Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El shock de la libertad
Leonardo Girondella Mora
29 noviembre 2017
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La idea de que la libertad consiste en hacer lo que la persona quiera sin limitaciones ni obstáculos es una noción creciente en popularidad masiva —sin que ello signifique que sea nueva, sino simplemente dispersada masivamente.

F. Hayek (1899-1992) traza en uno de sus libros parte de los orígenes recientes de esa comprensión de la libertad a pensadores como Voltaire, J. Bentham y B. Russell —para quienes la libertad es hacer lo que se desee, las leyes son un mal, o la libertad es ausencia total de obstáculos.

El punto que quiero tratar es si esa libertad es posible —una libertad que al final será solamente manifiesta en la acción de una persona haciendo lo que quiera y sin limitaciones.

La interrogante es inevitable: valorando a la libertad y definiéndola como conducta sin limitaciones, ¿será factible conservarla? Es obvio que la libertad se aprecia y estima, de lo que es obvio concluir que quiere ser protegida y mantenida.

¿Podrá serlo en un sistema en el que ella es entendida como el actuar personal sin limitaciones?

La respuesta es un no absoluto —cuando todos hacen lo que les viene en gana, la libertad se pierde y surge un régimen de fuerza, siendo libres solamente los más fuertes y violentos.

Si el propósito es conservar a la libertad para todos, no hay ninguna otra opción que limitar esa libertad dejándola de comprender como actuar sin limitaciones —limitarla con normas que persigan respetar la libertad individual de cada persona.

Como consecuencia irrefutable, por tanto, la libertad tiene una limitación central: respetar la libertad propia y ajena —lo que se alcanza admitiendo normas generales que tienen ese objetivo de conservar la esfera de libertad personal de cada uno.

Esto es proteger a la persona «contra la coerción, o invasión de su propia esfera por parte de otros», como lo expresa Hayek —admitiendo lo inevitable: la libertad tiene límites y es totalmente desacertado pensar que ella consiste en no tener límites.

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Si la libertad quiere ser conservada, entonces ella debe ser limitada por normas generales o abstractas que deben ser respetadas por las personas —calificando a quienes las violan como actuando indebidamente, lo que trae a colación otra consideración fundamental.

¿Cómo hacer respetar las normas que persiguen proteger la libertad de todos?

La respuesta tiene dos avenidas principales —la de los gobiernos y la del código moral.

Las violaciones de las normas que busquen proteger a la libertad y que tengan carácter de graves faltas son asunto gubernamental pues necesitan a la fuerza estatal para aprehender y castigar al culpable —cosas como robos, daños a la persona o a sus propiedades, asesinatos, invasión de propiedad y otras de gran calibre.

El resto están contenidas en el código moral de la sociedad y producen conductas personales guiadas por la conciencia personal, sin que tenga que mediar la ley —y que internalizan conductas respetuosas de los demás en actos no severos, como el devolver una billetera perdida.

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Lo que he querido hacer es apuntar, por encima de todo, el resultado de una mala definición de la libertad como ausencia total de obstáculos —leyes y normas— para hacer lo que la persona quiera y desee.

Si la libertad es valorada, ella querrá ser conservada, lo que será imposible sin normas generales que impongan el respeto a la libertad de otros —una noción que es contraria a quienes piensan que las limitaciones a la libertad absoluta son causa de frustración, alienación, infelicidad y trauma personal y social.

Esa mentalidad afirma que las normas que limitan a la libertad no pueden ser explicadas de manera racional ni lógica —y no pudiendo serlo, causan todos esos padecimientos: la persona no entiende por qué debe limitarse su libertad, por ejemplo, prohibiendo el aborto, reprobando la infidelidad matrimonial, o aprobando exámenes para entrar a una universidad.

Creo que el shock que produce esos padecimientos es producido por el olvido de las limitaciones lógicas de la libertad —especialmente el que ella contiene un elemento específico que es la responsabilidad.

Cuando la libertad es disociada de la obligación o responsabilidad, sin duda, producirá una sacudida severa en la mente de quien creía que todo lo podía hacer —que a todo tiene derecho. Un sobresalto de consideración que produce esos síntomas de frustración, alienación, infelicidad y trauma personal y social.

Cualquiera que se ponga en los zapatos de quien sinceramente piensa que tiene el derecho y la libertad de hacer lo que sea que quiera, sufrirá un severo shock al confrontar la indeseable realidad de que la libertad tiene limitaciones y que ellas comienzan con las responsabilidades y obligaciones que surgen del respeto a la libertad de otros.

Algunos no ven eso y reclaman explicaciones racionalistas a la existencia de normas morales y leyes —seguramente no han usado su razón lo suficiente como para entender que la conservación de la libertad exige normas y leyes para respetar a la libertad ajena, aceptando obligaciones y responsabilidades.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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