El argumento de la descalificación de grupo o falacia de la fobia. Una manera errónea de razonar por la que se rechaza la posición del opositor arguyendo que pertenece a una comunidad que por definición se equivoca.

El argumento de la descalificación de grupo

Es una argumentación fallida. Carece de lógica, pero suele tener su popularidad.

Una falacia informal que se basa en construir frenos a los posibles participantes en una discusión cualquiera, desacreditándolos por pertenecer o no a un cierto grupo.

Consiste en afirmar que quien tiene o no una cierta característica de pertenencia a un grupo determinado tiene o no posibilidad de participación en la discusión de un tema que afecta a ese grupo. Por ejemplo:

  • los hombres no pueden hablar del aborto porque no se embarazan;
  • los heterosexuales no pueden hablar de homosexualidad porque no lo son.

Más o menos es como decir que no puede alguien hablar de Adam Smith porque se es ese personaje

Una narrativa de la argumentación de la descalificación de grupo

La falacia está bien ilustrada en el caso del aborto, con un razonamiento que establece lo siguiente:

Ya que los hombres no pueden embarazarse, todos ellos deben quedarse callados y dejar que opinen solamente las mujeres que son las que sí pueden estarlo. De igual manera, por la misma razón, ningún hombre puede tener una opinión sólida cuando opina acerca del aborto.

Si eso tuviera solidez, las profesiones médicas serían modificadas y solamente podrían ser ginecólogos las mujeres. E incluso, siendo estrictos, las mujeres que aún no llegan a la menopausia no podrían tratar el tema.

Una situación sin mucho sentido. O, como se apuntó en otra parte, la siguiente curiosidad:

«[…] en el caso Roe contra Wade (la decisión que aprobó la ley del aborto) fue tomada a por nueve hombres en el Tribunal Supremo».

Uso y utilidad

La falacia de la descalificación de grupo tiene su utilidad, pues presupone en su fondo que sí puede opinar al respecto la persona obstaculizada siempre que manifiesta su acuerdo con la posición defendida.

Por ejemplo, será desatendida la opinión contraria al aborto si viene de un hombre, pero si otro hombre dice estar de acuerdo, su opinión será considerada como válida. Una gran flexibilidad.

El sinsentido podría hacer llegar a afirmar que un vegetariano no pueda criticar a quienes comen carne porque él no la come. O que los fans de algún equipo de futbol no puedan hablar de ese deporte porque no lo juegan.

Una aclaración debe hacerse. La falacia no se refiere a la posición razonable de exigir conocimientos para poder opinar atinadamente. No afirma que es mejor que se mantengan prudentemente callados quienes no saben de economía cuando se quejan del déficit comercial o aplauden al superávit.

Lo que afirma es que una cierta condición personal, ajena al tema en cuestión, debe prohibir que ciertas personas opinen; o que si opinan, sus opiniones deben ser vistas como indebidas (muy especialmente cuando están en contra de quienes usan esta falacia).

El esquema de la argumentación de descalificación de grupo

Ella trabaja bajo este esquema:

  • La persona A que pertenece al grupo W afirma j
  • La persona B que pertenece al grupo Z niega j
  • A rechaza la afirmación de B porque B pertenece al grupo Z y no a W.
  • A argumenta que solo las personas del grupo W, el de ella, pueden entender su afirmación.

Existen otros temas en los que suele usarse esta falacia de la limitación de opiniones, por ejemplo, cuando se descalifican las opiniones de alguien que critica a los programas del estado de bienestar, argumentando que nunca ha vivido en la pobreza. Esto haría que solo quienes así viven pudieran hablar con validez del tema.

Sin embargo, la opinión de quien favorezca esos planes de bienestar será bien recibida cuando esté de acuerdo con ellos, aunque sea millonario desde niño.

Eso sucedería en el siguiente esquema:

  • La persona A que pertenece al grupo W afirma j
  • La persona B que pertenece al grupo Z también afirma j
  • A aprueba la afirmación de B aunque B pertenece al grupo Z y no a W.

Falacia de la fobia

Es una forma de razonar similar a la argumentación de la descalificación de grupo. De defender la posición propia ante opiniones opuestas.

Crea una muralla de protección que preserva las opiniones propias, sean las que sean y sin necesidad de defenderlas racionalmente. Funciona de la manera siguiente.

Creación de una ‘fobia’

1. Se crea una palabra o expresión con carga emocional relacionada con la discriminación. Por ejemplo, acuñe usted el término ‘homofobia’, o cualquier otro, como ‘feminofobia’, ‘abortofobia’, o el que se le ocurra.

2. Se da un tono recriminatorio a la expresión que ha creado. Se asocia con discriminación racial, misoginia, odio y rencor. Se liga con el apartheid y la esclavitud, con emociones y sentimientos; con víctimas y villanos.

3. Se afirma que ese término creado se manifiesta de maneras ocultas, de formas leves, en sucesos pequeños y en palabras espontáneas. Y que todo eso es un padecimiento social que debe ser erradicado, incluso por medio de la fuerza estatal.

Después de eso no habrá quien le gane una discusión. No porque una persona tenga mejores argumentos, sino porque quien sea que no piense como ella es alguien que discrimina, odia y excluye. Y nadie quiere a alguien así.

Un ejemplo de la realidad

Suponga que usted dice alguna cosa como cualquiera de las siguientes:

«Tengo un amigo gay, sin embargo es un buen tipo».
«No tengo dificultades con los homosexuales que se casan, pero que no adopten hijos».
«Tengo amigos homosexuales y no tengo problema con que lo sean, pero estoy en contra de su matrimonio».

