Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Amplitud de Conocimiento
Leonardo Girondella Mora
5 junio 2017
Sección: ECONOMIA, POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Entre el hombre primitivo y el hombre de los tiempos actuales, todos estarían dispuestos a reconocer diferencias muy marcadas —excepto por una que opera en contra de la intuición: el conocimiento.

El hombre primitivo necesitaba tener más conocimientos que el hombre actual —algo que puede demostrarse y que va en contra de la expectativa superficial.

Puede recurrirse a una instancia obvia, la de la producción de vituallas para la vivienda y alimentos. El hombre primitivo tenía que realizar él mismo todas las actividades para producir esos satisfactores —mientras que el hombre actual que no sabe nada de cómo sembrar trigo, tiene en el momento que lo quiere un pan en su mesa.

Hablo de la amplitud de conocimientos, de la variedad de cosas que son necesarias de conocer. Thomas Sowell lo ha expresado pintorescamente:

«Un salvaje primitivo nunca podría sobrevivir sabiendo tan poco acerca de la producción y uso de lanzas, cabañas de paja o, con un ingenuidad tan manifiesta, sobre qué bayas son venenosas, que serpientes son peligrosas o sobre la manera y medios de coexistir en la misma jungla con leones, tigres y gorilas».

No es que no haya habido alguna especialización en las comunidades primitivas, sino que era ella muy pequeña y naciente (siempre hay una tendencia a la división del trabajo).

Es posible, por lo tanto, examinar dos dimensiones del conocimiento individual o personal.

Una, la amplitud, lo que el hombre primitivo poseía pero no el hombre moderno. Es posible, incluso, postular que con el transcurso del tiempo esa amplitud fue disminuyendo paulatinamente: muy lentamente al principio y de manera acelerada en tiempos muy recientes.

Dos, la profundidad, lo que el hombre primitivo no tenía pero sí el hombre moderno. Podría postularse que la profundidad del conocimiento creció en la proporción en la que disminuía la amplitud del conocimiento.

Insisto en que lo anterior aplica solamente en el análisis de cada persona por separado —y lo hago porque en un nivel agregado de personas en una comunidad no disminuye la amplitud, al contrario, aumenta, lo mismo que la profundidad.

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De lo anterior es posible concluir que el conocimiento de las personas es individualmente profundo, es decir, saben mucho de pocas cosas —pero sobre todo, que la amplitud del conocimiento se encuentra diseminada en las personas.

Este es un fenómeno muy digno de hacer notar. Es un fenómeno de dispersión del conocimiento que existe en las personas: cada una de ellas tiene una escasa amplitud, pero la sumatoria de todas ellas resulta en una amplitud abrumadora.

La secuela de esa realidad es algo de gran aplicación para las sociedades modernas: nadie tiene la amplitud de conocimiento necesaria para conducir o guiar a la sociedad entera —nadie sabe lo suficiente como para ordenarle a otros lo que deben hacer en sus actividades cotidianas.

Y no únicamente eso. También, si todos en esa sociedad quieren vivir mejor, debe permitirse las acciones individuales de cada persona en su especialidad para que la suma de las pequeñas amplitudes personales de conocimiento llegue a todos.

El caso de un creador de apps, por ejemplo: dejándole libre para aplicar su conocimiento profundo en una zona estrecha de conocimiento, él crea bienes que benefician a quienes no tienen esa profundidad en esa área —este productor, a su vez, se beneficia de lo producido por otros en sus campos.

Esto ha sido expresado en términos económicos:

«El intercambio comercial permite la especialización en aquellos productos y servicios que cada cual hace mejor. A esto lo llaman los economistas la ley de ventajas comparativas. Cuando la gente fabrica bienes en los que gozan de ventajas comparativas, como los alemanes haciendo cerveza y los franceses vino, tales productos aumentan en cantidad y calidad». Marian L. Tupy.

En su fondo, eso revela la realidad de que cada persona tiene una amplitud reducida de conocimiento, limitada a su campo de acción, y que al dejársele en libertad de usarla, ese talento desparrama sus beneficios entre quienes no tienen tal especialidad —como lo hace un chef, un profesor, un financiero, un albañil, un mesero, un taxista, todos.

Y, además, produce un recelo justificado ante quien afirma que conoce lo suficiente como para guiar a las personas de un país —eso es necesariamente falso.

«Porque sea cual sea la superioridad intelectual de un hombre, no puede suponer nunca una superioridad práctica y aprovechable sobre los demás sin la ayuda de algunos artificios externos y medio solapados, siempre, en sí mismos, más o menos villanos y bajos». H. Meville, Moby Dick.

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Entonces, tomando como fundamento estos asuntos de profundidad del conocimiento especializado actual y su acompañante reducida amplitud, en los niveles personales, pueden hacerse dos recomendaciones para que una sociedad cualquiera florezca:

• Crear, mantener y fomentar libertades de iniciativa personal de manera que se libere el uso de los conocimientos especializados de las personas en sus propios campos para que los beneficios de ese talento personal se difundan.

• Aceptar que nadie tiene el conocimiento necesario para suplantar los conocimientos especializados del resto, ordenándolos y limitándolos —una advertencia muy dirigida a los gobiernos excedidos que emiten regulaciones en demasía y cobran impuestos exagerados.

Addendum

La cita primera está en Sowell, Thomas, «El Papel Del Conocimiento» en Huerta de Soto, Jesús (ed). Lecturas de Economía Política. 1 vol. Madrid: Unión Editorial, 1986-1987, p. 41

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