grandes ideas

Amar es una decisión libre. Amar no es un sentimiento, tampoco es estar enamorado. La diferencia es extraña al principio, pero tiene sentido. Más aún, es quizá el fundamento del matrimonio.

Introducción

¿Sigo enamorado? ¿Debo permanecer casado? Son incertidumbres y vacilaciones naturales que Lewis examina con tino. La idea de esta columna fue encontrada en una obra de C. S. Lewis (1898-1963), Mere Christianity. New York: Collier Books, 1960, pp. 81-88.

Lewis inicia su ensayo con la mención de la idea cristiana del matrimonio, usando las palabras «una sola carne». El matrimonio es algo integral, formado por dos seres complementarios, hombre y mujer, hechos para formar esa unidad.

Esa forma de entender el matrimonio, como una unidad, le da motivo para hablar de lo «monstruoso» del sexo fuera del matrimonio. La razón de ese calificativo es sencilla, el sexo fuera del matrimonio aísla de la totalidad de la pareja uno de sus aspectos.

Y no es que haya nada malo en lo sexual, como tampoco en el comer. El problema está en sacarlo fuera de la pareja casada. El comer implica digestión. El sexo implica matrimonio.

Todo esto le servirá para llegar a la conclusión que busca. Amar es una decisión libre que tiene duración. Estar enamorado es un sentimiento y los sentimientos no duran.

Matrimonio vitalicio

Pasa Lewis luego a hablar del matrimonio como algo vitalicio por naturaleza. En las religiones cristianas, el divorcio se acepta con dificultades.

Depende de la religión específica esa dificultad, pero el hecho es que ellas rechazan en lo general la idea de una disolución fácil del matrimonio.

La injusticia de romper una promesa

De aquí pasa a dar un ángulo no con frecuencia tratado sobre la ruptura de ese compromiso vitalicio. Romperlo es una cuestión de injusticia.

Todos los casados por la Iglesia han hecho un juramento de fidelidad vitalicia. Es una promesa que como cualquier otra debe cumplirse. Romperla es una violación de la justicia.

El juramento de fidelidad, por el resto de sus vidas, para los casados, no es una formalidad como muchos lo pueden ver. Es una promesa real y pública que debe respetarse. Su violación es más una cuestión de injusticia que una falta a la castidad.

Si no se cree en esa promesa sería mejor que la pareja viviese sin estar casados, es decir, en pecado según el Cristianismo. La falta de castidad no va a ser remediada con la falta de cumplimiento de una promesa.

Esa promesa de un matrimonio vitalicio no cesa al dejar de estar enamorado. La promesa no está condicionada a un sentimiento. Los sentimientos no pueden ser sujetos de una promesa, pero sí las acciones. Y en el matrimonio se hace una promesa de una acción, la de permanecer unidos por toda la vida.

Se dirá que debe mencionarse la razón por la que dos personas que no se aman deben permanecer juntas por el resto de su vida. Es un cuestionamiento válido que debe contestarse.

Lewis menciona varias razones. Están, desde luego, los hijos a quienes el matrimonio de sus padres otorga muchas ventajas. Está también la mujer; ella alteró drásticamente su carrera personal al convertirse en madre y esposa. No sería justo marginarla al cabo del tiempo.

Amar es una decisión libre, no un sentimiento

Entra aquí el autor a una idea que desde el principio cree difícil de explicar. Para aclararla dice que al comparar cualquiera de nosotros entre dos cosas A y B, podemos llegar a la conclusión de que B es mejor que A.

Lewis dice que eso no significa que no haya una tercera cosa que sea mejor. La cosa C puede ser mejor que B y por tanto, que A.

Enamoramiento

Estar enamorado es un estado glorioso y bueno para nosotros. Nos hace generosos y receptivos a la belleza. Más aún, subordina a la mera sexualidad; el amor vence a la lujuria.

Estar enamorado, como la pareja de novios o de recién casados, es algo muy bueno. Pero ello no significa que no haya algo mejor. Hay cosas peores y hay cosas mejores.

Más aún, no puede confiarse en permanecer enamorado por siempre. Por ello el estar enamorado no puede servir de base a toda la vida del matrimonio.

