¿Es inmoral el dinero? ¿O quizá sea moral? Un análisis del valor ético del dinero con una conclusión muy clara: un objeto, una cosa, no admite una evaluación moral.

Introducción

«No hay límite en la ambición de dinero que tienen las personas». Esta frase resume con bastante exactitud lo que muchos piensan acerca del dinero y su inmoralidad.

El resultado de eso es una condena al dinero en sí mismo —lo que parece que es una terrible confusión, como la de mandar a la cárcel a la pistola olvidándose de quién la ha disparado. ¿Puede una cosa como el dinero ser moral o inmoral en sí misma?

Querer dinero para algo

En la inmensa mayoría de los casos las personas ambicionan tener dinero y este deseo no es una meta en sí misma —es decir, tener dinero, mucho dinero, no es un objetivo último.

Cuando alguien compra un billete de lotería desea obtener el gran premio de muchos millones, pero no porque su objetivo sea tener esos millones. Su deseo de dinero estará expresado en lo que la persona piensa hacer con ese dinero.

En otras palabras, el dinero debe entenderse como un instrumento que permite alcanzar deseos personales —y estos deseos son los que pueden ser evaluados éticamente, no el dinero en sí mismo.

Evaluando la moral de lo deseado

De aquí es posible tener una visión esquemática de la ambición de dinero:

  • Los usos últimos a los que se destinará el dinero, por decisión personal, admiten un juicio ético que los apruebe, repruebe, o considere neutros.
  • Los medios por los que se obtiene el dinero, por decisión personal, admiten un juicio ético que los apruebe, repruebe, o considere neutros.
  • El dinero en sí mismo, como un objeto, no admite un juicio ético por ser simplemente un instrumento.

¿Deseo ilimitado de dinero?

Los deseos de las personas son ilimitados, al menos potencialmente y eso tiene una manifestación muy visible, pero engañosa, en el deseo ilimitado de dinero.

En realidad no se tiene un deseo ilimitado de dinero, sino deseos ilimitados de lo que puede hacerse con el dinero —siendo este una simple variable intermedia indiferente y sin valor ético posible.

Lo único que puede admitir un juicio ético es la conducta humana: (1) los medios por los que se obtuvo el dinero y (2) el destino que se le dará al dinero. Por eso no puede hablarse de dinero inmoral.

Ya que los deseos humanos son ilimitados esta realidad ejerce una presión en la persona cuando ella intenta satisfacerlos —pudiendo esto verse en dos posibilidades de conducta que admiten una gama intermedia de posibilidades.

1. Dinero por cualquier medio para cualquier meta

Queriendo satisfacer deseos ilimitados la persona usa todos los medios posibles para obtener dinero y ese dinero lo usa para satisfacer todos los deseos que tiene —en una conducta ajena a toda consideración ética.

Esta posibilidad es la que presenta el caso de una persona que roba, mata y defrauda para hacerse así de dinero, el que dedica a pagar gustos y placeres execrables —quien, por ejemplo, tiene beneficios de un negocio de esclavitud sexual y tiene hábitos detestables de vida.

2. Dinero por medios morales para fines morales

Sabiendo que sus deseos son ilimitados, la persona impone restricciones a su conducta usando medios éticamente neutros o aprobados para conseguir dinero. Restringiendo también sus deseos, los limita a satisfacciones neutras o aprobadas en sentido ético.

Esta posibilidad es la que quien abre un negocio legal y obtiene beneficios sin acudir a medios inmorales, usando ese dinero para satisfacer deseos a los que impone restricciones y que no son éticamente reprobables.

📌Conclusión obvia

En ninguna de esas dos posibilidades el dinero tiene una carga ética, por lo que no puede emitirse un juicio moral o inmoral que lo repruebe o apruebe en sí mismo.

Es decir, la única posibilidad de asignar un juicio ético es la conducta humana en cuanto a cómo se hace de dinero y cómo se usa posteriormente.

