Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Celebrar Las Diferencias
Eduardo García Gaspar
11 septiembre 2017
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


La definición del relativismo cultural sostiene la idea de que todas las culturas tienen igual valor.

Convertido en política de gobierno, el relativismo cultural se ha convertido en la imposición del multiculturalismo.

Esta imposición de ilustra en la obligación políticamente correcta de «celebrar diferencias». Diferencias culturales, diferencias étnicas, diferencias religiosas, lo que a usted se le ocurra.

«Así es que ha nacido un concepto que me parece muchísimo más bonito que la Tolerancia y es la Celebración de Diferencias. Ahora en vez de aguantar las diferencias, de no quejarnos demasiado por ellos [sic], queremos aprender a Celebrar las Diferencias, compartirlas, disfrutar de ellas». adopciónpordentro.blogspot.mx

Esa exaltación de las diferencias entre culturas, se supone, enriquece a la sociedad que lo permite. Es la promoción de la diversidad cultural, entendiendo que conforme más diferencias existan, mejor será esa sociedad.

No se trata de simplemente tolerar, sino de aprobar, exaltar y promover las diferencias. Una obligación de aclamar y ensalzar disparidades y desemejanzas entre modos culturales de pensar, ya sean de inmigrantes, de etnias, de grupos minoritarios, de lo que se le ocurra.

El punto central de la política del multiculturalismo es la celebración de las diferencias culturales entre grupos que piensan muy diferente, especialmente la diferencia entre inmigrantes y la sociedad que los recibe; aunque también, entre minorías culturales nacionales y el resto.

En la superficie el llamado a celebrar diferencias tiene una connotación positiva que conlleva el riesgo de acusación de racismo y discriminación a quien se atreva a ponerlo en duda. Sin embargo, la crítica a la celebración multicultural de diferencias tiene un punto razonable.

Cuando usted celebra y exalta las diferencias culturales y se queda solo en eso, usted también está promocionando la división dentro de la sociedad, incluso el conflicto. Usted está diciendo «vean al grupo A y al grupo B, vean sus diferencias. ¡ Vivan sus divergencias y desacuerdos!».

Es una manera de anular algo que toda sociedad necesita, un cierto sentido de pertenencia y de unión con valores comunes. Sin esto, el canto que celebra a las diferencias es una acción que promueve el conflicto entre grupos culturales. No es una crítica irracional, al contrario.

Más todavía, el ensalzar la celebración de diferencias equivale a apoyar a grupos minoritarios, culturales o étnicos, ignorando que ha sido la cultura general mayoritaria la que ha dado entrada a las minorías a las que respeta y a las que pide también respeto. Celebrar las diferencias es olvidar el respeto mutuo que ambas deben concederse.

Las minorías culturales o étnicas de un país, según la tradición liberal de Occidente, merecen respeto y tolerancia. Son parte del país que entiende a las personas como dignas y libres, donde la tolerancia es una forma de vivir la desaprobación que puede haber entre personas.

Eso es lo que olvidan las políticas multiculturales. Celebrando solamente las diferencias, olvidan un objeto más adecuado de exaltación, las cosas que tienen en común todos (o debían tener): el amor por la libertad, el hábito de la tolerancia, la conducta respetuosa, el desacuerdo civilizado.

Un efecto colateral no intencional de la celebración de las diferencias culturales es muy lamentable. Exaltando las diferencias mandan al olvido, por ejemplo, el valor común de hablar de esas diferencias, de dialogar, razonar y corregir desacuerdos. Cuando se exalta demasiado la diferencia se anula la posibilidad de solucionar el conflicto que ella puede acarrear.

Cuando alguien cree que todas las culturas son iguales y concluye que cualquier observación o juicio sobre una cultura es una manifestación de odio racial, allí termina la posibilidad de usar a la razón para resolver los conflictos que las diferencias implican. Celebrar diferencias produce la promoción del desacuerdo irremediable.

Y es que, me parece, lo que es objeto de real celebración es todo eso que hace posible la convivencia entre personas con diferentes culturas y creencias, muy especialmente el amor por la libertad y la creencia en el uso de la razón. Esto merece celebrarse mucho más que las diferencias y la diversidad.

Y no es que sea malo tener diferencias, al contrario. Sería un mundo de pesadilla aquel en el que todos tuvieran las mismas opiniones. Sí, las diferencias enriquecen, al menos muchas de ellas, pero lo pueden hacer solamente cuando se tienen otras creencias en común: esa pasión por la libertad y esa creencia en la razón.

Celebrar diferencias es un festejo inútil y no enriquece realmente cuando se olvidan los requisitos para convivir: libertad y razón, que es lo que realmente merece ser celebrado. Lo que realmente une.

Post Scriptum

Para esta columna me apoyé en la obra de West, Patrick, The Poverty of Multiculturalism.

Cuando se festejan las diferencias, se corre el riesgo de agasajar los conflictos. No es lo mismo tener la posibilidad de comer en una amplia variedad de restaurantes de diferentes nacionalidades que homenajear la diferencia entre un régimen constitucional y la ley sharia.

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