Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Civilización y conversación
Eduardo García Gaspar
28 noviembre 2017
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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Es la idea de la conversación. La conversación como un logro de la civilización.

«Hay un ideal de la civilización que tiene un ejemplo en el seminario perfecto o en las conversaciones alrededor de una comida, en la que cada persona da lo mejor de ella a los otros, en la que nadie domina o monopoliza el tema y en la que la buena educación asegura que cada uno cede en el momento que colectivamente se requiere, de manera que la conversación pueda tomar su curso impredecible» Véase referencia abajo.

Es parte de lo que hace a la vida amable y que es rasgo de la civilización. Lo que permite convivencia y crecimiento personal. Uno de los puntos culminantes de los humanos, el hablar entre nosotros. Lo que llamamos conversación. Hablar entre varios, en libertad, con amabilidad y respeto, con humor y sentido común.

No es algo frecuente porque necesita ciertas condiciones. Las condiciones de la participación de personas que han hecho suyas las reglas de la convivencia, como el uso de la razón, el dejar hablar a otros, el escuchar tratando de entender. Todo eso que llamamos buena educación, una conducta civilizada.

Tiene que ver con otra faceta humana, la de la amistad, eso tan difícil de definir y que altera a las posibilidades de conversar en ese ambiente placentero de la conversación sin propósito concreto y que se enriquece por, precisamente, compartir las ideas de poder pensar, razonar, expresar ideas complejas, aprender, compartir y hacerlo cara a cara, añadiendo esa rica dimensión de la expresión facial y corporal y la improvisación verbal (sin emojis prefabricados).

En parte, esto es una reprobación parcial a nuevas tecnologías que impiden el desarrollo completo de la conversación, pero sobre todo es una llamada a cuidar este producto de la civilización. Ponemos en riesgo a la conversación y a la misma civilización cuando suceden cosas como las que apunto.

Una, muy obvia y repulsiva, es el uso exagerado del lenguaje vulgar. Las malas palabras y el lenguaje soez, tan popular en las películas y los medios, introduce un elemento de agresión. Significa el abandono de la cordialidad y la gentileza. Usado razonablemente, salpica a la conversación de un cierto sabor, pero como la sal, el exceso lleva a mal término.

Esto es un lamento por la sustitución de la riqueza de palabras y un buen vocabulario, con un lenguaje simple, primitivo y elemental. Demasiado primario para poder conversar civilizadamente. Es eso que se conoce como coprolalia y que estorba al uso de la razón. Por ejemplo, un candidato a la presidencia en México acerca de un rival:

«”Encantado que sea Meade [el candidato del PRI] porque así me lo voy a joder más fácil”, comentó el gobernador de Nuevo León y aspirante a candidato presidencial Jaime Rodríguez». lasillarota.com

Otra es la sustitución de la argumentación con el insulto y la injuria. Es dejar de escuchar al otro y tratar de entenderlo; la inmediata reacción que interrumpe con un improperio. Esto ha existido siempre, tanto que se conoce como la falacia ad-hominem, la falacia del insulto.

Tanto el lenguaje vulgar excesivo como el insulto, que sustituyen a la razón, obstaculizan a la conversación civilizada. Vea usted los estragos que estas dos cosas causan en el campo político.

«Y hace más de diez años el profesor Fernando Lázaro Carreter se refería a la “anemia idiomática” que se traduce en una “pobreza mental y lingüística” cada vez más acentuada». lavanguardia.com

En tercer lugar está otra sustitución, la de la razón por los sentimientos, la del cerebro por las emociones. Esto impide conversaciones que lleven a algo enriquecedor y la limitan a una sesión en la que cuando mucho se comparten sensaciones que exigen ser respetadas como verdades sin posibilidad de examen.

Las sensaciones de tener opiniones inapelables y que no pueden ser contrariadas so pena de causar frustración mental.

Los sentimientos inapelables en conjunto con el lenguaje políticamente correcto forman un obstáculo considerable para tener conversaciones civilizadas. Muy opuestas a la cultura Occidental, acostumbrada a los cuestionamientos continuos, la conversación civilizada tiene poca probabilidad cuando la consideración central es no herir sentimientos ni violar códigos estrictos de censura en la expresión.

Finalmente, el desinterés. Quizá provocado por el materialismo extremo, la conversación, que es algo espiritual, provoca aburrimiento. Es el abandono de lo inmaterial que tenemos como humanos. Una pérdida de lo místico y sagrado que hace a la conversación algo deseable en sí mismo.

En fin, unas notas acerca de la pérdida en proceso de una de las manifestaciones de la civilización y que quizá sea un signo de nuestros tiempos.

Post Scriptum

«There is an ideal of civilization which is exemplified in the perfect seminar or dinner-table conversation, in which each person gives of his best for the others’ sake, in which nobody dominates or monopolizes the theme, and in which good manners ensure that each gives way at the moment collectively required, so that the conversation can take its unpredictable course». Scruton, Roger. How to be a conservative (Kindle Locations 2472-2475). Bloomsbury Publishing. Kindle Edition.

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