Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Al Día Siguiente
Eduardo García Gaspar
5 octubre 2017
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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¿Qué pasa después, en la mañana del día siguiente? El día anterior se redistribuyó toda la riqueza del mundo entre todos sus habitantes. Cada uno terminó con unos 13.000 dólares. ¿Qué sucede al día siguiente?

Una familia de cuatro despertó esa mañana con 52,000 dólares depositados en una cuenta de banco. Todo gracias a la aprobación universal del la solución de la ONU que exigió el reparto igualitario de los recursos mundiales (con excepción de los recursos propios de la ONU que se decretaron como excepcionales).

¿Qué sucede ahora? Esta es la pregunta que debe hacerse a quienes proponen políticas distributivas de riqueza e ingresos. Presupongan ellos que ya se realizó su propuesta, que es una realidad y que pudo hacerse de inmediato.

Para facilitar las cosas ayuda el simplificar el escenario a uno en el que todo se redistribuyó en todas partes y se hizo en un solo día, el anterior. Ahora es el día siguiente y es una realidad el total reparto de riqueza y recursos. Todos los habitantes del planeta tienen la misma cantidad de dinero.

¿Qué pasa la mañana del día siguiente? Deben responder quienes proponen esa redistribución.

Si piensan que poco o nada ha pasado que impida seguir con la vida anterior pero ahora con un mayor ingreso y patrimonio, deben pensarlo de nuevo. Si se creen que la gente irá a su trabajo, el que tenía antes, se encontrarán con que su empleo ya no existe.

Las empresas tuvieron que ser liquidadas para poder repartir los recursos y los productos que existen son los producidos hasta el día anterior al reparto de riqueza. No se ha fabricado nada más a partir de ese día. La gente tendrá mucho dinero en su bolsillo, pero no tendrá bienes que comprar, excepto los ya existentes.

La situación provocará que quienes se den cuenta del problema comiencen a tener iniciativas asociándose con otros para producir lo que hace falta. Con el tiempo se regresará a la situación anterior de desigualdad material. Tendrán más quienes más trabajen y sean más emprendedores; menos quienes menos se esfuercen y trabajen.

De regreso a la situación original que quiso corregirse, podrá de nuevo surgir la idea de redistribuir de nuevo los recursos para lograr la igualdad material. Pero puede suceder que la lección se haya aprendido.

¿Por qué al día siguiente de la redistribución total de la riqueza las cosas cambiaron tanto?

Porque la riqueza no es lo que creyeron que era los proponentes de su reparto. No es una cantidad en efectivo que tienen algunas personas en una bóveda al estilo de Rico McPato (Scrooge McDuck).

Si alguien como Jeff Bezos (Amazon) tiene más de 70,000 millones de dólares, vale la pena recordar que esa cantidad no se encuentra en efectivo en su caja fuerte; tampoco está en una cuenta de cheques, ni en una de ahorros.

La inmensa mayoría de esa fortuna está en activos fijos, empresas y sus instalaciones y que son las que proveen bienes y servicios que satisfacen necesidades y dan empleos. Y este pequeño detalle se olvida con frecuencia.

¿Cómo reparte usted la fortuna de Bezos, o la de Mark Zuckerberg, o la de cualquier otro considerado rico? Si la quiere repartir en efectivo, tendrá que vender la empresa y eso provocará que el comprador sea ahora el rico nuevo a quien se le tenga que comprar la empresa para repartir otra vez el dinero…

O pueden repartirse las acciones de Amazon y Facebook entre todos, las que al día siguiente serían de nuevo compradas y vendidas según deseos de la gente para generar otra situación de desigualdad (y eso sin considerar la injusticia de quitarle a esos la riqueza que ellos crearon).

Llegamos a lo que bien creo que merece una segunda opinión acerca de las propiedades de los ricos (y también de los pobres). Es una idea de Mises, el célebre economista.

Si usted pone atención en el aspecto legal, reconocerá que esa riqueza es propiedad de alguien y que no hay mucho que alegar al respecto. Pero si usted pone atención en el uso de esas propiedades, la cosa cambia radicalmente. ¿Quiénes usan y se aprovechan de esos bienes o propiedades de producción?

Obviamente Bezos no usa a Amazon para venderse a sí mismo las cosas, como lo haría un agricultor autosuficiente que siembra y cultiva lo que él consumirá. El uso de esas propiedades empresariales de producción es general, las usa la gente al comprar sus productos y al tener empleos en ellas.

Bezos y cualquier otro empresario de cualquier tamaño tiene que actuar pensando que sus propiedades estarán al servicio de terceros si quiere que ellas tengan valor. El talento de Apple y sus propiedades millonarias tienen tanto valor porque están al servicio de otros y estos valoran mucho sus creaciones.

Esto es lo que no toma en cuenta la propuesta de la redistribución de la riqueza, la que pone solo atención en la propiedad legal de la riqueza, ignorando que esa riqueza tiene una «propiedad económica comunitaria» que hace irrelevante su propiedad legal. ¿Para qué redistribuir lo que ya está redistribuido?

No me interesa ser dueño legal de nada de lo que ya tengo a mi disposición haciendo o no la compra de lo que ya ofrecen.

El día después de la redistribución, mucho me temo, sería un desastre total.

Post Scriptum

La idea de la propiedad de los ricos es la de Mises, Ludwig von, Socialism. El libro fue publicado originalmente en 1922.

El punto de partida de qué sucede al día siguiente de una redistribución universal fue expuesto brevemente por el Rev. Robert A. Sirico en una conversación reciente y echó a andar mi imaginación hasta llegar a la idea de Mises y concluir que no tiene sentido repartir lo que ya está realmente repartido.

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