Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Valor Ético de Dinero
Leonardo Girondella Mora
27 septiembre 2016
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


«No hay límite en la ambición de dinero que tienen las personas». Esta frase resume con bastante exactitud lo que muchos piensan acerca del dinero, condenándolo de maneras severas.

El resultado de eso es, como dije, una condena al dinero en sí mismo —lo que me parece que es una terrible confusión, como la de mandar a la cárcel a la pistola olvidándose de quien la ha disparado.

Comienzo apuntando algo que pienso que es obvio y no necesita demostración: en la inmensa mayoría de los casos las personas ambicionan tener dinero y este deseo no es una meta en sí misma —es decir, tener dinero, mucho dinero, no es un objetivo último.

Cuando alguien compra un billete de lotería lo hace deseando obtener el gran premio de muchos millones, pero no porque su objetivo sea tener esos millones. Su deseo de dinero estará expresado en lo que la persona piensa hacer con ese dinero.

En otras palabras, el dinero debe entenderse como un instrumento que permite alcanzar deseos personales —y estos deseos son los que pueden ser evaluados éticamente, no el dinero en sí mismo.

De aquí es posible tener una visión esquemática de la ambición de dinero:

• Los usos últimos a los que se destinará el dinero, por decisión personal, admiten un juicio ético que los apruebe, repruebe, o considere neutros.

• Los medios por los que se obtiene el dinero, por decisión personal, admiten un juicio ético que los apruebe, repruebe, o considere neutros.

• El dinero en sí mismo, como un objeto, no admite un juicio ético por ser simplemente un instrumento.

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Llego ahora a aspectos de la naturaleza humana, apuntando algo que tampoco creo que necesite demostración: los deseos de las personas son ilimitados, al menos potencialmente y eso tiene una manifestación muy visible, pero engañosa, en el deseo ilimitado de dinero.

En realidad no se tiene un deseo ilimitado de dinero, sino deseos ilimitados de lo que puede hacerse con el dinero —siendo este una simple variable intermedia indiferente y sin valor ético posible.

Lo único que puede admitir un juicio ético es la conducta humana: (1) los medios por los que se obtuvo el dinero y (2) el destino que se le dará al dinero.

Ya que los deseos humanos son ilimitados esta realidad ejerce una presión en la persona cuando ella intenta satisfacerlos —pudiendo esto verse en dos posibilidades de conducta que admiten una gama intermedia de posibilidades:

• Queriendo satisfacer deseos ilimitados la persona usa todos los medios posibles para obtener dinero y ese dinero lo usa para satisfacer todos los deseos que tiene —en una conducta ajena a toda consideración ética.

Esta posibilidad es la que presenta el caso de una persona que roba, mata y defrauda para hacerse así de dinero, el que dedica a pagar gustos y placeres execrables —quien, por ejemplo, tiene beneficios de un negocio de esclavitud sexual y tiene hábitos detestables de vida.

• Sabiendo que sus deseos son ilimitados, la persona impone restricciones a su conducta usando medios éticamente neutros o aprobados para conseguir dinero. Restringiendo también sus deseos, los limita a satisfacciones neutras o aprobadas en sentido ético.

Esta posibilidad es la que quien abre un negocio legal y obtiene beneficios sin acudir a medios inmorales, usando ese dinero para satisfacer deseos a los que impone restricciones y que no son éticamente reprobables.

En ninguna de esas dos posibilidades el dinero tiene una carga ética, por lo que no puede emitirse un juicio moral que lo repruebe o apruebe en sí mismo —es decir, la única posibilidad de asignar un juicio ético es la conducta humana en cuanto a cómo se hace de dinero y cómo se usa posteriormente.

Ese juicio ético tiene su origen y causa en aquello que pone restricciones a la conducta humana sobre los medios para conseguirlo y los fines a los que los dedica —entendiendo que hay medios y fines reprobables, lo que hace imposible asignar culpa alguna a un billete de mil pesos.

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Por último, en los juicios éticos que culpan al dinero como si él pudiera comportarse de una u otra manera, existe una porción que debe rescatarse.

Es la acusación, que tiene buen fundamento, de materialismo —es decir, de atención exclusiva es lo físico, material e inmediato, dejando de lado a aspectos humanos espirituales o simplemente no sujetos a ser comprados.

De nuevo, esa acusación no puede emitir un juicio que culpe al dinero en sí mismo. El materialismo, al que suele unirse el egoísmo y el hedonismo, solamente puede ser una falta ética humana —lo que puede ser esclarecido en dos situaciones que parten de las mismas circunstancias:

Se tienen en el banco varios millones obtenidos por medios legales y que no son éticamente reprobables y en esas misma situación están dos personas diferentes:

• Una de ellas usa su dinero para vacacionar, pagar los gastos de familia, comprar ropa y demás, reservando una cantidad significativa para donativos a un par de instituciones caritativas.

• La otra realiza más o menos los mismos gastos en los mismos conceptos, pero dedica una buena parte de ellos a comprar autos de super lujo, cirugías estéticas, ropa de marca y similares —sin que con ese dinero realice obras de ayuda a otros.

Los millones en el banco, de cada uno de ellos, son inertes e indiferentes, pues la diferencia no la causan esos millones, sino las decisiones de cada persona y que son muy diferentes.

Lo que espero haber demostrado, con algún nivel de contundencia es que el dinero carece de valor ético en sí mismo —y no puede ser acusado de nada en lo absoluto.

Post Scriptum

Véase Justo Dinero.

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