Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cultura y Tolerancia
Eduardo García Gaspar
16 octubre 2017
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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Critique usted a otra cultura, o a otra manera de pensar. Y, dependiendo de quien le rodee, podrá usted ser acusado de racismo, de intolerancia.

El fenómeno es digno de resaltar: los desacuerdos señalados como síntomas de fanatismo o discriminación. Es decir, tener una opinión que no concuerde con el pensamiento pre-aprobado se vuelve algo re-probado.

Es el resultado del multiculturalismo llevado a su extremo lógico: la reprobación de opiniones opuestas, lo que significa negarse a pensar para responder. Y no se detiene allí, el multiculturalismo se lleva hasta su extremo legal: la emisión de leyes y órdenes de gobierno para impedir opiniones opuestas.

El fenómeno es llamativo por la contradicción que contiene. Se llama a celebrar las diferencias argumentando que eso es respeto a la diversidad cultural, pero se impide la diversidad cultural de quienes no piensan así.

Un ejemplo, se festeja la diversidad de la teoría de género sexual con opción múltiple, diciendo que es una manifestación que llama a la tolerancia, y la tolerancia, por definición, es buena. Pero si alguien afirma que eso del género opcional es erróneo, entonces ya no más tolerancia, al contrario.

Resulta un tanto cómico pedirle a una persona que sea tolerante conmigo al mismo tiempo que soy intolerante con ella. Esta contradicción del multiculturalismo le hace muy débil en sus fundamentos. Una debilidad que se soluciona acudiendo a la ayuda gubernamental: quien no piense como yo puede ser acusado legalmente de algo, como odio, racismo, o discriminación.

Esto lleva a otra debilidad del multiculturalismo y que no es tan sencilla de ver como la anterior.

Es algo razonable y bueno en cualquier cultura tener a la tolerancia entre varias de sus virtudes. Una sociedad de personas libres no podría ser de otra forma. Respetar a la libertad ajena es igual a ser tolerante con el otro.

En el caso de inmigrantes, por ejemplo, eso se vuelve algo recíproco. El nacional tolera la diferencia del inmigrante, pero este se obliga también a respetar la diferencia del nacional (al menos en teoría). La tolerancia es una calle de dos sentidos. Sin celebrar las diferencias, el tiempo puede llevar a la asimilación del inmigrado en la cultura local (quizá en la segunda o tercera generación) y eso no es malo.

Pero el multiculturalismo se ha convertido en una fiesta que celebra diferencias. Cuantas más diferencias existan, más celebración se tendrá. La asimilación del otro en la cultura local es igual a terminar la fiesta y no debe permitirse. El de la otra cultura, el inmigrado, debe ser preservado sin cambio, como momificado.

Al festejar la diferencia se ve obligado a rebajar a su propia cultura elevando la del otro. Si todas las culturas son iguales, como cree el multiculturalismo, termina sin remedio aceptando que la suya es inferior cuando no festeja y preserva las diferencias, o cuando expresa opiniones opuestas.

El multiculturalismo, por tanto, equivale a la formación de una nueva cultura superior al resto. Una cultura de celebración de diferencias y que solo puede ser construida degradando a la cultura propia y elevando la de los otros. El resultado es una cultura de fragmentación social y culto al conflicto.

«Noruega ha dado un paso más que Suecia en su decisión de retirar los símbolos cristianos para así no ofender a los refugiados musulmanes que su país debe acoger por cuota. La diferencia estriba en que las autoridades noruegas obligan a quitar las cruces mientras que en Suecia estas directrices no aparecen escritas aunque en algunas instituciones han tomado esta decisión». infocatolica.com

Una fragmentación que se convierte en una búsqueda continua de ofensas, lo que es realmente curioso. Si usted festeja la diferencia, también esperaría que el otro la festejara; uno ve una cruz y se alegra, lo mismo que el otro viendo una media luna.

Pero no sucede eso realmente. El otro no festeja la diferencia; al contrario, la desprecia y exige reparar la ofensa: que la cruz desaparezca, aunque sea parte de la cultura local; o que se prohiba la expresión del punto de vista opuesto, incluso con castigo legal.

«Un pastelero cristiano en Gresham, Oregon (Estados Unidos), podría pagar una multa de 50 mil dólares por haberse negado a preparar un pastel de bodas para una pareja de lesbianas». aciprensa.com

En fin, el concepto del multiculturalismo, tan de moda en estos tiempos, parte de la vieja idea de la tolerancia de la libertad, para convertir a esa virtud en un engendro sin sustento y que termina socavando a la cultura misma que inventó a la tolerancia.

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