Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Crisis de Valores
Eduardo García Gaspar
3 mayo 2017
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es otra manera de decir «crisis de moral». Con un problema, el abuso de la palabra ‘crisis’. Demasiado usada como para poder mantener su significado original.

Quizá sea mejor hablar de otra cosa, como «peligro ético», una expresión más descriptiva. O algo como «ruina moral». Lo de ‘crisis’ es demasiado abstracto para ser útil.

Es esa inclinación por lo abstracto a la que me refiero, como cuando se habla de pobreza y no de pobres; de delincuencia y no de delincuentes. La crisis de valores es en su realidad un problema de conductas inmorales frecuentes y que forman un patrón consistente de hechos, como la corrupción de gobernantes o el delincuente repetitivo.

Fulton J. Sheen lo explica bien en un libro de los años 30 del siglo pasado. ¿Está esa crisis en la moral, en la ética, en los valores? No realmente. La moral no está en crisis; tampoco la ética ni los valores. Todos ellos se mantienen igual. La crisis está en las personas y consiste en no tener una vida guiada por ellos.

Es como hablar de una crisis en las leyes cuando lo que en verdad sucede es una crisis de acciones de delincuentes. Personas que violan esos preceptos y que son el problema.

Con algo adicional, propio de estos tiempos: considerar que los valores, la moral, la ética tienen estándares muy altos que son imposibles para la gran mayoría. Suponer que la conducta humana no podrá cumplir con esas reglas lleva sin remedio a la noción de aligerarlas. Relajarlas las haría más accesibles y la gente podría cumplir con ellas.

«Gana en Nayarit candidato que dijo “sí robé, pero poquito”» animalpolitico.com

Es como si en una universidad el examen de admisión se suavizara para que todos o casi todos pudieran aprobarlo. Una reducción de exigencia académica que no es diferente a la reducción de exigencia moral.

Si acaso alguien se declara como incapaz de vivir de acuerdo con los valores, pues ellos se cambian a esos que ella pueda cumplir y el problema está resuelto: la persona ya actúa moralmente. La situación es una comedia tomada en serio.

«Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros». Groucho Marx

Piense usted en competencias deportivas en los que las reglas cambian para acomodarse a las capacidades de los participantes. Si no pueden correr velozmente, se les coloca a poca distancia de la meta. Como cancelar el fuera del lugar a unos pero no a otros.

¿Qué sucede al relajar las reglas morales? Usted puede imaginarlo al pensar en lo que sucede con la educación cuando se reducen los estándares académicos; o cuando se bajan los estándares de competencias deportivas. No se requiere mucha imaginación para pensar que habrá eso que se llama crisis de valores y que en realidad es un problema de conductas inmorales.

Dice Sheen que en última instancia existen solamente dos posible ajustes que podemos hacer a nuestras vidas. Una alternativa es ajustar nuestra vida a los valores y preceptos que no cambian; la otra es cambiar esos valores a nuestras vidas sin modificarlas.

Esta segunda alternativa es la que produce el problema de inmoralidad pues por más que quieran cambiarse las reglas, mantendremos una cierta noción de ellas y veremos que las conductas que bajo las nuevas reglas aparecen como correctas, bajo los preceptos inamovibles son indebidas.

Un ejemplo, el de una crisis mundial en matemáticas si cambiamos las reglas y aceptamos como correcto que el resultado de 4 X 4 que dé el alumno será correcto si se encuentra entre 8 y 24.

Esto puede verse como una relajación de estándares. Es debilitar normas. Aflojar exigencias. Destruir los incentivos del esfuerzo. Anular el sentido de la responsabilidad, del empeño y del trabajo.

Y se encuentra en todos esos reclamos de democratizar a la moral, de quitarse de encima pensamientos anticuados, de liberarse de imposiciones morales. Cuando se hace eso, no habrá otro resultado que esa crisis de valores que agrava el suponer que la moral es simple convención social cambiante.

¿El remedio? Volver a la idea de moral absoluta, de ética universal, de normas inamovibles. De que las nociones de exigencias, de estándares altos y de sacrificio producen buenos resultados. De que el sentido de culpa y remordimiento corrige acciones futuras.

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