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EEUU: Menores Impuestos
Selección de ContraPeso.info
19 junio 2017
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
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Los efectos de una reducción de impuestos son la idea de Manuel Sánchez González en esta columna. El título original de la columna es Menores impuestos en Estados Unidos.

La semana pasada [fin de abril de 2017] la administración del presidente de Estados Unidos dio a conocer las directrices para una reforma fiscal.

Si bien se desconocen muchos detalles y algunos lineamientos podrían ser debatibles, una reforma basada en los principios planteados podría impulsar el crecimiento económico.

El plan fiscal contiene una docena de medidas orientadas a propiciar la expansión de la economía y el empleo. Esta meta es justificable a la luz del dinamismo económico, por abajo del promedio de largo plazo, que durante los años recientes ha registrado ese país.

Las herramientas fundamentales son la reducción de impuestos y la simplificación fiscal.

Las modificaciones más profundas se relacionan con los negocios. En particular, se busca reducir el impuesto a las utilidades de 35 a 15 por ciento, lo que equivale a pasar de la tasa corporativa más alta a una de las más bajas de los países avanzados.

Tal gravamen se aplicaría a todos los negocios, incluyendo las sociedades cuyos ingresos fluyen de manera directa a las personas físicas, las cuales actualmente están sujetas al Impuesto sobre la Renta individual.

Adicionalmente, el sistema pasaría a ser territorial, es decir, sólo se gravarían las actividades realizadas en Estados Unidos y no las del extranjero.

Con ello, se busca reducir el incentivo que hasta ahora han tenido las empresas para domiciliar parte de sus operaciones en jurisdicciones con menores impuestos, lo que les ha implicado mantener las utilidades fuera del país. Complementariamente, se ofrecería un impuesto, de una sola vez, para la repatriación de capitales.

Para las personas físicas, los cambios también son notables.

Específicamente, se reducirían las siete bandas impositivas actuales a tres nuevas, de 35, 25 y 10 por ciento, con lo cual la tasa máxima disminuiría 4.6 puntos porcentuales.

Se identificaron sólo tres posibles deducciones: doble deducción para individuos sin necesidad de desglosar, intereses hipotecarios y donativos filantrópicos.

Además, se proponen créditos fiscales para el cuidado de los niños y las aportaciones a las cuentas de retiro seguirían fuera de la base gravable.

Por simplificación, se eliminarían el impuesto mínimo de control, el de las herencias y la sobrecarga a las ganancias de capital asociada al Obamacare.

Finalmente, tanto para las personas físicas como las morales, se eliminarían las exenciones de impuestos.

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Estas directrices tienen la posibilidad de contribuir a un mayor crecimiento económico, al menos por tres razones.

Primera, la reducción del impuesto corporativo aumenta el premio para la inversión, lo cual puede impulsar la acumulación de capital y la productividad.

Además, la disminución de la tasa marginal promedio del Impuesto sobre la Renta individual puede aumentar el esfuerzo laboral.

Segunda, la simplificación tributaria reduce los recursos dedicados tanto para cumplir con las obligaciones fiscales como para evadirlas, lo que significa un ahorro considerable para la economía, tomando en cuenta que el sistema estadounidense es uno de los más complejos del mundo.

Y tercera, el código fiscal se hace más competitivo, lo que puede propiciar la creación de negocios y empleo.

Los detalles por conocer son muchos, incluyendo los niveles de ingreso que definirían las bandas impositivas individuales y la tasa para la repatriación de capitales.

Asimismo, existen dudas sobre algunos aspectos no mencionados en la propuesta, como la deducción empresarial de los intereses sobre la deuda, la cual ha castigado el financiamiento de capital, el gravamen a los dividendos, y la posibilidad de deducir de forma inmediata las inversiones.

Indudablemente, algunos de los lineamientos pueden ser cuestionables, por lo menos, en términos de eficiencia, como son las deducciones individuales seleccionadas. Su aparente arbitrariedad podría explicarse por su elevada popularidad, lo cual podría aumentar el atractivo del paquete propuesto.

Tal vez los desafíos más importantes en la discusión legislativa sean dos.

Por una parte, la justificación de las medidas en términos de la distribución de los beneficios. Esta tensión es esperable y puede obscurecer el objetivo último de la reforma que es el crecimiento económico y la creación de empleos.

Por otra, si bien el mayor crecimiento puede generar más recaudación, la ausencia de intenciones para reducir el gasto público puede ocasionar un mayor déficit. Bajo las reglas presupuestales actuales, esto podría significar que, en caso de aprobarse, la reducción de impuestos esté vigente sólo diez años.

En suma, los lineamientos propuestos reconocen el papel preponderante de los incentivos en la actividad económica. México deberá estar preparado para no quedarse atrás respecto a una posible reforma trascendental de su principal socio comercial.

Nota del Editor

Esta columna fue publicada anteriormente en El Financiero. Agradecemos al autor, Manuel Sánchez González, y a El Financiero el amable permiso de reproducción. Manuel fue subgobernador del Banco de México durante 2009-2016 y es autor de Economía Para Desencantados.

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