La intensidad del estar enamorado no tiene garantía de duración. Los sentimientos van y vienen. Son los hábitos y los conocimientos los que perduran.

El estar enamorado usualmente no dura. Además, no sería muy indeseable que durara, según Lewis.

¿Quién podría aguantar durante cinco años esa pasión de estar enamorado? Se tendrían problemas en el trabajo, se perderían amistades, se tendrían inconvenientes de salud por falta de apetito, de sueño.

Amar es mejor que estar enamorado

En apariencia Lewis tiene un punto de vista negativo al mencionar la dificultad de permanecer enamorado y los problemas de estarlo siempre.

Sin embargo, no es así. Lewis dice que hay algo mejor que estar enamorado: amar. Amar es una decisión libre.

Estar enamorado es un sentimiento, insiste, y dejar de estar enamorado no significa cesar de amar. El acto de amar es una unidad profunda.

Es un acto de voluntad que es reforzado deliberadamente por el hábito y por la gracia de Dios en el matrimonio cristiano.

Su idea central es hacer una separación entre el estar enamorado, que es un sentimiento, y el amar que es una decisión libre. Los actos son voluntarios, los sentimientos no.

Estar enamorado es el arranque

El estar enamorados mueve a las personas a formar un matrimonio, una unidad integral, con una promesa de fidelidad vitalicia. El amor mueve a esas personas a cumplir la promesa.

Es un amor más quieto, reposado, tranquilo, que es una acción voluntaria. Es este amor el que mantiene andando el motor del matrimonio. El sentimiento de estar enamorados fue la chispa que lo echó a andar.

Mala expectativa de enamoramiento eterno

Entender esto es importante porque estamos rodeados de mensajes que implican lo contrario. De los libros y las películas las personas pueden crear para sí la expectativa de un continuo estar enamorado.

Cuando eso no sucede en su vida personal puede pensarse que se ha fracasado. Puede concluirse que el matrimonio fue un error y sentirse con el derecho a hacer un cambio.

Estas personas repetirán ese ciclo. Volverán a enamorarse de otra persona, volverán a desilusionarse al perder ese sentimiento, y la historia se repetirá.

Puede ansiarse vivir en un cierto lugar toda la vida, quizá tener una casa junto al mar. La emoción apasionada de cumplir ese sueño no durará toda la vida. Pero eso no significa que se deje de amar vivir en ese lugar.

Amar es una decisión libre, el paso siguiente

Quienes poseen ese amor tranquilo, plácido, sereno, apacible, encuentran emociones en otras direcciones. Lewis afirma que de esto habló Cristo cuando dijo que para que algo viva tiene primero que morir.

La emoción inicial del estar enamorado muere para dejar paso a la felicidad del amor sosegado y suave.

Capricho y obsesión, no es estar enamorado

Hacia el final, Lewis hace una afirmación que niega otras de las ideas de novelas, películas y telenovelas. El estar enamorado no es algo irresistible que se presenta sin quererlo.

Si se presenta algún sentimiento de ese tipo no podrá ser más que una atracción fuerte, quizá un capricho. No es estar enamorado, porque es ese acto hay voluntad.

Una cosa es admirar ciertas cualidades en otra persona y otra muy diferente el enamorarse, que es algo donde existe una decisión voluntaria.

Al término de su ensayo, Lewis menciona una idea que sigue la tradición inglesa de una clara separación entre gobierno e iglesia.

Dice que los cristianos no debemos imponer leyes que impidan el divorcio a otros. Sería lo mismo que los musulmanes nos impusieran sus leyes prohibiendo beber vino.

Por esta razón es que deben existir dos matrimonios: el que se hace bajo las leyes del gobierno, con reglas iguales para todos, y el que se hace bajo las reglas de la iglesia, con reglas para los fieles de esa iglesia.

Y una cosa más…

La idea central de Lewis es simple. Amar es una decisión libre que, por eso, puede durar por voluntad propia. Estar enamorado es un sentimiento sobre el que no se tiene mucho control y que no dura.

Hay una edición en español de la obra de Lewis, Mero Cristianismo.

[Esta columna fue publicada originalmente en octubre de 1996, bajo el título «Chispa de Arranque» y aquí contiene pequeñas modificaciones. Fue revisada en 2019-06]