Ese juicio ético tiene su origen y causa en aquello que pone restricciones a la conducta humana sobre los medios para conseguirlo y los fines a los que los dedica —entendiendo que hay medios y fines reprobables, lo que hace imposible asignar culpa alguna a un billete de mil pesos.

¿Es el dinero algo moral o inmoral?

La respuesta es la lógica: una cosa no puede tener una evaluación moral —la que solo pueda darse a seres con libertad y racionalidad.

Los juicios éticos que culpan al dinero como si él pudiera comportarse de una u otra manera están equivocados —y la única posibilidad de emitir un juicio ético sobre el dinero es la conducta de la persona para obtenerlo y usarlo.

Los millones que sean propiedad de una persona puede ser evaluados solamente en relación a ella y en dos dimensiones:

  1. Los medios morales o inmorales que utilizó para obtenerlos y conservarlos.
  2. Los objetivos morales o inmorales para los que usa esos recursos

Es decir, lo que es moral o inmoral no es el dinero sino la conducta de la persona.

Interludio: una historia

La de un viejo avaro a quien alguien ofrece una barra de oro. El viejo la ve con codicia extrema y no pudiendo resistir la tentación, vende sus posesiones para adquirirla. Una vez en su poder, pasa noches y noches admirándola.

Pero también sufre, y mucho, pensando en el riesgo que corre su preciada posesión. Tanta pesadumbre tiene que decide buscar el sitio más seguro para guardarla. Durante días cavila buscando lugares dónde guardar la barra de oro. Busca por todas partes hasta que se decide por un lugar.

Un sitio por el que casi nadie camina y muy pocos visitan. Detrás de una muralla mitad derribada hay un recoveco muy oculto a las miradas de extraños. Cava allí un hoyo en el que guarda la barra de oro y tapa con piedras.

Acude todos los días a su trabajo y a la hora del regreso a casa, cuando todos caminan hacia el pueblo, él toma otra dirección, hacia la muralla. Allí desentierra la barra y pasa una hora admirándola. Regresa a su miiserable casa, cuando ya todos están en las suyas y pueden verlo por sus ventanas caminando alegremente.

Pasan así varias semanas, hasta que la curiosa conducta del viejo avaro llama la atención a uno de sus compañeros de trabajo, quien decide espiarlo. Y haciéndolo, descubre el secreto del avaro. Sigue pasando el tiempo. El avaro mantiene su rutina visitando a su posesión, admirándola y acariciándola durante una hora, mientras es espiado por ese compañero de trabajo.

Un cierto día, sin embargo, cuando el viejo avaro desentierra la barra de oro para volver a admirarla, encuentra que ella ha desaparecido. Desconsolado se pone a llorar con abundantes lágrimas y fuertes gritos de lamento, tirándose de los pelos y rasgando su tosca camisa.

El compañero de trabajo, que lo sigue espiando, sale de su escondite y dice al avaro, «Viejo perverso, no hagas tanto escándalo porque alguien te robó su oro, ve y toma una piedra del río, entiérrala e imagina que es tu tesoro. Te servirá igual para que la admires y acaricies. Cuando tenías esa barra en realidad no la poseías, ya que nunca la usaste de manera alguna».

La fábula, que es de Esopo, y recuerda la historia del avaro rico que al salir del más caro hotel, lo hace sin dar dar propina al bell boy. Sin embargo, el muchacho lo acompaña hasta su limusina.

Y mientras le ayuda a cerrar la puerta, le dice, «Señor, en caso de que llegue a su casa y averigüe que ha perdido su cartera, sólo quiero recordarle que no fue aquí donde la sacó».

Avaricia, la otra dimensión

Esta es otra manera de relacionar al dinero, que es una cosa, con la conducta humana —que en el caso de la historia muestra a una persona obsesionada con el dinero, el oro, Eso es lo que es es inmoral y no el dinero en sí mismo.

