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Decisiones Políticas: el Error
Eduardo García Gaspar
6 marzo 2017
Sección: ECONOMIA, NEGOCIOS, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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El alegato tiene cierto tiempo en México. Es un punto de campaña de López Obrador: construir refinerías estatales para producir gasolinas con el petróleo nacional.

Una decisión no de negocios, sino política. Como muchas, muchas otras, en México y en otras partes.

Examinar algo más de cerca la propuesta bien vale una segunda opinión.

Voy paso por paso para ver un caso, entre muchos, de decisiones políticas que tienen impacto económico.

La propuesta del candidato a presidente en 2018 afirma que es irracional no refinar el petróleo propio aquí mismo; tan absurdo «como exportar naranjas e importar jugo de naranja». La conclusión es obvia: se deben construir refinerías, pero de propiedad estatal.

¿Es cierto eso? Realmente no. Si el jugo de naranja se compra más barato en el exterior, es una buena decisión hacerlo aunque uno produzca naranjas. Muchos productores de naranjas hacen eso, igual que el ganadero que va a comer carne en el restaurante que no es de su propiedad.

La propuesta de las refinerías se defiende diciendo que para producir un litro de gasolina se requieren dos litros de petróleo que valen menos que el litro de gasolina. La falla es olvidar los otros costos de la producción de gasolina. No, el petróleo no es el único costo que tiene una refinería. Esto es de escuela primaria.

La cosa se pone más interesante a partir de ahora.

El candidato a la presidencia propone construir varias refinerías estatales. Los opositores le dicen que no tiene caso porque las refinerías tienen un margen de utilidad muy pequeño; una industria no atractiva.

La respuesta a los opositores es llamativa. Se les responde que es cierto que las refinerías tienen muy bajos márgenes de utilidad pero que eso no importa porque las refinerías tendrán efectos positivos. Ellas darán valor agregado al petróleo, crearán empleo, ahorrarán gastos de transporte y harán al país autosuficiente en un sector estratégico.

Como consecuencia: no importa que las refinerías tengan bajos márgenes de utilidad; la productividad del capital invertido no importa ante otros beneficios, como la creación de empleos y el valor agregado al petróleo nacional.

¿Tiene sentido decir eso? Realmente no. Eso significaría que el capital nacional dedicado a construir esas refinerías estaría siendo desperdiciado en una industria de baja rentabilidad. Ese mismo capital podría usarse en otra industria de mayor provecho dejando que otros sigan en la industria mala para uno irse a las buenas.

Después de todo, la industria más rentable va a también crear empleos, más sólidos que la de menor rentabilidad; va a tener más potencial de crecimiento y producirá también beneficio general de largo plazo, no un beneficio sectorial de plazo corto.

La conclusión es la obvia y lógica: no tiene ningún sentido económico construir refinerías estatales, ni privadas, para refinar el petróleo mexicano; ese mismo capital puede usarse para invertir en otros sectores de mayor rentabilidad y, por eso, de mayor beneficio general.

Hay, sin embargo, otra faceta adicional. La propuesta de construir refinerías en el país condiciona su propiedad. Ellas serán propiedad estatal, pertenecerán al gobierno quien decidirá dónde construirlas y el resto de las decisiones de inversión y administración. Esto tiene consecuencias.

La refinerías serán financiadas con fondos provenientes de impuestos o de deuda pública, jamás con fondos privados. Tendrán, por tanto, los mismos vicios presentes en Pemex: ineficiencia, uso político, desatención a la rentabilidad y corrupción.

No es un buen panorama para el país que una industria estratégica sea administrada sin criterios de rentabilidad y bajo consideraciones políticas, no económicas. Este es el riesgo que por naturaleza expone al país entero a consecuencias dañinas, como el manejo político de los precios de la gasolina, en un monopolio, para el financiamiento gubernamental.

En fin, un caso más de la causa de mucho del subdesarrollo: manejar a la economía de un país con criterios políticos por parte de personas que nunca han administrado una empresa ni han ganado su dinero diario en negocios propios ni ajenos.

Es el problema de un uso malo de capital y recursos escasos, un concepto que le es ajeno al gobernante. Usted no va a tener una economía floreciente usando recursos en industrias de baja rentabilidad. Con decisiones como esta México no podrá renacer, ni salir del estancamiento en el que está. Necesita ideas nuevas, no las mismas de hace décadas.

Post Scriptum

El contenido al que me refiero está en la obra de López Obrador, A. M., 2018 La salida: decadencia y renacimiento de México.

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