Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Problema de la Sospecha
Eduardo García Gaspar
19 enero 2017
Sección: EDUCACION, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Tiene que ver con el cinismo. Eso que está asociado con el descaro y la falta de vergüenza.

La desfachatez y la hipocresía del que miente, del que es doble.

Pero también tiene que ver con la incredulidad. Esto que se liga a la desconfianza, al recelo y la sospecha. Lo que crea dudas, lo que produce escepticismo.

Combinemos esos dos elementos entendiendo que el primero es causa del segundo: el cinismo produce recelo; la hipocresía, desconfianza; la falta de vergüenza, incredulidad. Cuando usted enfrenta en repetidas ocasiones a una persona cínica, será natural que en usted produzca desconfianza.

Y si acaso ese cinismo es un fenómeno amplio y difundido, será natural que resulte eso en dudas amplias, en escepticismo extenso. A fuerza de estar expuesto, en el terreno político, a gobernantes cínicos e hipócritas, no será extraño que se perciba a la política con recelo y dudas.

Me acerco con lo anterior a lo que creo bien vale una segunda opinión.

Si en una comunidad nos enfrentamos a sucesos cuyo común denominador es el cinismo y la desfachatez eso hará que la desconfianza y el recelo crezcan proporcionalmente. A más hipocresía, mayor escepticismo. Hasta el punto en el que esa comunidad sea guiada centralmente por la incredulidad, por la sospecha.

Si en una sociedad se ven escándalos continuos de fraudes y engaños, de mentiras y falsedades, de corrupción y descaro, eso alterará la mente de las personas. Si por donde sea se descubren escándalos, trampas, tretas y falsedad, especialmente entre aquellos de quienes se espera lo opuesto, la gente comienza a creer en nada, a sospechar de todo.

Eso tiene un efecto muy desafortunado, la pérdida de los ideales, el abandono de bueno. Las aspiraciones dejan de tener sentido. Ya nada ejemplar hay que sirva de guía. Pierden significado los conceptos de ‘justicia’, de ‘bueno’, de ‘deber’. Las virtudes se entienden como hipocresía merecedora de burla.

Eso da una entrada perfecta a la sospecha generalizada: todo lo bueno, todo lo ideal, todo lo ejemplar y edificante se entiende ya como un disfraz de algo terrible. SI algún bien intencionado se atreve a hablar de justicia, se le acusará de ser un instrumento de opresión.

Si alguien señala que algún sacerdote hace una buena obra, se le echará en cara las luchas internas de El Vaticano. Cuando otro hable de la necesidad de controlar los instintos animales, se le dirá que eso es un modo de control moralista. Si acaso se insiste en la existencia de la verdad, se le dirá que ella no existe.

Si alguien quiere usar la razón, se le dirá que solo existen emociones. Si alguien defiende alguna idea, siquiera pequeña, de que existe el bien, se le responderá que cada quien tiene su propio bien. Defender la libertad en este contexto significará recibir respuestas de que la libertad no existe.

Ese es el problema de la sospecha generalizada. El de un escepticismo extendido que en nada cree y donde ninguna noción de lo ideal puede caber.

Pero, ¿de qué se sospecha? De intentos de opresión, de dominio, de poder. Tanto así que se propone reestudiar todo a partir de la sospecha de un intento de opresión, incluso la Biblia. Nada se escapa de ser sospechoso, ni el arte, ni la literatura, nada.

En todo, existe algo oculto y encubierto, se nos dice, y quien no lo crea es que es un ingenuo (o quizá un conspirador camuflado), incluso entre quienes defienden ideales de la manera mejor intencionada.

«Según la hermenéutica de la sospecha, la idea de interpretación no es el significado manifiesto de lo que se afirma en un texto. El verdadero significado esta [sic] al desenmascarar lo que se oculta en el contenido» Esperanzaliteratura. blogspot

Y con esa mentalidad cualquier explicación es posible. Será simple descubrir secretos de opresión en La Democracia en América, o en una pintura. A veces aparecerán como una exageración curiosa, pero otras veces como una rigurosamente académica.

Esto, en su conjunto general y amplio, produce una actitud difundida en las personas. Una actitud de incredulidad extendida que convierte a ellas en escépticas de todo lo que sea un llamado a lo ideal, a lo bueno, a lo debido y ejemplar. Nada de eso es lo que parece, pues en todo eso hay algo disfrazado. Y eso disfrazado es un intento de dominio.

Ese es el problema de la sospecha convertida en un principio general de interpretación de la vida: sospechar, recelar, desconfiar de todo, excepto de una cosa. Y esa cosa que no puede ponerse en duda es que todo es un intento secreto para dominar y oprimir.

¿Quién quiere dominar y oprimir? Los sospechosos usuales: burguesía, imperialismo, neoliberalismo, desigualdad, el 1%, oligarquía, la religión y el resto de los acostumbrados.

Post Scriptum

Escribo esto con una motivación personal, la de unos amigos muy queridos que sin darse cuenta, se han convertido en máquinas automáticas de generación de sospecha de todo y quienes así se han hecho casi inmunes a la existencia de la verdad y de la posibilidad de lo ideal, de las buenas aspiraciones, del bien y de la verdad.

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