Inmoralidad y dinero, precisiones

Reprobar al que quiere dinero es un acto estéril. Lo único que podría criticarse es querer dinero para así realizar un acto reprobable, como el comprar una pistola para realizar robos.

Criticar al que quiere dinero es igual de tonto como reprobar al que quiere un destornillador. Lo único posible de reprobar o aprobar es el uso posterior que se le dé al objeto y no otra cosa.

Lo posible de criticar moralmente no es el dinero en sí mismo. El dinero no es ni moral ni inmoral. Es un objeto, un instrumento y nada más. Puede criticarse, sin embargo, el uso que se da al dinero. El hijo pródigo que malgastó su dinero en festines y excesos quiso el dinero para algo reprobable. Es fácil de ver.

Pero falta examinar la otra parte del dinero, el de cómo ha sido obtenido. Obviamente hay varias formas de tener dinero en las manos. La inmensa mayoría de nosotros lo conseguimos por medios honestos, por medio de nuestro propio trabajo y esfuerzo. Nada reprobable hay en ello. Seguramente hay mucho de loable.

Pero el dinero y las riquezas pueden también tenerse por medios reprobables. El ejemplo más clásico de estos es el del ladrón, que por extensión puede ampliarse al caso del estafador en todas sus modalidades.

Dinero sospechoso

En las sociedades en las que los modos más conocido de hacer grandes fortunas sean los deshonestos, allí se sospechará del dinero. Se le odiará porque se cree que la manera de obtenerlo fue inmoral y se sospechará de todos, incluso de los que hicieron su fortuna honorablemente.

Es allí precisamente donde se aceptará sin duda que el amor por el dinero es despreciable, porque se presupone que así fue obtenido. La única explicación de las fortunas ajenas es la deshonestidad y el éxito se vuelve objeto de sospecha y recelo.

En las sociedades, por otra parte, donde se piensa que las fortunas personales son el resultado del trabajo y el esfuerzo, sucede otra cosa. Allí, el dinero no es sujeto de sospecha, sino símbolo de éxito merecido que puede ser emulado. No se odiará al dinero, quizá incluso se le ame, no por ser síntoma de cosas indebidas, sino de cosas que son recompensadas.

Conclusión lógica

Lo que todo lo anterior muestra está resumido en los siguientes puntos:

  1. El dinero en sí mismo no es inmoral ni inmoral, es una simple cosa, un objeto.
  2. Puede existir inmoralidad en la manera en la que la persona ha obtenido el dinero, por ejemplo, cometiendo un fraude.
  3. Puede existir inmoralidad en la manera en la que la persona usa ese dinero, por ejemplo, comprando drogas o adquiriendo medios para cometer actos inmorales.

Lo que es moral o inmoral es la conducta humana, no una cosa.

«El dinero no es ni un bien ni un mal, desde un punto de vista moral. De hecho el dinero es una realidad material que, en cuanto creada por Dios, es de por sí buena. Es un medio de intercambio, cuyo valor viene determinado convencionalmente por la sociedad». catholic.net

.

Y unas cosas más para los curiosos…

Conviene ver algunas de estas ideas:

.

La ambición desenfrenada de ganar dinero fue el tema que se trató en una conversación, de la que reproduzco sus puntos centrales.

— Creo que la frase «estiércol del diablo» describe correctamente al egoísmo y la codicia del dinero. Este es el nudo del asunto, al que nos lleva al capitalismo sin remedio —dijo la persona.

— ¿Quiere usted ampliar eso que ha dicho para entenderlo mejor? —pregunté.

— Pues lo que ha escuchado. El dinero ha sido convertido en un objeto de adoración, como si fuera un dios al que se rinde pleitesía incondicional y eso es lo que produce el capitalismo.

— ¿El dinero convertido en dios? Sí, es cierto, al menos en parte. Me recuerda a Ayn Rand. Es una manifestación del materialismo, de haber abandonado la idea de lo sobrenatural. Le doy cierta razón hasta allí.

