Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Descalificación de Grupo
Eduardo García Gaspar
12 septiembre 2017
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una argumentación fallida. Carece de lógica, pero suele tener su popularidad.

Una especie de falacia que se basa en construir frenos a los posibles participantes en una discusión cualquiera, desacreditándolos por no pertenecer a un cierto grupo.

Consiste en afirmar que quien no tiene cierta característica de pertenencia a un grupo determinado no tiene posibilidad de participación en la discusión de un tema que afecta a ese grupo. Por ejemplo: (1) los hombres no pueden hablar del aborto porque no se embarazan; (2) los heterosexuales no pueden hablar de homosexualidad porque no lo son.

Más o menos es como decir que usted no puede hablar de Adam Smith porque no es usted ese personaje, o que no puede hablar de comida porque no es chef.

No es un reclamo que se fundamente en desconocimiento del tema, pues sería válido ver con recelo al que opina sobre la Inquisición sin haber leído un libro siquiera sobre el tema.

La falacia está bien ilustrada en el caso del aborto, con un razonamiento que establece lo siguiente:

Ya que los hombres no pueden embarazarse, todos ellos deben quedarse callados y dejar que opinen solamente las mujeres que son las que sí pueden estarlo. De igual manera, por la misma razón, ningún hombre puede tener una opinión sólida cuando opina acerca del aborto.

Si eso tuviera solidez, las profesiones médicas serían modificadas y solamente podrían ser ginecólogos las mujeres. E incluso, siendo estrictos, las mujeres que aún no llegan a la menopausia. Una situación sin mucho sentido.

O, como se apuntó en otra parte, la siguiente curiosidad:

«[…] en el caso Roe contra Wade (la decisión que aprobó la ley del aborto) fue tomada a por nueve hombres en el Tribunal Supremo».

La falacia tiene su utilidad, pues presupone en su fondo que sí puede opinar al respecto la persona obstaculizada siempre que manifiesta su acuerdo con la posición defendida. Por ejemplo, será desatendida la opinión contraria al aborto si viene de un hombre, pero si otro hombre dice estar de acuerdo, su opinión será considerada como válida.

El sinsentido podría hacer llegar a afirmar que un vegetariano no pueda criticar a quienes comen carne porque él no la come. O que los fans de algún equipo de futbol no puedan hablar de ese deporte porque no lo juegan.

Una aclaración debe hacerse. La falacia no se refiere a la posición razonable de exigir conocimientos para poder opinar atinadamente. No afirma que es mejor que se mantengan prudentemente callados quienes no saben de economía cuando se quejan del déficit comercial o aplauden al superávit.

Lo que afirma es que una cierta condición personal, ajena al tema en cuestión, debe prohibir que ciertas personas opinen; o que si opinan, sus opiniones deben ser vistas como indebidas (muy especialmente cuando están en contra de quienes usan esta falacia).

Hace ya muchos años sostuve un diálogo con un lector que usó esta falacia:

«Creo que solamente las personas que dominan una materia son los que de forma “válida” pueden opinar acerca de esta materia, en este caso yo me atrevo a responderle porque soy homosexual y vivo dignamente, conozco, sé de lo que le estoy hablando y no opino de algo que otros viven. ¿O acaso Usted fue homosexual, pudo “curarse” y ahora puede alegremente opinar de esto?»

Existen otros temas en los que suele usarse esta falacia de la limitación de opiniones, por ejemplo, cuando se descalifican las opiniones de alguien que critica a los programas del estado de bienestar, argumentando que nunca ha vivido en la pobreza. Esto haría que solo quienes así viven pudieran hablar con validez del tema.

Sin embargo, la opinión de quien favorezca esos planes de bienestar será bien recibida cuando esté de acuerdo con ellos, aunque sea millonario desde niño. Lo mismo sucede con otros casos de cierta sensibilidad, como el no poder hablar de etnias si no se es parte de ellas.

En fin, todo lo que he querido hacer es llamar la atención acerca de una forma equivocada de razonar, una falacia informal, que quizá podría llamarse de la descalificación de grupo o algo así.

Consiste en desacreditar las opiniones opuestas a cierta posición usando una característica personal de no pertenencia a un cierto grupo. Un error en extremo común en nuestros tiempos.

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