Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Belleza y vida
Eduardo García Gaspar
16 noviembre 2017
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Varias exposiciones de pinturas. Pinturas de muy diferentes estilos. Un par de ellas dedicadas a obras del siglo 18 y sus alrededores, muchas con motivos religiosos.

El resto, con pinturas de las últimas dos décadas, casi todas con motivos indescifrables y algunos títulos incomprensibles.

El contraste era para ponerse a pensar. ¿Existe la belleza? ¿Existe lo artístico?

Responder afirmativamente significaría que es real la posibilidad de distinguir entre la belleza y la fealdad. Eso permitiría afirmar con justificación que en algunas de esas exhibiciones había pinturas malas, es decir, sin belleza.

En el fondo el asunto es creer o no que la belleza, el arte, tiene fundamentos racionales. Si no los tiene, entonces, la belleza es una consideración subjetiva y pueden valer lo mismo las pinturas de Murillo o Caravaggio que las de González y García (dos pintores, según recuerdo, de una de las exposiciones modernistas).

Hay algo, una especie de intuición, que dice que no, que no pueden tener igual belleza todas las pinturas. En su extremo, debe haber pinturas de gran belleza, pero también de extrema fealdad. Vaya, incluso obras del mismo pintor no son todas igualmente bellas (o feas).

Prefiero pensar que la belleza tiene fundamentos racionales, es decir, es un valor universal que es real. Más aún, prefiero pensar que es un valor que ayuda a vivir una mejor vida, más plena y feliz.

Y pienso que donde la belleza no sea reconocida como universal y racional, allí la vida será menos plena, menos feliz. «La belleza tiene una parte indispensable que jugar en la formación del mundo humano», escribió Roger Scruton.

Quien también escribió:

«La belleza también […] debe compararse con la verdad y la bondad, un miembro del trío de los mayores valores que justifican nuestras inclinaciones racionales».

Esa asociación entre esos tres valores es lo que llama la atención. La verdad, la bondad y la belleza en su mayor y última expresión pueden ser lo mismo: negar una significaría rechazar a las otras dos.

Niegue usted la existencia de la belleza como valor universal y se encontrará en un camino en el que será sencillo ignorar a las otras dos.

Puede decirse que la belleza se reconoce por el placer que da, o que hay cosas que son más bellas que otras, o que es armonía de composición, o lo que usted quiera, que casi todo ello es obvio y poco aporta. Como decir que la belleza es un asunto de buen gusto.

Pero puede existir algo más conducente a la comprensión del tema si imaginamos una realidad en la que no exista la belleza, donde no haya consideración alguna de ella. Un mundo en el que, por ejemplo, una sala de conciertos presentaría un grupo de personas golpeando sartenes o una ópera de Puccini. O donde una pintura de cualquiera fuera colocada junto a otra de Velázquez. No tiene mucho sentido.

Es decir, me parece, la belleza tiene una asociación íntima con el sentido de la vida, con su significado, lo que me hace concluir que sin belleza se pierde significado de la existencia, al menos una parte de él.

Imaginemos otra posibilidad, la que indica la asociación entre belleza, bondad y verdad. Si perdiendo una se pierden las otras, un mundo sin el valor de la belleza perdería también la noción de bondad y razón. Piense usted cómo sería ese mundo en el que la verdad no importa, como tampoco la bondad.

No sería un mundo agradable. Sería uno sin sentido de existencia, en el que daría lo mismo todo, morir o vivir. En ese mundo, por ejemplo, no tendría sentido tener hospitales, como tampoco museos ni salas de concierto. Allí un golpe en la pared valdría lo mismo que un do de pecho.

Esto es uno de esos intangibles que no pueden ser sujetos de un análisis científico en un laboratorio, pero que sí son temas posibles de tratar racionalmente. Es lo que se llama Filosofía y consiste en usar la razón para entender nuestra existencia.

Con lo que llego a mi punto: nuestra vida, sin el reconocimiento de la belleza, sería indescriptiblemente monstruosa porque también sería un mundo sin bondad y sin racionalidad.

Las cosas bellas «son parte del contexto en el que vivimos nuestras vida y nuestro deseo de armonía, adecuación [fittingness] y civilidad es al mismo tiempo expresado y confirmado en ellas», como escribió R. Scruton.

Sí, es difícil entender a la belleza como valor real y universal, pero ella es algo que se comprende mejor cuando está ausente.

Post Scriptum

Es obvio que para esta columna me apoyé en la obra de Roger Scruton Beauty: a very short introduction.

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