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Valor y Mercado
Selección de ContraPeso.info
1 febrero 2016
Sección: ECONOMIA, Sección: AmaYi
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Qué es el valor económico y cómo se forma, es un tema antiguo, tratado al menos desde el siglo 15 con gran refinamiento. Tratamientos realizados por grandes pensadores pertenecientes al grupo de los escolásticos medievales.

La idea fue encontrada en la obra de Marjorie Grice-Hutchinson. Early Economic Thought in Spain, 1177-1740 (2013, Routledge Revivals).

La autora comienza haciendo referencia a dos personajes del siglo 15.

Por un lado, a un franciscano, san Bernardino de Siena (1380-1444). Del otro, a un dominico, san Antonino de Florencia (1389-1459).

Los dos, contemporáneos, con opiniones similares en asuntos económicos. Los dos, personas bien informadas sobre los asuntos de sus tiempos, el comercio y los negocios.

«Nuestros dos economistas italianos», como los llama la autora, sostienen una teoría del valor, que es la que explica con brevedad a continuación.

Para san Bernardino y para San Antonino el valor de los bienes tiene tres componentes. Ellos son, en latín, raritas, viruositas y complacibitas. Traducidos pueden entenderse como escasez, utilidad o servicio y capacidad para agradar.

Raritas o escasez es un componente entendido con facilidad, referido al monto de disponibilidad del bien. Podría acudirse a la expresión latina «raritas pretium facit» (la escasez hace el precio).

Virtuositas o utilidad es una característica del bien, su capacidad para satisfacer necesidades; algo que es inherente al bien en sí mismo.

Complacibitas es un componente menos obvio, una propiedad del bien. Su capacidad para agradar a la persona, para ser de su gusto.

La autora a continuación trata la paradoja del valor, la avistada por Aristóteles y que tiempo después tuvo un lugar destacado en la literatura de la Economía.

Ambos economistas la tratan de igual manera.

Afirman que el valor de las mercancías se determina por su nivel de escasez. Los cuatro elementos básicos, tierra, agua, aire y fuego tienen un valor inferior al bálsamo y al oro, a pesar de que ellos son más necesarios y útiles para vivir que los segundos. El agua tiene un precio menor que los diamantes, como suele expresarse.

La escasez tiene aplicación no solamente en el caso de las mercancías y bienes materiales.También aplica al salario. Los dos sacerdotes-economistas del siglo 15 están de acuerdo.

Las diferencias de ingresos se explican por la escasez, afirma san Bernardino: los trabajadores calificados son menos numerosos que los trabajadores sin capacitación. San Antonino, por su parte, dice que los salarios son determinados, en ausencia de fraude, por medio de la «estimación común».

El tema que sigue es inevitable, el del precio justo. Grice-Hutchinson apunta que conforme el lector ahonda en la mentalidad de los escolásticos, mayor es su impresión de que ellos creyeron en «el libre juego de las fuerzas del mercado» como causa central de la formación de precios.

Pero no solo eso. También verá que quisieron defender esa idea por causas morales. ¿Por qué?

Sin duda, porque consideraban al pobre como la persona que gana el pan, que es el sostén familiar, más que ser un productor. La carestía y la hambruna son riegos siempre presentes para ellos, por lo que los gobiernos quieren asegurar que la oferta de bienes sea constante y abundante.

Tomaban medidas en contra de los acaparadores que compraban mercancías antes de que ellas llegaran a los mercados o que provocaban aumentos de precios. Los intermediarios que se veían con recelo y que eran dados a esas prácticas.

Los «doctores», como se conocen a los escolásticos, temían que si se usaba el concepto del valor-trabajo para determinar precios, eso permitiría a los comerciantes a reclamar altos costos para justificar precios elevados a los consumidores.

Un mercado libre, con competencia, evita eso, pero no basta totalmente para asegurar abundancia y precios reducidos. En momentos de gran escasez, las autoridades acudían al uso de controles de precios para proteger al pobre. Los escolásticos claramente preferían al mercado libre, pero permitían regulación de precios en situaciones graves y para bienes básicos.

Grice-Hutchinson concluye está parte concluyendo que los monopolios eran «unánimemente rechazados por los doctores medievales», recelando de los gremios de comercio a los que veían como «cunas de conspiración ilegal».

Creo que la contribución de Grice-Hutchinson es enorme al apuntar esas ideas de los dos santos-economistas, gente con gran poder de observación. Dejaron ellos, entre otros escolásticos, una idea sustancial: el precio de los bienes es subjetivo, producto de la apreciación personal del comprador.

Y, si el valor o precio de los bienes, por tanto, puede solo formarse en un mercado de libre participación humana. Los precios fijados por la autoridad son, consecuentemente, falsos.

Se trata de una negación de la teoría del valor-trabajo, en su sentido práctico, pero también, un argumento moral que ve a la persona más como comprador que como vendedor. Este último podrá justificar precios altos argumentando costos altos, pero el comprador tendrá la última palabra al argumentar la utilidad y el gusto que el percibe en cada bien.

Nota del Editor

El lector encontrará de interés la información de La Escuela de Salamanca; de los escolásticos españoles; y los contenidos del Instituto Juan de Mariana.

Es especialmente aconsejable El Mundo Económico de los Escolásticos Tardíos.

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La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

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