Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Celebridades y Autoridades
Eduardo García Gaspar
21 junio 2017
Sección: EDUCACION, FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
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El fenómeno es fascinante. No solamente en sí mismo. También es alucinante por la popularidad adquirida.

Es el fenómeno de la ampliación falsa de conocimientos.

En abstracto es la suposición de que tener amplios y reconocidos conocimientos en la especialidad A significa tener también amplios conocimientos el área X de especialidad. Por ejemplo, suponer que si una persona es una autoridad mundial reconocida en Astronomía también debe saber mucho de Economía (o de cualquiera otra área).

«No hay más valor en la afirmación de un físico matemático convertido en teólogo del que hay en una afirmación de un teólogo convertido en físico matemático». Fulton J. Sheen, Old Errors, New Labels.

Eso escribió un arzobispo católico, en los años 30 del siglo pasado, hablando de Albert Einstein. Sheen, entonces, concluye razonablemente que,

«No tiene él más derecho a ser escuchado tratando a la religión del que yo tengo en matemáticas, por el simple hecho de que no sé nada de matemáticas y él no sabe nada de religión».

Esto es lo que hace que el fenómeno sea en extremo curioso. No solamente en asuntos religiosos sino también en otros campos. No es infrecuente, por ejemplo, escuchar opiniones económicas firmes en boca de no especialistas, como por ejemplo, un sacerdote.

El caso que debía ser el más llamativo es paradójicamente el menos percibido de todos: el de candidatos a posiciones públicas y que hacen propuestas económicas sin que tengan conocimientos mínimos de Economía. Parece que el simple hecho de que quieran estar en el poder les da credibilidad en campos que desconocen.

El fenómeno es uno de transferencia de credibilidad, mediante el que muchos suponen que si una persona es una experta en el campo B del saber, eso permite darle la misma credibilidad en el campo M, que no es su especialidad.

Un ejemplo de nuestros tiempos, el de «Stephen William Hawking […] es un físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico británico». Cuando habla de religión se le escucha, lo que significaría que también se le debiera escuchar cuando hable de cómo arreglar caries dentales.

Esto, que creo que es muy razonable, sin embargo se ignora consistentemente, causando un ambiente en el que ideas de baja calidad desplazan a las de mejor calidad debido a la celebridad que las emite. La palabra clave es ‘celebridad’.

Sucede en nuestros tiempos de escasas neuronas y demasiada televisión un fenómeno llamativo, el de la celebridad: la persona reconocida popularmente, la que es famosa y recibe atención en medios masivos. Desde ciertos actores o artistas hasta personajes que pueden agruparse en el grupo de «intelectuales».

No hace mucho que un amigo comentaba esto mismo al hablar de una universidad que había invitado a una conferencia de temas políticos y económicos a una celebridad que se distinguía en literatura y era ampliamente conocida. «De haber invitado al experto real en Economía, no habrían tenido una asistencia tan numerosa como la que tuvieron», me comentó.

Esto es lo que pienso que bien vale una segunda opinión, la incorporación de la celebridad al mundo de las ideas que son ajenas a su conocimiento central. Esto multiplica el número de ideas que se emiten y donde ellas compiten no sobre el criterio de su calidad sino sobre el criterio de la celebridad. A más fama, más difusión de su idea y, muy probablemente, mayor credibilidad general.

En ese mundo intelectual las ideas abundan y se multiplican como nunca antes, con un problema, el de que su estándar de evaluación está más fundamentado en la celebridad de su difusor que en la solidez de su argumentación. La fama mediática sustituye al uso de la razón.

Esto es un agravamiento de la falacia ad verecundiam, que es el hacer uso del prestigio de alguien para apoyar una opinión, sin atender a la opinión en sí misma. No es que esté mal usar a una autoridad reconocida como apoyo a una opinión. Lo que está mal es no atender a la argumentación que la sostiene.

Mi punto es que eso se ha agravado porque se usan a celebridades como autoridades en campos en los que no son autoridad. En falacias.escepticos.es esto ha sido explicado así, un escritor diciendo: «Como Nobel de Literatura, recomiendo el vino tinto para combatir la caspa».

La gracia que eso muestra tiene consecuencias tristes, especialmente el abandono de la razón y de la lógica.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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