Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Voto Kamikaze
Eduardo García Gaspar
28 marzo 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La pregunta es inevitable. Dadas las circunstancias actuales y pasadas, debe ella ser contestada.

Es pregunta, pero también es una exclamación de asombro. Ella fue expresada de manera genial hace poco:

«¿Por qué la gente joven está votando en contra de sus propios intereses?»

Así lo escribió Daniel J. Arbess en su columna “The Young and the Economically Clueless” (WSJ, 19 febrero 2016), lo que traducido se refiere a los jóvenes y los económicamente despistados.

Arbess hace referencia a la popularidad de B. Sanders entre los jóvenes estadounidenses. No solo ese candidato, también D. Trump es popular entre los jóvenes. Esto presenta un común denominador curioso: la retórica de mala Economía parece ser especialmente atractiva a los jóvenes de la generación del milenio.

El fenómeno no es exclusivo de los EEUU. Sucede también en Europa, como escribió S. Gregg acerca de «los indignados». En México hay algo parecido, con una muestra llamativa, la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México.

Quedémonos con la pregunta central. ¿Por qué la gente joven está votando en contra de sus propios intereses? Y quizá no solamente la gente joven.

Es buscar las razones por las que las personas votan por candidatos cuyas políticas son contrarias al beneficio del que vota.

El fenómeno es digno de ser apuntado, el de personas votando en contra de sus intereses. Una especie quizá de votante kamikaze, una curiosa rareza. Algo que merece una segunda opinión intentado explicarla.

Primero, veamos la naturaleza de ese voto kamikaze. Es votar por candidatos que proponen medidas y políticas económicas contrarias al progreso, al crecimiento y a la riqueza que los beneficiaría. Políticas y decisiones que les hacen perder libertades y oportunidades. Y que crearán un estado insostenible.

Y ahora especulemos sobre algunas de las causas del voto kamikaze. La más diáfana de ellas es la ignorancia económica: ni ellos ni los candidatos tienen conocimientos razonables de Economía. Piensan que ella puede conducirse como un automóvil al antojo personal y sin consecuencias indeseables.

Segundo, existe una narrativa simple y comprensible para todos. Ella explica la mala situación económica por medio de un esquema dual, de culpables y víctimas. Las víctimas son los votantes, siempre dañados por los culpables usuales: Wall Street, bancos, trasnacionales, el 1% y otros más.

Entonces el problema se reduce a que el ciudadano dé su voto al candidato que le promete ir contra los culpables y hacerles reparar el daño hecho a las víctimas. Esto suele tomar la forma de elevar los impuestos a los ricos y dedicar esos fondos a, por ejemplo, universidades gratuitas (como B, Sanders).

Este es el corazón de su plataforma política: quitarle a los culpables para darle a las víctimas; como el prohibir importaciones para general empleo (propuesta de D. Trump).

La narrativa es usualmente exitosa por su aparente poder para explicar los problemas actuales. Tan convincente suele ser que es usada por gente bien intencionada y de principios e intenciones admirables, a la que su ingenuidad le impide ver realidades.

Tercero, la narrativa se viste con un tono moral que no admite discusión alguna. Quien se atreve a criticarla es calificado de injusto, insensible, retrógrado, egoísta, defensor de intereses ocultos. Desde su nicho de superioridad moral impide cualquier análisis razonable.

Ninguna evidencia histórica es admitida, ninguna demostración económica es aceptada, ningún razonamiento numérico tiene validez. Todo se justifica por las buenas intenciones de la explicación simple.

El votante, entonces, es persuadido por una narrativa simple de buenos contra malos, en la que él puede intervenir salvando a los buenos si es que vota por ese candidato que promete quitarle a unos para darle al votante. Es un alimento fácil de digerir para el votante, quien no tiene mucho que pensar.

Cuarto, el poder de persuasión se extiende notablemente con la adición de promesas concretas hechas a a medida del votante. Por ejemplo, universidad gratuita para los jóvenes, transporte gratuito para jóvenes y ancianos. casas para madres solteras y similares.

¿Cómo cubrir los gastos de todo eso? La pregunta es ignorada totalmente. No importa y solo puede unos imaginar que eso lo pagarán los impuestos a los ricos (los que no son nunca suficientes). El plan de B. Sanders necesita 20 billones e impuestos que suban hasta el 47%, según la columna de Arbess.

Finalmente, el votante kamikaze, ese que elige al candidato que realizar acciones que lastimarán al votante mismo, es cegado por la envidia y el rencor. Indignado y resentido apetece los bienes de otro, codicia lo que no ha creado y resiente el éxito ajeno. El candidato entonces obtendrá más votos conforme aumente el rencor.

Y una sociedad en la que la envidia domine será terreno propicio al gobernante que tiene sed de poder.

Post Scriptum

Es realmente llamativo que muchos jóvenes favorezcan políticas económicas que les retiran libertades y los vuelven dependientes del gobierno. De la juventud tradicional se esperaría rebeldía, indocilidad, amor por la libertad, rechazo del status quo, alejamiento del autoritarismo; jamás se esperarían deseos de dependencia, pérdida de libertades.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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