace ya falta mencionar a los emperadores y sus vestimentas, de esos tiempos, de los anteriores y de los siguientes. Pareciera que los atavíos personales se usan para buscar una diferencia con respeto a los que no son como uno; y una similitud con quienes son como uno.

No extraña que, como consecuencia, se desarrollen ciertos códigos de vestimenta dependientes de diversos grupos en una misma sociedad. Los ministros religiosos son solo un ejemplo de un código de vestimenta, no muy distinto al de la persona que expresaba opiniones al respecto.

Iba ella vestida como pantalones de mezclilla, parcialmente rotos o desgastados, más una camiseta con colores deslavados. Otro código de vestimenta, que debe aparecer igualmente extraño a quienes no lo usan. El punto, quizá, es que tenemos códigos de vestir y que ellos son más notorios en los demás que en nosotros mismos.

Piense en una fiesta de disfraces y la elección que las personas pueden hacer para vestirse. Pensarán en vestimentas egipcias, romanas, de piratas, soldados, mosqueteros de la reina, sultanes orientales, concubinas chinas y mil más. Es poco probable que a alguien se le ocurra ir vestido como de costumbre porque eso no es visto como un disfraz. Pero lo es.

Un soldado romano no hubiera pensado en su ropa como un disfraz, como tampoco un pirata, ni un emperador chino, ni un vikingo. Dentro de algunos años, posiblemente, alguien se vestirá con pantalones de mezclilla diciendo que va disfrazado de joven de hace décadas. No lo sé, pero piense usted en disfraces de los años 60, perfectamente aceptables en una fiesta en la que junto a usted está un brujo africano.

La persona que hizo ese comentario acerca de los absurdos ropajes de los sacerdotes en las ceremonias religiosas vio solo una parte del tema. No vio que ella también iba disfrazada, de otra cosa, pero disfrazada. Igual que el senador romano no veía a su toga como un disfraz, sino como la ropa que debía llevar.

Puede ser que seamos una especie que gusta de vestirse de acuerdo con usos y costumbres dentro de los que nos ubicamos. La ropa de un banquero será muy distinta a la de un integrante de una banda de rock ácido; y este se vestirá distinto de quien canta rap y de quien asiste a una ceremonia de entrega de Óscares.

En fin, supongo que nos gusta «disfrazarnos» y, si perdemos de vista este gusto, podremos llegar a creer que los demás son quienes llevan los atavíos curiosos y raros. Vea usted a quienes se visten de turistas y comprobará que así aceptan la existencia de un código de vestimenta para ocasiones, como el ir de smoking a una boda.

¿Llevan los ministros religiosos vestimentas extrañas? En realidad no. Llevan las adecuadas a su naturaleza y posición. Sería altamente extraño y, la verdad, indeseable, que un sacerdote celebrara misa vestido con pantalones vaqueros y una camiseta de un equipo de futbol.

Post Scriptum

Los datos de los romanos fueron tomados de la obra de Beard, Mary. 2015. SPQR: A History of Ancient Rome.

Una explicación de la vestimenta de los sacerdotes.

Llama la atención que la creación de esos «disfraces» haya llegado a niveles de arte. Véase por ejemplo al Museo Cristóbal Balenciaga.

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