libre mercado

Las conductas espontáneas humanas, su causa y sus efectos. El correcto entendimiento de espontaneidad como libertad de iniiciativa personal para hacer contribuciones personales a la prosperidad.

.

Introducción, un caso

Es el siglo 13 con Jean Buridan, rector de la Universidad de París. Un franciscano que se puso a pensar —y llegó a escribir cosas como esta:

«Si Sócrates entregó a su mujer a Platón voluntariamente y con el consentimiento de ella para cometer adulterio a cambio de diez libros, ¿quién sufrió una pérdida y quién ganó? (…) Ambos sufrieron un daño en lo que a su alma concierne (…) [pero] en lo que se refiere al bien externo, cada uno ganó porque tiene más de lo que necesita». miseshispano.org

Pensando ahora acerca del dinero, Buridan concluyó que era algo espontáneo, una creación natural producida por la acción humana en actividades de intercambio.

El dinero emergió como un satisfactor de necesidades para facilitar intercambios. No fue algo planeado; no fue un invento intencional; no fue creado por los gobiernos.

Conductas humanas espontáneas

Es el concepto de espontaneidad aplicado a las acciones humanas, entendiendo a ella a veces torpemente como:

«La espontaneidad se define como el conjunto de acciones irrazonadas presentes en el comportamiento humano. […] manifestación de los instintos como opuesta a la razón […] la espontaneidad es una característica de acciones que no requieren de motivos razonables […]» es.wikipedia.org

Esta es la primera corrección que debe hacerse. Espontaneidad no es igual a lo irracional y emocional. Esta mejor comprendida la naturaleza del concepto en esto:

«Se entiende por espontáneamente de una manera o modo espontáneo, natural, sencillo, abierto, voluntario, franco, desenvuelto, libre, potestativo, opcional, facultativo, sincero, fácil, noble, elemental, cordial y generoso que obra den una manera honesto o se hace de una manera voluntaria». definiciona.com

La naturaleza esencial de la espontaneidad está en dos palabras claves de esa definición: «voluntario» y «libre». Las acciones o conductas humanas espontáneas son intencionales, decididas en libertad en medio de opciones diversas, dentro de circunstancias particulares.

Espontaneidad es libertad

Es usual asociar a la espontaneidad con palabras como sinceridad, naturalidad y sencillez, pero en el estudio de la conducta humana la espontaneidad va mucho más allá de eso y de lo escasamente racional.

La espontaneidad es esa condición que sucede cuando se dejan libres a las iniciativas individuales, la que permite encontrar soluciones a problemas sin necesidad de planeación general ni diseño intencional y que es imposible de pronosticar.

Así se inventó el lenguaje, el dinero, el comercio y la división del trabajo, ideas tan obvias que se aplican sin pensarlo siquiera como algo natural. La conclusión es la que se imagina.

La espontaneidad de las conductas humanas es un efecto de la libertad de la que gozamos. Cuanta más libertad se tiene, más espontaneidad habrá; y viceversa.

¿Es algo que tenga buenos resultados o no?

La resultante general de la espontaneidad es la obvia: cuando se dejan libres a las iniciativas humanas, las personas optan por usar sus talentos si con ello perciben que tendrán una mejora personal.

La cosa es aún más compleja porque la apariencia de la espontaneidad puede ser el desorden. Sí, la fachada exterior de la espontaneidad es confusión, caos, anarquía y esta apariencia mueve a muchos a querer imponer el orden que ellos creen que es deseable.

📌 Desafortunadamente, así se disminuye a la espontaneidad y con ello se reducen las aportaciones personales y el uso de los talentos personales —que son el gran efecto benéfico de las conductas humanas espontáneas: acumulan contribuciones de beneficio general.

¿Problemas con la espontaneidad? Por supuesto y son los obvios. Los humanos no son perfectos y algunas conductas libres serán reprobables: fraudes, mentiras, daños y similares (una constante aún sin la espontaneidad).

Por eso la espontaneidad necesita estado de derecho, cuya misión es garantizar a la libertad, es decir, la espontaneidad, y el derecho a poseer los resultados de las iniciativas propias.

Y ahora surge un aspecto que es un descubrimiento de quienes se han puesto a pensar, filósofos, economistas, historiadores: cuando las personas actúan espontáneamente intercambiando bienes, el bienestar de uno es producto de la contribución que se haga al bienestar del otro (Adam Smith, que era un filósofo, es el más célebre de quienes han mencionado este punto).

Complejidad, simplicidad, espontaneidad

La espontaneidad tiene poca oportunidad de ser explicada racionalmente, aunque sea un conjunto de acciones racionales —un choque entre la realidad compleja y la simplicidad teórica.

