Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Empleo: Función Pública
Leonardo Girondella Mora
15 agosto 2017
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Por alguna razón, gobernantes y gobiernos han creado para sí mismos una función adicional de Estado —la responsabilidad de crear empleos.

«”En 2019 acabaremos con una cifra de ocupados superior a los 20 millones, lo cual supone un incremento en la ocupación de medio millón al año. Es perfectamente posible”. Así se ha comprometido esta mañana el ministro de Economía, Luis de Guindo […]» elmundo.es 

«El candidato del Partido del Trabajo (PT) al gobierno de Durango, Alejandro González Yáñez, señaló que, en caso de ganar las elecciones el 5 de junio, se concentrará en crear fuentes de trabajo, pero sobre todo mejorar el salario que hoy se paga en el estado». notimex.gob.mx

«AMLO promete 7 millones de empleos» aristeguinoticias.com

Es una buena posibilidad que esa creencia de los gobernantes —traducida en promesa electoral estándar— tenga su origen en el legado mental del keynesianismo: manipulando unas variables económicas se logrará una economía creciente y pleno empleo.

El punto central es el de si en realidad los gobiernos pueden crear empleos o no —y la respuesta es que sí, los pueden crear como también los pueden destruir, pero no de la manera en la que piensa el gobernante.

Los empleos los crea directamente la acción empresarial en millones de actos de inversión y uso de capital —lo que hace que la creación de empleos no pueda ser una función centralizada en organismo alguno: su naturaleza está desperdigada en todas partes y lugares en los que se toman decisiones de inversión y apertura de empresas.

Sin embargo, los gobiernos sí tienen una influencia en la creación de empleos —un poder indirecto: la creación de un medio ambiente que sea el más apropiado posible para la inversión empresarial.

Es una influencia indirecta, pero importante, la que tiene un gobierno en la creación de empleos —a los que no crea directamente— sino que facilita a otros su creación.

Lo que significa en última instancia que es incorrecto que un gobernante prometa que su gobierno creará empleos, porque no lo hace realmente —pero sí podrá afirmar que facilitará la creación de empleos a otros, lo que tal vez resulte demasiado humilde para el ego del gobernante.

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El que gobiernos y gobernantes se hayan asignado a sí mismos la creación de empleos como una responsabilidad estatal quizá muestre un temor retórico de peso considerable.

Es parte usual y acostumbrada de la retórica política el asignar un papel de villanos malvados a los capitalistas y dueños de empresas —a quienes se acostumbra acusar de cuanto mal sufre la sociedad.

Dentro de ese medio ambiente mental, podría resultar suicida que cualquier candidato prometa facilitar la inversión, reducir impuestos, retirar regulaciones excesivas y, en general, facilitarle la vida a empresarios —lo que es una especie de tabú generalizado.

Sea lo que sea y a pesar de cualquier retórica, el gobierno no puede crear empleos directamente —a menos que sean posiciones burocráticas— y su única herramienta es la de facilitar la inversión de particulares.

Puede lo anterior ser visto de otra manera: los empleos no son creados y ese objetivo por sí mismo no tiene sentido, sino que los empleos son una consecuencia positiva de millones de decisiones libres de inversión en toda la economía del país.

Una historia muy conocida muestra la diferencia. Si se quiere construir una presa es porque se necesita la presa y no porque se quiere crear empleo —lo que es un efecto colateral positivo. Si el objetivo fuera crear empleo, entonces los trabajadores usarían cucharas soperas para la excavación.

La intención fue razonar para mostrar que (1) los gobiernos no crean empleos y ese objetivo por sí mismo es irrelevante; y (2) los empleos son creados indirectamente y como un efecto colateral de decisiones de inversión empresarial dispersas en todo el país, lo que las hace imposibles de centralizar.

Addendum

Claramente, también pueden destruirse empleos o evitar crearlos.

El gobierno lo hace cuando obstaculiza decisiones de inversión particular —cuando crea un ambiente que es desfavorable a la inversión, con, por ejemplo, impuestos elevados, regulaciones excesivas, trámites complejos de apertura y otras similares.

Además, una economía es algo dinámico — un proceso de evolución constante — que altera a los empleos: los crea y los destruye dependiendo de los cambios por los que pase, pero en un proceso que no suma cero.

Nota del Editor

Una lectura recomendable sobre el tema es Talento Más Capital

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