Según Francisco Anguiano, un psicoanalista, expresiones como las anteriores «dan cuenta de cuán arraigada en la cultura está la homofobia, definida como una concepción negativa de la homosexualidad». ¡Y así, cualquuera ha ganado la discusión sin necesidad de defender su idea con argumentos!

Otros casos

— Si dice usted «Tengo un amigo que es golfista, pero es un buen tipo», su amigo puede acusarlo de ‘golfobia’ y discriminación, odio y rencor.

— Si usted dice «Conozco a muchos conservadores y no tengo problema con que lo sean», ellos lo acusarán a usted de ‘conservadofobia’ sin tener que justificar sus opiniones.

— Si usted dice «Tengo muchos amigos ateos pero me llevo bien con ellos», le podrán acusar de ‘ateofobia’ ganando así cualquier discusión que usted puede tener con ellos por sus opiniones.

La falacia de la fobia como la de la descalificación de grupo significan la desaparición de la posibilidad de discutir entre opiniones distintas desaparece cuando una de las partes crea para la otra la percepción de que su opinión «representa […] burlas, acoso, rechazo, discriminación, agresión física, hasta la búsqueda de exterminio de personas […]», como lo expresó el psicoanalista mencionado antes.

Caricatura del opositor

La falacia de la fobia es una variante de la falacia del hombre de paja, en la que se caricaturiza al opositor colocándolo en una posición extrema que es fácil de atacar sin argumentaciones.

Puede ser ella definida como una acusación inmediata de odio extremo a algo o a alguien que lleva a una anulación inmediata de cualquier posibilidad de razonamiento.

Si alguien quiere examinar la validez de un reclamo de derechos indígenas, se le puede acusar con la nueva palabra ‘etnofobia’ y la discusión ha sido ganada sin necesidad de pensar.

La falacia de la fobia, que está sustentada en hacer que el opositor sea percibido como una persona violenta que odia a algunos, es un elemento frecuente en nuestros tiempos.

Esta en muchas partes y pertenece al fenómeno general de la corrección política, la que hace que ciertos modos de pensar estén prohibidos. Quienes los traten deben ser considerados infectados.

Y esta falacia, además, cabe perfectamente en tiempos de la posverdad, cuando la realidad y la razón nada importan ante los sentimientos y las emociones.

Si alguien estudiar a la Teoría de la Relatividad antes de aceptarla o rechazarla, ¿será acusado de Einsteinfobia?

Quien argumenta en contra de Freud ¿será calificado de freudofóbico?

Resumen

Se han examinado dos formas erróneas de argumentar.

La falacia de la fobia crea una nueva palabra usando este término, la aplica a su opositor y lo acusa de odio. Con eso ha ganado la discusión ante los demás.

La argumentación de la descalificación de grupo niega cualquier posición opuesta a la suya sobre la base de si el opositor pertenece o no a un cierto grupo.


Y solo unas cosas más…

Debe verse:

La falacia del insulto: ad-hominem
Falacia ad verecundiam de la celebridad o el experto

Otras ideas relacionadas

[Actualización última: 2020-11]

Notas rápidas sobre otras falacias posibles

Además de la falacia de la fobia y de la argumentación de la descalificación de grupo, el lector puede ejercitarse con estas otras posibilidades.

Falacia del sesgo

La falacia del sesgo consiste en el considerar sólo las ventajas de las promesas que hace un candidato político, por ejemplo, y las desventajas de las propuestas que hacen sus opositores.

La falacia consiste en considerar sólo un lado de la opinión o conclusión que se defiende, la que conviene  a la persona, e ignorar los otros lados, los que no convienen.

Un muy clásico caso es el de la promesa electoral que propone tener un mayor gasto social, lo que hace ver bien al candidato; pero sin mencionar que se elevarán los impuestos, que es lo que le hará ver mal.

La responsabilidad última del reconocimiento de esta falacia en especial recae en la persona a quien se desea convence. El caso más simple es el de la publicidad que, por ejemplo, intenta persuadir que la cerveza X es la que mejor sabor tiene: todos saben que la publicidad se basa en considerar un sólo lado de un producto.

También es fácil reconocer la falacia y lo positivo que ella resulta en un debate político en una cámara de legisladores. Pero es mucho más dificultoso detectarla en una discusión de otro tipo, en las columnas de periódicos, en los noticieros de televisión y radio.

Otra falacia de la fobia, la del «nazi»

Se llama Ley de Godwin, en honor a su inventor, Mike Godwwin. Fue propuesta en 1990 y establece que conforme se alargan las discusiones la probabilidad de que surja una comparación con los nazis o Hitler se acerca a uno.

La ley no establece quién tiene la razón entre las partes que discuten, simplemente constata una probabilidad alta de un evento específico. La ley, que tiene su buena dosis de humor, es como una medida alterna del calor que las discusiones generan en las partes que intervienen y que tiende a subir en proporción al tiempo que dura la discusión, hasta llegar un punto en el que una de las partes explota.

Explotar quiere decir, en este caso, comparar al opositor con Hitler, los nazis, o bien llamarle «fascista» o cosas por el estilo.

El fondo real de esta ley es una falacia muy conocida que se llama ad hominem. Consiste en ignorar las argumentaciones en favor de una opinión cualquiera, y atacar a quien la sostiene con acusaciones personales que nada tienen que ver con la opinión expresada.