Un choque de visiones que está en el fondo de las diferencias entre socialismo y liberalismo —siendo el socialismo un fruto de la simplicidad teórica y el liberalismo uno de la realidad compleja espontánea.

Con un ingrediente extra considerable: la simplicidad teórica del socialismo es mucho más atractiva que la realidad compleja del liberalismo —un asunto que es notorio en el caso de las tradiciones.

Una creación espontánea

El ejemplo usual es el del lenguaje —una realidad indudable que no viene de ningún diseño racional ni intencional, es decir, no es un producto de ninguna teoría simple que lo creó ex-profeso.

Nadie en realidad puede ser nombrado como inventor del lenguaje —aunque existan personajes destacados en el tema. Lo mismo sucede con el dinero, otro producto de la espontaneidad acumulada de iniciativas personales.

Sin proyectos ni planes

Lo que trato de mostrar es la realidad de cosas que no han sido creadas mediante la elaboración de un proyecto racional previo con un propósito expresado analíticamente —sino la consecuencia de un número considerable de ideas y acciones que se acumulan para crear tradiciones, costumbres, usos, ideas, expectativas, normas, reglas, celebraciones.

Ni la agricultura, ni la ganadería se inventaron ex profeso usando una teoría simple inicial que tuviera un propósito como el del cultivar trigo, almacenarlo y comerlo posteriormente. Ninguna porción de los procesos de producción se crearon mediante teorías simples anteriores.

Cuando se utilizó el carruaje tirado por caballos, eso no fue producto de una teoría previa que inventó la rueda y añadió al caballo —más bien fueron conductas humanas espontáneas e invenciones que fueron acumulándose para tener una complejidad real sin la explicación racional de una teoría simple previa.

Invención del mercado

¿Quién puede ser acreditado con la invención de un mercado? Una idea al respecto está bien expresada:

«Además de sus funciones económicas, el mercado fue también el centro de reunión informal en la sociedad prehispánica. Ahí la gente veía a los viejos amigos, hacía nuevos e interactuaba con forasteros de tierras lejanas; convivía, intercambiaba chismes y se enteraba de las últimas noticias que circulaban de boca en boca. De manera muy semejante a los conjuntos de tiendas departamentales y centros comerciales en la sociedad actual, el mercado desempeñaba un activo papel en la existencia social y económica de la gente que acudía a ese lugar». arqueologiamexicana.mx

Los mercados y la formación de precios son el producto de la espontaneidad que no tiene un diseño previo intencional —es algo que, por definición, se crea sin que exista intervención ajena, ni intención previa y que forma algo complejo y real.

Nadie hubo que diseñara una teoría previa de formación de precios y más tarde diera órdenes para que ella se implantara en tal o cual lugar —con el gran problema de que los problemas que se presenten en la implantación tendrían que ser consultados con «los creadores».

Eso que la espontaneidad crea puede ser estudiada y descrita, aunque no corresponda a una teoría simple previamente creada —y, aún más, no puede ser alterada, dada su complejidad, sin efectos colaterales imprevistos e indeseables.

Las teorías simples suelen tener buenas intenciones —lo que les sirve de justificación exclusiva, pero tienen un historial que no es precisamente exitoso.

La conclusión es razonable: lo creado por las conductas humanas espontáneas podrá parecer falto de razón, podrá parecer que es posible de mejorar, podrá parecer que sus intenciones no son claras —pero eso no es suficiente como para querer destruirlo y ser sustituido por una teoría simple que presume de racional y quiere parti de cero.

La espontaneidad permite creatividad y eso puede desquiciar a muchos

En los intercambios espontáneos de bienes —el proceso del mercado libre— suelen considerarse los elementos obvios, aunque en realidad haya otros. Comúnmente se ignoran aspectos como la inquietud personal y la creatividad que provoca.

La compra-venta de un bien cualquiera es visto como un intercambio en el que ambas partes ganan, elevando su bienestar general con respecto a su situación previa al acto.

Las partes hacen cálculos, evalúan costos, analizan oportunidades, examinan costos —de manera instantánea o lenta, intuitiva o detallada, no importa— para tomar una decisión.

Aunque eso es una realidad, creo que no lo es todo y existen factores que influyen en esas conductas humanas espontáneas de intercambio —mucho más allá de un examen racional de costos, al estilo de un homo economicus.

Creatividad espontánea

Considero ahora la introducción de un nuevo elemento en ese proceso de mercado libre: la inquietud personal convertida en un fenómeno de creación de ideas para mejorar el intercambio —algo que está siempre presente, pero que se presenta más marcadamente en algunas personas.

