Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cambio de Lugares
Leonardo Girondella Mora
4 abril 2017
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


El argumento del cambio de lugares es de provecho significativo cuando se defiende alguna posición o idea personal.

Consiste en una reversión de situación propia en concordancia con la opinión expresada, siendo el ejemplo más simple de esto el campo de la discriminación racial.

Si una persona de raza blanca sostiene que las personas de raza negra no deben ser aceptadas en restaurantes, esta persona debe aceptar que estará satisfecha viviendo en otro lugar en el que las personas de raza blanca no sean aceptadas en esos mismos lugares.

Si una persona propone una norma que aplica solamente a otros que son distintos, pero no a ella, está forzada a aceptar el cambio de lugar y consentir que esa misma regla le sea aplicada en sentido inverso.

Por ejemplo, si en un cierto país existe una ley que decreta un impuesto especial a quienes no pertenecen a la religión oficial, quienes eso sostengan tendrán que admitir que es aceptable que estando en otro país deban pagar impuestos si no pertenecen a la religión oficial o mayoritaria.

Me refiero a la existencia de criterios universales de normas cuyas excepciones deban justificarse usando el argumento del cambio de lugar.

Si una persona se opone a que se abra un templo de una religión distinta a la suya en la ciudad en la que vive, tendrá que aceptar que se prohiba a su religión abrir un templo donde ella sea la religión distinta —para lograr la simetría de posiciones.

Cuando alguien propone que los impuestos a las herencias sean muy elevados, deberá reconocer que ella estará satisfecha al pagar esos impuestos en caso de recibir una herencia —lo que quizá haga con facilidad cuando su expectativa de recibir una herencia cuantiosa es nula.

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El recurso argumentativo del cambio de lugares, sin embargo, debe ser usado con prudencia —pues de lo contrario se podrá caer en casos sin sentido.

Quien dice que se aplicará una regla de admisión de estudiantes que tengan un promedio de calificaciones superiores a 8.5, está aceptando implícitamente que también él se sujetaría a esa regla en caso de querer ser admitido —aunque eso no entre en sus planes.

Pero no solamente eso, también resulta aceptable la regla de un mínimo de promedio en calificaciones para ser admitido a tal o cual universidad —la regla es pertinente a la naturaleza misma de la situación.

Cuando, en otro caso, algunas mujeres proponen que las personas de su sexo deban ser la mitad de los legisladores del país, ellas deben estar dispuestas a aceptar que si fueran hombres se obligaban a aceptar gustosas eso a pesar de estar mejor preparados —y viceversa.

Debo apuntar que el criterio central para ser legislador es la preparación de la persona y no su sexo.

Un caso muy actual es el de los matrimonios de personas del mismo sexo. Quienes se oponen a ellos aceptan estar obligados a no poder contraer matrimonio en caso de ser homosexuales —lo que respetería la condición ortodoxa de aceptación del matrimonio, no muy diferente a la condición para entrar a una universidad.

Lo que he querido hacer es llamar la atención a una herramienta útil en la evaluación de juicios morales y éticos —incluso legales. En los que debe exigirse la aceptación de las consecuencias de la regla propuesta por la persona cuando ella se encuentre en la otra posición.

No es el único criterio, pero no deja de ser válido y útil si se usa con prudencia atendiendo a la naturaleza de cada caso —con la consecuencia benéfica de resultar siendo una defensa de libertades iguales.

Si acaso un sindicato prohibiera a la empresa aceptar obreros que no fueran miembros de ese sindicato, quienes lo forman deberán aceptar que aceptarían gustosos el no poder encontrar empleo en los negocios donde ese sindicato exista por no pertenecer a él.

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Finalmente, no dudo que muchos estarían dispuestos a aceptar la regla más absurda en la que pueda pensarse diciendo que sí aceptarían esa regla cuando se encontraran en la otra posición —como pagar impuestos exorbitantes por tener grandes ingresos.

Teniendo la expectativa de que en realidad nunca llegarán a estar en la otra posición, se engañarían a sí mismas queriendo así justificar su idea.

Para la persona honesta con ella misma, la prueba del cambio de lugares le dará resultados útiles que justifiquen o no sus ideas

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