Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Voto Más Educado
Eduardo García Gaspar
16 enero 2017
Sección: EDUCACION, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Así fue su inicio. Un comienzo en el que unos pocos podían votar. Los considerados preparados.

Eran propietarios, con cierta educación, hombres, y entre ellos arreglaban las cosas públicas del gobierno.

No estaba tan mal como puede sonar a oídos actuales. Era un modo de evitar los abusos que produce la concentración del poder. Producía algo bueno, un cambio pacífico de gobierno. Una maravilla.

La capacidad de votar, limitada a unos pocos considerados preparados, terminó por ampliarse hasta su extremo: todos votan o pueden hacerlo a partir de una cierta edad que se piensa es la que señala la madurez suficiente como para hacerlo.

Total, en estos tiempos, la regla en las elecciones es simple: un voto por persona mayor de edad, todos con igual valor. No es un arreglo perfecto pero su simpleza lo hace entendible (y evita entrar en problemas de desigualdad ciudadana si se diera diferente peso al voto de un graduado que de quien casi no fue a la escuela).

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es ver más de cerca un comentario democrático: no es racional que valga lo mismo el voto de la gente educada que el voto de los ignorantes.

Se argumenta que los más educados son quienes emiten votos de más calidad, es decir, mejor pensados; y, del otro lado, se dice que los votos de los menos educados están mal razonados. En fin, la conclusión es natural. Se dice que los más educados seleccionarán a un mejor gobernante que los no educados.

Esto presenta una oportunidad irresistible examinando los resultados de la elección pasada en los EEUU

Por Trump votaron proporcionalmente más las personas de 40 años o más, y por Clinton las menores de esa edad. Quizá pueda concluirse que si con la edad se tiene más experiencia, entonces Trump tendría que verse como el mejor entre los dos.

Considerando a la raza, Clinton ganó por mucho entre todos los grupos, con excepción de los blancos. Una persona me aseguró que esto podía verse como una prueba de que la gente con más educación, que son los blancos en promedio, confirman a Trump como el mejor candidato.

Clinton ganó entre los dos segmentos de menores ingresos con un margen claro. En el resto de los segmentos de mayor ingreso, ganó Trump con una diferencia mínima. Si los ingresos son indicativos de mayor educación, entonces esto significa que ambos candidatos son igualmente buenos (o malos).

Clinton ganó marcadamente en las grandes ciudades y Trump en las zonas rurales y de ciudades pequeñas. Esto indicaría que Clinton es el mejor candidato si es que en las grandes ciudades hay mayor concentración de gente educada.

Vamos ahora a la educación formal en sí misma. Entre gente con posgrados, Clinton ganó muy ampliamente. Entre los graduados la diferencia es de 4 puntos a favor de Clinton, en el siguiente más bajo es de 9 puntos a favor de Trump y en el más bajo de todos, Trump gana por 6 puntos.

No hay un ganador desproporcionado en cuanto a educación por segmento, excepto en la élite del posgrado (21 puntos).

La dificultad de definir «más educación» en sí misma y la complejidad de asociar a la capacidad de elegir al mejor candidato, me parece, hace que sea extremadamente aventurado el despreciar al voto de los menos educados y ensalzar al voto de los educados.

Por mucho que sea intuitivo a primera vista, no creo que pueda asegurarse que el voto de los más educados producirá candidatos elegidos de mejor calidad que los que produzcan los votos de los menos educados.

Lo anterior corrobora mi experiencia personal. He conocido a personas de muy alta educación, he leído a célebres intelectuales, he escuchado a conferencistas conocedores. Nada encontré en ellos que me asegurara un talento superior lo suficientemente sólido como para dejarme convencer que ellos seleccionarían solos a los mejores gobernantes.

Recuerda esto a la idea de Cipolla, el economista italiano, y sus leyes acerca de la estupidez: ser tonto es independiente de todo rasgo personal (lo que incluye a la educación) y hay más estúpidos de los que imaginamos.

Si efectivamente la estupidez no varía dependiendo de ninguna otra variable y es una constante natural en los humanos, no importa quién vote, si los más educados, los menos educados, o ambos. Solamente el azar hará que sea elegido el mejor candidato (o el menos malo).

¿Produce el voto de los más educados la elección de los mejores gobernantes? No, no lo creo.

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