— Pero recuerde que al adorar al dinero el capitalismo olvida la dignidad humana. Las personas solamente pueden alimentarse y vestirse si tienen dinero y propiedades.

— ¿Solamente sucede eso en el capitalismo, o también en otros sistemas? —pregunté.

— Bueno, lo que digo es que el capitalismo es lo que lleva dentro de sí el amor desordenado por el dinero y eso puede verse todos los días.

— Respóndame, se lo ruego, dígame si eso sucede solo en el capitalismo, pero no, por ejemplo, en el socialismo.

— Lo que digo es que el amor por el dinero, ese estiércol del diablo, es propio del capitalismo y por esa razón debemos intentar desarrollar otras estructuras sociales que eviten la obsesión con el dinero.

— No me ha respondido. Supongo, por lo que ha dicho, que con esas nuevas estructuras se prohibirá el uso del dinero y el asunto se resolverá de tajo. Sin dinero en la sociedad ya no habrá posible adoración de él.

— Exactamente, en la nueva sociedad el dinero no existirá o será reducida su importancia.

— ¿Cómo realizarán los intercambios de bienes sin dinero? Tendrán que encontrar un sustituto y entonces ese será el nuevo objeto de adoración. No se quitarán de encima el problema de adorar la riqueza.

— No entiendo lo que está diciendo. Por mi parte, creo que adorar al dinero es dañino y que a ese camino nos lleva el capitalismo.

— Quizá pueda aclarar las cosas. Mire, el dinero lo tendrá en cualquier sistema económico, sea socialismo y capitalismo. Se necesita, es un medio de intercambio y de cálculo de costos. No pueden producirse bienes sin eso.

— No sé, pero insisto en que la adoración capitalista del dinero y su obsesión con la riqueza son el problema.

— Pues preocúpese más porque esa adoración por el dinero y esa obsesión por la riqueza también la va a sufrir en el socialismo, en el estado de bienestar, en todo sistema económico.

— No entiendo —dijo ella.

— La adoración por el dinero y la obsesión con la riqueza no es un problema económico. Le repito, eso no son problemas económicos. Son problemas morales que se tienen en todo sistema económico, en todos ellos.

— Pero si se hace desaparecer al capitalismo también se hará desaparecer a la codicia, a la avaricia, al amor del dinero.

— No, eso no sucederá. Ni la codicia, ni la avaricia, ni la falta de amor por el prójimo son problemas económicos que se solucionan cambiando de una estructura capitalista a otra cualquiera.

— Pero en una sociedad ideal, el dinero podría desaparecer y entonces todos se comportarían con caridad y justicia.

— Convénzase, esa sociedad no puede existir porque somos imperfectos. Si usted es cristiano me dará la razón y aunque no lo sea, basta que vea a su alrededor.

— Pero entonces todo lo que se ha dicho sobre eso…

— No sé a qué se refiere. Solo le digo que si usted quiere corregir un problema moral de obsesión con el dinero no lo resolverá cambiando del sistema que sea a otro. El amor por la riqueza es un asunto moral no de economía.

— Pero se repite por tantos lados que el amor por el dinero es una obsesión capitalista…

— La repetición no es prueba de veracidad. Por repetido que algo sea, eso no lo vuelve realidad. Si usted quiere ayudar a que el amor por lo material disminuya, porque nunca desaparecerá, entienda que se trata de un problema moral, ético, religioso.

Mi conclusión

Ignoro si la persona salió convencida de lo que dije. Espero que así haya sido. Quise compartir esta conversación para mostrar un gran error actual, el de creer que problemas morales tienen soluciones económicas —que el cambiar del capitalismo al socialismo y sus variaciones, resolverá el problema.

No lo hará, incluso es posible que lo aumente. El dinero no es moral ni inmoral

La confusión es aun mayor de lo que se ve en esa conversación. Lo que muchas personas piensan que es capitalismo en realidad no lo es —más bien son variantes del estatismo, como crony capitalism , intervencionismo económico, estado de bienestar y demás.