Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Envidia y Prosperidad
Leonardo Girondella Mora
16 febrero 2017
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos, SOCIEDAD
Catalogado en:


Dos tipos de sociedades diferentes, cuando son examinadas, producen una idea comparativa con la que es factible examinar su potencial para crear prosperidad —y ayudar a los pobres.

Esos dos tipos de sociedad los propuso Rafael Termes, hace ya tiempo, y los expongo esquemáticamente.

Primer Tipo de Sociedad

Una en la que se valora y facilita la acción personal, las iniciativas individuales, el crear empresas, realizar proyectos propios. Una en la que se estimula a salir del promedio y de la igualdad estándar.

En ella hay actitudes positivas hacia el ganar dinero, el vivir mejor, la superación personal. Donde el tomar riesgos es admirado y se alaba a la creación de riqueza y la inventiva personal.

Segundo Tipo de Sociedad

Una en la que se desprecia la acción personal y se desdeña la superación individual; donde se aplaude el no destacar del promedio y se aplaude la igualdad.

Una en la que se rechazan los frutos de esfuerzo y se envidia al exitoso; donde se rechaza la aceptación de riesgos y la riqueza produce resentimiento.

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Los resultados prácticos de cada una de esas dos sociedades son distintos —la primera es una en la que el avance y la prosperidad serán alcanzados con mayor facilidad que en la segunda.

Es, en su fondo, un asunto de actitud ante el éxito ajeno —algo muy similar a la idea de R. Sheaffer ya publicada aquí.

R. Termes lo explica:

«[…] la gran diferencia que va entre “dar al hombre la seguridad de que por sí mismo puede ganarse lo que necesita” y la de resolver este problema “dándole lo que necesita”, sin espolear en él el ímpetu que le lleva a abrirse camino en la vida, es decir, sin fomentar la responsabilidad de forjar la propia existencia y sin conferir al individuo la garra suficiente para afrontar la lucha y desarrollar su personalidad».

Una idea similar a la que propuse en Pobreza: Una Definición Causal —resaltando a la pobreza como la «muy baja o nula posibilidad de satisfacer necesidades básicas con medios generados por la misma persona».

El núcleo del separar a esos dos tipos de sociedades es el contraste que permite entre dos posiciones diametralmente opuestas —dos actitudes contrarias entre sí cuando se está frente a la riqueza, propia y ajena.

En la primera sociedad, la riqueza creada es objeto de admiración, se le entiende como producto justo y merecido del esfuerzo personal —donde domina la idea de que las personas son capaces de ganar lo que necesitan.

En la segunda, la riqueza es objeto de sospecha y de desconfianza —seguramente un producto de engaños, fraudes y mentiras. Un producto de la explotación y la injusticia que debe quitarse a quien la ha producido.

El lector podrá concluir sin esfuerzo cuál es aquella sociedad que más florecerá —y eso es precisamente el meollo que interesa en tiempos en los que la igualdad material es equivalente a justicia.

En términos más terrenales, tal vez pueda usarse la idea de estímulos e incentivos —apuntando que donde la riqueza sea objeto de recelo y sinónimo de injusticia, la creación de riqueza será menor y estará guiada por el ocultamiento de actos de apropiación indebida.

Y lo anterior me lleva a proponer una idea que resulta posible.

La naturaleza humana, imperfecta y defectuosa, buscará siempre su beneficio, la mejora de su situación —sea el que sea el tipo de sociedad en la que se encuentre, pero se manifestará de maneras distintas el egoísmo humano.

• En el primer tipo de sociedad, el ansia de mejorar la posición personal será guiada por el trabajo y el esfuerzo, los que reciben premios y recompensas.

Si se quiere elevar la riqueza propia, en esa sociedad, la persona tendrá abierto el camino del trabajo propio y la realización de sus proyectos.

• En el segundo tipo de sociedad, se ha cerrado el camino del trabajo y el esfuerzo individual, sin que desaparezca la intención de mejorar la situación personal.

Para mejorarla, se tienen otros caminos distintos, como la expropiación y la expoliación, el robo y el fraude —todo oculto y de manera que no se entienda como producto del éxito personal, como el caso de la corrupción en política.

Addendum

La cita siguiente ayuda a comprender lo anterior:

«Partidos como Podemos van contra la lógica económica y explotan electoralmente la envidia y el odio a los ricos. Es peligroso que a las nuevas generaciones se les diga esto. ¿Cómo prospera un país si se odia a quienes se enriquecen?» Barbara Kolm, libremercado.com

Las citas y referencia central para esta columna vienen de Rafael Termes «El Poder Creador Del Riesgo» en Jesús Huerta de Soto, Lecturas de Economía Política, Vol. III (Madrid: Unión Editorial, 1987), p.297.

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