• El vendedor/productor con esa inquietud creativa iniciará cambios producidos por sus ideas de experimentación: nuevos productos, distribución diferente, empaques distintos, organizaciones desiguales —todo con el propósito de mejorar lo que hace.

Si lo hace motivado por el deseo de ganar más, que es la explicación dominante, o por la sola motivación de crear, es lo de menos —la realidad es la existencia de esa inquietud creativa del productor, o algunos de ellos.

• El comprador/consumidor también tiene esa inquietud creativa, que le moverá a intentar mejoras: cambio de marcas, prueba de productos, usos distintos, proveedores variados —todo con la intención de mejorar su consumo.

Puede hacerlo motivado por la inquietud de incrementar su satisfacción, o quizá por una pasión de probar cosas nuevas, pero eso es lo de menos —el hecho es que también tiene esa misma inquietud creativa.

Situación desconcertante

Las inquietudes creativas de ambos «desquician» a la sociedad y al mercado, lo desestabilizan, haciendo imposible, por ejemplo la idea de mercados en equilibrio o de unan sociedad estacionaria.

La inquietud creativa del productor es lo que se ha llamado conducta del emprendedor: un productor al fin y al cabo, pero con más intranquilidad y agitación que el común de ellos —quizá S. Jobs haya sido el ejemplo más claro de esto en la actualidad.

La inquietud creativa del comprador es lo que ha movido a estudiar la conducta del consumidor como una rama de alta especialidad —un elemento que también desequilibra a los mercados establecidos.

La conclusión es obvia: los mercados están siempre en movimiento, cambiando, desquiciándose —son un proceso en continua agitación y conmoción, de continuos intentos de ajuste ante las innovaciones producidas por esas inquietudes creativas.

Y eso sucede solo mientras existan conductas humanas libres y espontáneas —pero no cuando se anula la libertad que impide la espontaneidad que abre la puerta al uso del talento y la creatividad individual.

Otras conclusiones menos obvias

• Sería atrozmente ostentoso creer que el mercado pudiera ser controlado por una agencia centralizada, siguiendo el método de la propiedad estatal de los bienes de producción: es imposible controlar todas las variable.

Peor inclusive, menos factible sería sustituir la inquietud creativa de millares de emprendedores y compradores.

• Los pronósticos económicos se vuelven dificultosos al máximo por la misma razón, esa inquietud creativa de productores y consumidores —la que no es posible de enmarcar en parámetros numéricos.

• Aunque es deseable establecer reglas de funcionamiento de los mercados libres, es decir, leyes y reglamentos gubernamentales —esas normas deben ser pocas, simples y de fácil aplicación, reglas simples para un proceso complejo.

El exceso de reglamentación impediría la acción producida por la inquietud creativa de las conductas humanas espontáneas y frenaría el avance de la implantación de ideas mejoradas.

• La inquietud creativa produce perturbaciones que podrán ser con mucha facilidad interpretadas como alteraciones indeseables de la economía, produciendo una inquietud legislativa que intente controlar los trastornos percibidos.

Ese desquiciamiento de la sociedad de personas libres es de hecho un proceso de ajuste interminable a las nuevas situaciones creadas por las iniciativas de las inquietudes de productores y consumidores —por lo que detener el ajuste con intervención gubernamental causaría daños suspendiendo las correcciones que realizan esas personas.

• La inquietud creativa del productor es netamente individual, producida por ideas concebidas por personas específicas y concretas y que intentan volverse realidad con acciones que ligan a otras personas también concretas y específicas —una estructura imposible de duplicar.

Una historia y su conclusión

La historia de W. Somerset Maugham, The Verger (El Sacristán), muestra la inquietud del personaje al enfrentar una situación que le hace tener una idea:

«[…] y como nunca llevaba tabaco encima empezó a mirar arriba y abajo en busca de un sitio que expendiera Gold Flake. Al no ver ninguna tabaquería echó a caminar un poco más; era una calle larga que contaba con abundantes tiendas, pero no había ninguna donde uno pudiera comprarse tabacos».

Habiendo examinado lo anterior, llego al corolario de lo que pretendo mostrar.

Las sociedades libres no tienen procesos que puedan ser explicados mecánicamente con una motivación cuantificable de maximización de la prosperidad —tendrían que serlo para poder ser conducidos por una agencia central planificadora de la economía.

Son procesos profundamente alterados y perturbados por actos humanos —esa inquietud creativa—, que pueden estar equivocados, que pueden ser impredecibles, acertados, medianamente exitosos, sujetos a mejora.

