Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Contrato Social: Consecuencia
Eduardo García Gaspar
11 octubre 2017
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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La idea es de filosofía política. Una abstracción que pretende explicar y hacer entendible un fenómeno, dándole un nombre propio.

Es la idea del «contrato social», la que está bien explicada en esto:

«Contrato social es una expresión que se utiliza en la filosofía, la ciencia política y la sociología en alusión a un acuerdo real o hipotético realizado en el interior de un grupo por sus miembros, como por ejemplo el que se adquiere en un Estado en relación a los derechos y deberes del estado y de sus ciudadanos. Se parte de la idea de que todos los miembros del grupo están de acuerdo por voluntad propia con el contrato social, en virtud de lo cual admiten la existencia de unas leyes a las que se someten. El pacto social es una hipótesis explicativa de la autoridad política y del orden social». filosofia.net

La idea suele estar asociada con pensadores: T. Hobbes (1588-1679), J. Locke (1632-1704) y J. J. Rousseau (1712-1778).

Tiene su lógica esta idea. Usted como miembro de una sociedad ha aceptado un contrato de convivencia en esa sociedad: derechos y deberes comunes a todos. Vivir allí es igual a estampar su firma en un contrato estándar.

La mentalidad que eso crea tiene sentido, el de las obligaciones aceptadas por la persona que vive dentro de esa sociedad, gozando de los derechos que allí se le respetan. Si no le gusta ese contrato, usted puede irse a otra parte cuyo contrato social le sea más ventajoso.

El contrato social tiene una utilidad práctica en casos de emigrantes para hacerles comprender que su arribo a cierta sociedad va acompañado con la obligación de respetar sus creencias, leyes, costumbres, creencias y demás.

Pero esta idea no está libre de problemas. Uno de ellos es muy notorio. ¿Es libre la aceptación del contrato social? No realmente, Quien nace en una cierta sociedad no hizo una selección previa de cuál de todas las sociedades tenían un contrato que le conviniera mejor.

Peor aún, renunciar al contrato implica un costo sustancial de emigración a otra parte. Quienes permanecen dentro pueddebenn hacerlo tal vez porque no pueden pagar ese costo. No es en realidad, entonces, una aceptación libre del contrato social, sino más bien una circunstancia ocasionada por factores fuera del control personal.

Hay otro punto menos obvio que también debilita a la idea del contrato social, cuando este se interpreta como algo creado de la nada hace unos días. Esta fue la reacción de E. Burke (1729-1797) contra la idea del contrato que coloca a la soberanía en la gente, que es necesariamente la gente que está viva en ese momento y solamente ella. Y que puede cambiar el contrato a voluntad.

Eso significa ignorar a los anteriores y a los futuros. Los ya fallecidos fueron parte de esa sociedad y contribuyeron a crearla. Ignorarlos creyendo que solo los vivos cuentan es un error, como sería el dejar de pensar en quienes vendrán en el futuro. La sociedad es mucho más que solo el presente.

Esto es, creo, un peligro de nuestros tiempos, el suponer que todo lo que importa es el presente y que puede él generar un contrato social a gusto y placer de quienes ahora viven. Ignorar las experiencias anteriores es desperdiciar riqueza acumulada de generaciones. Descuidar a los que vendrán es una imprudencia.

Eso es lo que bien vale una segunda opinión: las consecuencias del énfasis desordenado en el presente y que lleva a creer que puede crearse un nuevo contrato social desde la nada, hoy. Es la mentalidad que suele hablar del advenimiento de una nueva moral, de cambios a las estructuras sociales, de rechazo a las tradiciones; un amor apasionado y miope por todo lo que sea nuevo, sea lo que sea.

En concreto, lo que esa mentalidad del nuevo contrato social posible de crear como un presupuesto de base cero, produce con su énfasis en el presente es la pérdida del sentido de eternidad humana. Si se piensa que nada hay antes ni después de la vida, entonces es lógico pensar en tener un contrato social nuevo, hoy, sin importar el de antes ni el de mañana.

Manifestación clara de esta mentalidad son las propuestas de utopías políticas consideradas posibles con un cambio en el contrato social, como la marxista en sus diferentes versiones; o como en la propuesta del Socialismo del Siglo 21. Incluso la idea del estado que cuida al ciudadano desde la cuna hasta la tumba, por no mencionar las ideas que llevan a crear nuevas constituciones morales originadas por el gobierno.

Lo que intenté hacer es poner sobre la mesa a la idea del contrato social, comprendiéndola para luego apuntar el peligro que ella contiene, el creer que es posible destruir todo lo anterior para hacer algo nuevo totalmente desde la nada.

Post Scriptum

Para esta columna me apoyé en el libro de Roger Scruton Modern Culture.

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