Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dogma y verdad
Eduardo García Gaspar
26 septiembre 2017
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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La definición de dogma es intuida con facilidad: una «proposición tenida por cierta y como principio innegable»; según la RAE.

Un dogma es bien comprendido si se entiende como una idea que se postula como innegable. Es algo que no admite refutación, ni réplicas. Cuando se afirma que 6X6=36, por ejemplo, de cierta manera se establece un dogma, algo que es verdadero y no hay posibilidad de negar.

Sin embargo, los dogmas están más asociados con las religiones que con las ciencias. Los dogmas religiosos son verdades que la religión toma como ciertas e imposibles de impugnar; como en el Cristianismo, la divinidad de Jesucristo.

Esos dogmas religiosos constituyen creencias obligatorias para los creyentes. Quienes las niegan o ponen en duda, son considerados no creyentes. Están fuera de la religión que se trate. No es complicado.

Pero la idea no se aplica solo a religiones, también se usa con frecuencia fuera de ellas cuando alguna filosofía, doctrina, o ideología propone también postulados a los que considera irrefutables. El Marxismo, por ejemplo, recibe con frecuencia acusaciones de dogmatismo por tener algunas creencias a las que considera imposibles de negar y sobre las que se niega a discutir.

Las cosas se complican cuando la idea de dogma se usa con descuido. Por ejemplo, no es poco común escuchar que la educación en las escuelas públicas debe estar libre de dogmas. Esto tiene mucho atractivo, pero en su fondo es también un dogma el decir que debe estarse libre de dogmas.

Quizá el problema en el uso de la palabra ‘dogma’ sea el de su asociación con la verdad.

Una verdad es impersonal y externa a la persona, la que solo puede reconocerla si no quiere estar en el error. Es eso de 6X6=36. La verdad está libre de las influencias del tiempo y del espacio; esa multiplicación es cierta en todas partes y en todo tiempo. No hay sentimientos, ni emociones a su alrededor.

En los terrenos en los que las demostraciones de la verdad son menos sujetas a pruebas visibles existe la verdad, aunque ella sea más difícil de encontrar y demostrar. Para muchos puede ser casi imposible aceptar como verdad algo que está en contra de sus ideas, incluso a pesar de demostraciones razonables.

Este choque entre la verdad razonablemente probada y las ideas propias tenidas por verdad y ahora juzgadas falsas por esa razonable demostración, muestra la naturaleza de la verdad. Ella es independiente de la voluntad individual, una realidad impersonal imposible de alterar.

Si ella es opuesta a las ideas propias, no será sorpresa que la persona tenga una reacción de rechazo inicial al menos y que le produzca una situación de contrariedad que puede llevar hasta la negación de la verdad. Surge entonces el uso de adjetivos como ‘dogmatismo’ que resultan útiles porque acusan al otro de tener la mente cerrada y ser intolerante.

Creo que esto es lo que bien vale una segunda opinión, la asociación de dogma con verdad. Esto, en tiempos de relativismo y posverdad, resulta inadmisible y, por ende, con frecuencia se lanza la acusación de ser «dogmático»: inflexible, intolerante y fanático.

Una acusación curiosa, porque el rechazar la existencia de la verdad ajena a la voluntad propia es, en su fondo, otra verdad, otro dogma y uno que se niega a sí mismo. Resulta al final de cuentas que quien acusa a otro de dogmático por hacer ver una verdad, acaba siendo realmente el que merece el calificativo de dogmático.

Queda por ver una posibilidad, la del error. Suponga usted que quien cree que 6X6=36 es una verdad incuestionable, comete un error. Es el caso de una creencia firme que es tomada como verdad irrefutable, pero que resulta ser falsa, por la razón que sea. La posibilidad es real.

La única solución posible es el uso de la razón: la presentación y examen de argumentos, pruebas, evidencias y razonamientos que demuestren la verdad de algo. Un camino que requiere la humildad suficiente como para aceptar que la verdad es externa e impersonal, una virtud poco común en nuestros tiempos.

Aún así, los desacuerdos no desaparecerán. Seguirán existiendo conflictos de ideas y opiniones distintas, aunque al menos se tendrá una cierta esperanza de solución, la que desaparece en el escenario de la anullación de la verdad, en el que cada persona cree lo que le da la gana y los lanzamientos de insultos sustituyen a las argumentaciones.

¿Existen dogmas? Por supuesto. Existen porque existen verdades. Y nuestra responsabilidad es encontrarlas, incluso aunque lastimen el orgullo que producen las creencias previas propias.

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