Con una posibilidad, la de entender que la inquietud creativa no produce en realidad perturbaciones y desequilibrios en los mercados, sino correcciones posibles en camino a mercados mejores.

Las conductas humanas espontáneas crean competencia

No hay posibilidad de evitarlo, la espontaneidad de las acciones personales en un régimen de libertad crean una situación de competencia.

Ella puede ser comprendida en la frase de F. Bastiat: «Competencia es meramente la ausencia de opresión». Usualmente el término ‘competencia’ en su acepción económica acarrea connotaciones negativas —como bien se ilustra:

«Uno de los mayores ataques que se suele hacer al sistema económico capitalista es que se basa en relaciones de competencia. La excesiva competencia lleva incluso a deshumanizar las relaciones que establecemos con nuestros congéneres, el ansia por ganar, por conseguir el puesto de trabajo o por conseguir clientes reina en todas las facetas donde el mercado aparece». queaprendemoshoy.com

Sin embargo, examinado más de cerca, el término ‘competencia’ tiene significados mucho más profundos y sutiles —lejos de esa tosca comprensión usual.

Es posible encontrar un más perspicaz entendimiento de la competencia cuando se parte de la idea de la libertad y las conductas humanas espontáneas —es decir, creer que las personas son libres por naturaleza y tienen libertades como la de expresión.

Quien no crea en esta libertad humana no comprenderá lo que sigue.

Si una persona cualquiera es libre, se entenderá primero que el resto de las personas lo son igualmente —y eso significa actuar sin obstáculos y de acuerdo con decisiones propias; una ausencia de estorbos e impedimentos para que la persona escoja, elija y seleccione.

Esta es la libertad negativa definida como «Libertad relativa a la no intervención en las acciones y omisiones de una persona por parte de otras personas». Negativa porque considera perniciosos a los impedimentos de la libertad (no porque sea mala, como he visto que llega a entenderse).

Yo quiero decidir

Esto puede verse desde otro ángulo muy prometedor: libertad es preferir ser uno quien selecciona y decide —rechazando la idea de que sea otro quien decida y escoja en su lugar.

«Deseo escoger por sí mismo, no que otro escoja por mí, o a pesar mío —eso es todo» F. Bastiat.

Esto puede entenderse como un respeto mutuo de autonomía de decisiones. Si la persona A no debe tomar las decisiones que son de la persona B, pero lo hace, eso significaría que la persona B podría entonces tomar las decisiones que son de la persona A.

Con una advertencia adicional, la de la garantía de que las decisiones que otro toma sustituyendo las mías sean mejores que las que yo hubiera tomado —y, peor aún, si los resultados de las decisiones que otro tomó a mi nombre fueron malas, yo no seré responsable de ellos.

De aquí, el lector puede concluir que la libertad se acepta como parte de la naturaleza humana y que ella consiste en la posibilidad de decidir y actuar por uno mismo —sin que nadie más sustituya a la persona, es decir, tener conductas humanas espontáneas.

Competencia es espontaneidad

📌 Aceptando esto no hay otra alternativa posible que reconocer que la competencia es una consecuencia inevitable de la libertad —quitar a la competencia significaría retirar la libertad de decidir individualmente. Es decir, anular a las conductas humanas espontáneas.

El lector puede ahora examinar sus decisiones libres y entender que ellas significan competencia —como vender automóviles, en competencia con otros que hace lo mismo. Comprar un libro, en competencia con otros compradores. Obtener un trabajo, en competencia con otros candidatos.

La competencia electoral es una consecuencia de la libertad para decidir dar el voto personal —y no aceptar que sea otro el que decida por mí. Si se anula la competencia democrática, se anula a la libertad política —si se cancela a la competencia económica se anula a la libertad económica.

La conclusión es incontestable: en regímenes de libertad personal la competencia es una consecuencia inevitable —como cuando la libertad de expresión produce una serie de ideas que compiten entre sí para explicar algún fenómeno, o convencer de votar o no por un candidato.

Conclusión

Fue analizado el significado real las conductas o acciones humanas espontáneas, retirando, primero, la idea de que ellas son irracionales. No lo son necesariamente.

Ellas son la consecuencia de una situación de libertad personal que permite a las personas tomar decisiones por ellas mismas, usando su talento y creatividad, lo que crea un cúmulo de contribuciones que son de beneficio a todos.

Esas conductas espontáneas de las personas producen una apariencia de desorden que es odiosa para la personalidad que ambiciona imponer sus propias ideas de orden en los demás.


.

Y unas cosas más…

Debe verse:

Liberación de talento y dinamismo económico

Otras ideas:



[Actualización última: 2020-08]